Por las huellas del leonés Herminio Valbuena, un gran montañero

Se ha ido una persona muy querida por quienes le conocían, dejando consternados a todos los que forman parte de la comunidad montañera

21/08/2026
 Actualizado a 21/08/2026
El leonés Herminio Valbuena en Collado Jermoso, "su lugar favorito". | VALENTÍN COSTO
El leonés Herminio Valbuena en Collado Jermoso, "su lugar favorito". | VALENTÍN COSTO

Nació Herminio Valbuena en la localidad de Santa Colomba de Curueño, aunque en su adolescencia fijó su residencia en León donde vivía, trabajando en Telefónica hasta su jubilación y después cuidando de su esposa que padecía un cáncer de mama por el que falleció. Su afición por la montaña comenzó precisamente tras su muerte. 

Una vez dejó de atender a su mujer, se planteó un cambio de vida o un cambio de aires y para ello se integró en una experiencia del Ayuntamiento de San Andrés con ese nombre, ‘Cambio de aires’. Fue el primer grupo al que recurrió para integrarse en la montaña y comenzar a andar por ella. Tras acabar esta experiencia comenzó a formar parte del grupo Collalampa, donde conoció a varios de sus compañeros de la montaña, pasando a continuación por el Yordas y realizando salidas con miembros de ambos grupos.

Su interés por la montaña lo traspasó a sus hijos Mónica y Sergio, quienes le acompañaron en su última salida. «Nuestro padre nos enseñó a amar la montaña, pero, sobre todo, nos enseñó que la montaña podía ser mucho más que un paisaje: podía ser refugio, consuelo y una forma de seguir adelante», comentan sobre su progenitor: «Tras la muerte de nuestra madre, encontró allí su vía de salvación. Entre cumbres, senderos y silencios halló la paz que necesitaba, el alivio para el dolor y ese refugio íntimo que, a veces, solo la naturaleza es capaz de ofrecer. 

Herminio en el entorno de los Bígaros (Foto Charo Revuelta)
Herminio en el entorno de los Bígaros. | CHARO REVUELTA

Y como todo lo que amaba, quiso compartirlo. Si conocía a alguien que sentía pasión por la montaña, no tardaba en organizar una salida. Era su manera de regalar lo que a él tanto bien le hacía. Con nosotros hizo exactamente lo mismo.
De su mano recorrimos buena parte de la Cordillera Cantábrica. Él nos presentó el Naranjo de Bulnes, los Horcados Rojos y, cómo no, Collado Jermoso, su lugar favorito, ese rincón al que siempre regresaba porque, de alguna manera, allí también se sentía en casa.

Nuestro padre era generoso en la montaña porque lo era en todos los ámbitos de su vida. Compartía caminos, paisajes, esfuerzo, conversaciones y silencios. Nos enseñó que una cumbre se conquista con el corazón; que caminar juntos hace más llevadero cualquier desnivel y que los momentos verdaderamente importantes son aquellos que se comparten.

Cada montaña que pisemos llevará algo de él. En cada sendero habrá un recuerdo, en cada cumbre resonarán sus enseñanzas y, en cada regreso, sentiremos que una parte de nuestro padre continúa caminando a nuestro lado. Por eso seguiremos amando la montaña y honrándola como homenaje a él». 

Además de sus hijos son muchas personas las que han querido hablar de Herminio. Valentín Costo y Gelín Barrio coincidieron con él tambien en el Collalampa: «Se nos ha ido una gran persona y un excelente amigo». Con ellos culiminó muchas cumbres, expediciones y actividades por el Himalaya, el treking por el Annapurnas. En Marruecos: Toubkal, Ras, Timesguide. En Pirineos: Midi d’Ossau. En Sierra Nevada: Mulhacén. En Picos de Europa, sus cumbres más significativas: Naranjo de Bulnes, Torre Santa, arista Torre Blanca-Llambrión, Torrecerredo, Torres de Arestas. 

| VALENTÍN COSTO

«Herminio era una de esas personas que siempre te gustaría tener a tu lado. Siempre generoso, alegre y divertido. Fue a caer en el sitio más fácil de una manera absurda, pero haciendo lo que más le gustaba. Nunca te olvidaremos. Te quiero, Herminio», añade Valentín. Por su parte, Gelín comenta que Herminio decía preferir la montaña a estar en los bares de vinos o de viajes con el Imserso, entidad que no le gustaba en absoluto.

Charo Revuelta también salió con él a la montaña. «Yo le conocí en el Collalampa», explica: «Allí teníamos un grupo con el que hacíamos trekings de cinco días a los Pirineos y se portaba como un padre. Se quedaba detrás de mí y me ayudaba, siempre preocupado por el bienestar de los demás. Cuando subíamos a una cima siempre tenía una sorpresa y sacaba unas copas de cristal con unos benjamines para brindar. Su mochila era como él, tan perfecto... Tenía un respeto por todo: por la Naturaleza, por sus compañeras y compañeros... Tenía muchísimas amigas; era como el mejor amigo de las mujeres».

No tarda en continuar: «Quería que yo subiera al Aneto porque la primera vez que lo habíamos organizado yo tenía reciente el esguince y no lo pude hacer por lo que quedó pendiente. Al año siguiente fuimos y yo no era capaz de pasar el paso de Mahoma y él animándome hasta que lo hicimos. En otros momentos como una de las subidas a Collado Jermoso o la de Peña Castil siempre estaba para ayudar si tenía algún problema». 

Herminio en el Perdiguero (Archivos del Yordas)
Herminio en el Perdiguero. | ARCHIVO DEL YORDAS

Y es que, a su modo de ver, «Herminio sigue siendo la mejor persona» que ha conocido. «Tenía todas las virtudes que se pueden esperar de un ser humano y sobre todo la bondad, que lo resume todo, la bondad, la generosidad, el amor por su familia, porque lo que tiene con sus hijos es algo especial como no he visto yo en padres con hijos tanto en la montaña como en la vida fuera de la montaña», refleja Charo: «Cuando íbamos a realizar una salida que él hubiera hecho antes, tal como a Dolomitas o a Islandia, nos preparaba un dossier con todo lujo de detalles. A pesar de su pequeño tamaño no había nadie tan grande como él. Tenía un gran sentido del humor y en las salidas nos hacía reír y se reía de todo, hasta de si mismo, por ello nos hacía las rutas muy amenas. En la montaña se crecía, era como otra persona».

María Jesús Fernández, del grupo de montaña Yordas también le ha dedicado unas palabras. «Me gustaría destacar su faceta humana. Siempre dispuesto a ayudar, a hacer fotos, a cargar con tu mochila.... No solo la mochila física... También podías hacerle confidencias personales... Era lo mejor que te podías encontrar en la montaña». dice: «Hablando en nombre del Club era una persona muy valiosa. A la hora de preparar rutas. siempre podías tirar de él. Toda la sabiduría de la montaña concentrada en su pequeño cuerpo». O lo que es lo mismo: «Toda la humanidad».

En Argovejo. L.N.C.
En Argovejo. | L.N.C.

«Y todo ello con un carácter alegre, siempre sonriente, con modestia, humildad», continúa: «Y más: con gran generosida, pues compartía las fotos, los conocimientos... Destaco también su trato exquisito, respetuoso con las mujeres, era un gran feminista (le veíamos siempre en la Carrera de la Mujer...apoyándonos)». También integrante del Yordas, Gloria resume su impresión por el montañero de la siguiente forma: «Era un encanto de persona, siempre sonriente, siempre de buen humor, siempre dispuesto a colaborar con todos en lo que fuera».

Muchos amigos se han quedado fuera por la premura del tiempo, pero valgan estas líneas como homenaje a una persona irrepetible y amante de la Naturaleza. Una persona a la que seguiremos viendo recorrer las montañas cuando estemos en ellas.

 

Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora
Lo más leído