Raquel Presumido: "En la tradición oral está toda la sabiduría de los pueblos y contada de manera excelente"

'Lutano' es su primera novela después del volumen de relatos ‘Ratones en el armario’. Insiste en el rico mundo fronterizo astur leonés y en la literatura de ese espacio. Este sábado (a las 13.30 horas) la presenta en San Feliz

20/08/2026
 Actualizado a 20/08/2026
Raquel Presumido es la autora de 'Lutano'.
Raquel Presumido es la autora de 'Lutano'.

Raquel Presumido Arias es asturiana de Rodiezmo y leonesa de Oviedo, entre cuyos mundos se mueve desde su infancia. Al calor de una cocina económica en la Tercia escuchó una y mil historias de filandón, conoció —y tal vez no valoró entonces— la mejor tradición oral, la magia de las contadoras como su güela. Se fue a Madrid, regresó y se dio cuenta de que llevaba dentro todo un mundo mágico, fronterizo, asturleonés, que reflejó en unos sorprendentes relatos en ‘Ratones en el armario’, todo un hallazgo. Ahora regresa con ‘Lutano’, su primera novela, la consolidación de aquel descubrimiento literario: mundos mágicos, lugares y personajes reales, el mundo fronterizo asturleonés, leyendas, terror y unas mujeres guardianas de la tradición... Lutano, un título sorprendente. 


 
– Sorprende el título, 'Lutano'…
– Cuando me vino la idea a la cabeza de lo primero que me enteré fue de la historia del Neñu Gela, que pasó aquí en Sariego, un pueblo de Asturias, de una paisana que perdió a un guaje en el monte y años después apareció un chico en el pueblo, un niño ya mayor, diciendo que él era el niño perdido en el monte. Este relato me llevó sin dudarlo a vincularlo con el utano, esa niebla que hay en las comarcas de la Tercia y Arbas, que la gente de allí la conoce como l’utano, con apóstrofe. Y pensé en reunir las dos historias, la real de l’utano y la del neñu Gela, que apareció en la montaña. Un personaje que se pierde en esa niebla y vuelve siendo algo diferente, y lo cambio un poco, eliminó el apóstrofe y queda un cambio etimológico en el que lutano viene de la palabra luto, sin perder ese recuerdo de la historia.

– ¿No le puso la editorial ningún problema para titular con una palabra que podía resultar extraña al posible lector?
– La verdad es que no. La editorial me respeta mucho en ese sentido; en esa idea que podemos tener metida en la cabeza que no se nos va a entender si hablamos en asturiano, en asturleonés. Todo lo contrario, me animan a que utilice mi lengua, las palabras de mi zona, pues la aprecian como aprecian nuestra cultura. Igual que cuando leemos a Gabriel García Márquez, salvando todas las distancias, tenemos que amoldarnos a su variedad del español pues que los lectores en asturiano, en asturleonés o en amestau pues si no entiende alguna palabra que la busque o que la deduzca por el contexto.  

– Defiende en 'Lutano' nuevamente ese territorio asturleonés, lo fronterizo, la mezcla… 
– Ya lo hacía en ‘Ratones en la despensa’, ahondar en esa zona fronteriza, en un lugar de paso para unos y de permanecer ahí para otros. 

– Utiliza además los nombres reales.
– Cierto. Hablo de Rodiezmo, de Villamanín, de mi zona, de un famoso mesón que llamo El Zacarías pero que todos saben al que me refiero, pues se asemeja mucho al Ezequiel. Y está, cómo no, Nemesio Castañón, un personaje imprescindible en la historia de la Tercia, el minero silicoso e imprevisible, gran contador de historias y protagonista de muchas.
 
– ¿Qué tiene de especial la frontera, lo fronterizo?
– Me interesa mucho como territorio narrativo, ofrece muchas posibilidades. Yo lo comparo con el western, las películas del oeste, que si no estuvieran en la frontera no se les podría sacar tanto jugo. La frontera es como un choque de fallas donde se acaba produciendo un terremoto. 

– En esa frontera de géneros, lo mágico, lo real, el terror... tiene un espacio muy protagonista en 'Lutano' la tradición oral, las historias que cuentan los mayores... 
– Hay también una frontera entre lo que soy y lo que quiero ser, por así decirlo, entre lo que somos todos y lo que queremos ser. Un día me doy cuenta que las historias y leyendas que me habían contado tienen un enorme valor. En esas historias  me gusta decir que está la sabiduría de los pueblos, no son solamente buenas las historias como textos literarios, lo cuentan de una manera excelente, con teatralidad y hasta con suspense sobre el desenlace. Las mujeres ancianas son excelentes narradoras y en la novela las hago las guardianas de la memoria mientras escogen lentejas, alimentando la cocina de carbón, cocinando en ella... 

La portada de 'Lutano'.
La portada de 'Lutano'.

– En la novela la protagonista realiza un viaje de regreso, de Madrid al territorio asturleonés ¿Hay mucho de autobiografía en este regreso?
– En esta vuelta al pueblo de la protagonista yo buscaba contar una historia de alguien que quiso huir de sus orígenes, que de alguna manera renegó de su pasado, de su identidad, con una especie de vergüenza de clase y se va buscando otro mundo. Y al regresar al pueblo reflexiona y se da cuenta de que en la ciudad tampoco la aceptaron. Ella también vive en una frontera, en el pueblo no la aceptan del todo y en la ciudad tampoco y me interesaba explorar esa incomodidad de la protagonista que la lleva a realizar este viaje en el que busca descubrir quién es.   

– ¿Y lo descubre o queda abierta la puerta a que cada lector imagine?
–La verdad, dejo la puerta bastante abierta pues por mi carácter no me gusta llegar a certezas o sentar cátedra. Yo trasmito unas sensaciones y que sea el lector quien interprete o, cuando menos, reflexione sobre asuntos que planteo, como la idea de Dios, la vergüenza de clase, el odio al vecino, la sensación de comunidad que te da vivir en un pueblo, la venganza… 

–Ya lleva 'Lutano' unos meses en las librerías, en ferias, presentaciones ¿Cómo es la experiencia, el contacto con los lectores?
– La verdad es que tengo la impresión de que está gustando. Muchos habían leído ‘Ratones en la despensa’ y eso les daba pistas. Lo que me llama la atención es que he encontrado gente de todas las edades, lectores de 17 años y otros de 70 u 80 años. Estoy muy contenta.
 
–¿Alguna nueva idea asturleonesa en el horizonte?
–Ahora estoy descansando un poco de Lutano, pero sí me rondan ideas. La más clara es alargar uno de los relatos de ‘Ratones…’, el que está ambientado en el pantano de Casares. El cuento de ‘La veleta del campanario’, donde unos chicos se quedan atrapados, viven como una vida acuática. Pero solo es una idea inicial. 

– Otra frontera por la que le gusta transitar, la que hay entre lo real, lo imaginario, lo mágico…
– Sí, claro, pero eso ocurre porque está muy presente en las historias que me contaban mis abuelas o los viejos del pueblo, esto que llamamos realismo mágico o agrohorror, que dicen ahora,   estaba muy presente en aquellas historias, no es nada nuevo, simplemente convertirlo en literatura y captar la atención del lector. 

– Cuando fue a Madrid estuvo vinculada al mundo de la imagen, el cine… ¿Ve 'Lutano' como un posible guión?
– Lo cierto es que cuando yo fui a Madrid creía que estas historias del mundo rural no tenían interés en ambientes urbanos. Pero de hace unos años a esta parte es evidente que las cosas han cambiado, está resurgiendo el regionalismo en el cine, pero también en la música, la literatura… Pero hace una década, cuando yo vivía en Madrid, no era ése el clima existente con el mundo rural, todo el mundo pedía historias urbanas.

– ¿Y ese cambio?
– Me interesa mucho. Desde hace unos años toco la pandereta, canto música tradicional asturleonesa, me parece muy interesante y creo que hay que apostar por su recuperación.

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