La pregunta de si será la primera leonesa sordomuda que llega a los cien años es prácticamente retórica; fruto de no haber visto esta circunstancia en los numerosos (y mucho más numerosas) centenarios que por suerte recogen los periódicos y otros medios.
No importa si hay más o no pues lo noticioso es, una vez más, una biografía ejemplar de una de esas leonesas para el santoral profano. Sí importa la fecha de nacimiento para entender cómo eran aquellos tiempos. Así, según qué papeles se lean, se llama Evarista o Ángeles Evarista; y asimismo puede haber nacido el 26 o el 28 de octubre de 1925. ¿Qué más da? Centenario es evidente que es.
También es importante el siglo que ha pasado para entender su condición de sordomuda, que cuenta su vecino el psicólogo Miguel Ángel Castañón: “Cuando era muy pequeña, antes de iniciar los procesos de habla, padeció una meningitis, sangró por los oídos y ya no volvió a percibir ningún sonido. La ausencia de audición impide el desarrollo lingüístico, por lo que se convirtió en sorda muda”.
Un ejemplo muy cercano a ella incide en la importancia de los tiempos que tocan vivir: “A su hermana Lola le ocurrió lo mismo, le afectó la meningitis en la más tierna infancia, pero esos 21 años de diferencia en el nacimiento supusieron que pudo acudir, primero a Valencia donde permanecía en un internado de septiembre a junio y después al colegio de sordos de Astorga, donde recibió el entrenamiento comunicativo oportuno, al que su hermana Evarista no pudo acceder”.
Y Evarista debió adaptarse “por su cuenta” al entorno rural en el que le tocó crecer, en su Valverde de Curueño natal, pues tan solo un año, a trabajar en la limpieza de un colegio de Valladolid, con otras mujeres de Valverde, llevadas por el Padre Rodríguez, natural de un pueblo de la ribera del Curueño.
Cuidó de su padre, un hombre de mala salud que murió con 73 años; atendió asimismo vacas, ovejas, conejos, gallinas y abejas que formaban parte de la economía familiar; “y no resultaba nada raro encontrar a Evarista echando una mano, o las dos, a Amable, cantero de los de más prestigio de la comarca, que trabajó la piedra magistralmente por todos los pueblos de los Argüellos”.
Además, recuerda Castañón, esta centenaria “entiende lo que es entendible y comunica lo necesario para hacerse entender”.
Así las cosas, es evidente que la edad o si es única... solo es una anécdota.