Ahora mismo, en muchos pueblos de la provincia, se está empezando a quitar la fruta. Se preparan escaleras y cestas, se limpian almacenes, se revisan las ramas y se mira al cielo, siempre al cielo, por si el tiempo decide estropear en unos minutos lo que la tierra ha tardado meses en criar. Es una tarea agrícola, pero también familiar. Una de esas liturgias que antiguamente reunían a los que vivían en el pueblo y a los que regresaban a él justo cuando hacían falta manos.
Ese es precisamente el punto de partida de ‘Las peras de Dios’, el cuento de Antonio Pereira que este sábado sube al escenario del Teatro Villafranquino Enrique Gil y Carrasco. La función, programada a las 20:00 horas y con entrada gratuita hasta completar el aforo, abre una gira que llevará después el montaje por diferentes localidades de la provincia.
Hay una huerta familiar, un caluroso mes de agosto de los años ochenta y una cosecha de peras tan descomunal que obliga a convocar a toda la familia. Está la abuela, la inolvidable doña Társila, que gobierna la casa con mano de hierro porque alguien tiene que hacerlo y, sobre todo, porque está convencida de que nadie podría hacerlo tan bien como ella. Está el abuelo, don Criso, que únicamente quiere escuchar música y, a ser posible, no escuchar a su mujer. Y están los nietos, algunos llegados desde Madrid, cuando venir desde Madrid todavía era una excentricidad, y otros desde Camponaraya, que tampoco dejaba de serlo.
Todos acuden para recoger las peras, aunque no todos están pensando exactamente en la fruta. Los más jóvenes se encuentran en pleno despertar sexual y, cuando la abuela habla de peras, ellos imaginan los pechos de las mujeres. Esa confusión, que en otras manos podría resultar burda, se convierte en Pereira en una forma de mirar la vida: con malicia, ternura y una sonrisa que nunca necesita levantar la voz.
La picardía sexual estuvo muy presente en toda la obra del genial escritor villafranquino. No como una provocación artificial, sino como parte de la condición humana, de aquello que se piensa y no se dice, de lo que se esconde detrás de las palabras aparentemente más inocentes. En sus cuentos siempre había alguien deseando lo que no debía, recordando lo que quizá nunca ocurrió o tratando de aparentar una respetabilidad que se venía abajo a la primera insinuación. Pereira conocía el poder de lo sugerido y sabía que el lector suele llegar mucho más lejos cuando el escritor tiene la elegancia de no llevarlo de la mano.
La versión teatral ha sido realizada por Nuria Rubial, profesora de Literatura Dramática y Artes Escénicas de la Escuela de Arte de León, mientras que la dirección corresponde al actor Javier Bermejo. La producción corre a cargo de la Fundación Antonio Pereira y reúne sobre el escenario a varias generaciones de intérpretes: antiguos alumnos de la Escuela de Arte y actores con una larga trayectoria teatral.
El reparto está formado por Isabel San Millán, en el papel de Társila; Miguel Barajas, como Criso; Chiqui Fernández, que interpreta a Teresa; Nuria Rubial, como Inma; Sofía García, en el papel de Carmen; Iván Caballero, como Juan; Alberto Iglesias, como Carlos, y Aitana Castro, que encarna a Julia. Elsa Pérez ejerce como ayudante de dirección, mientras que Bermejo y Rubial firman la escenografía. El vestuario y el atrezo corresponden también a Nuria Rubial, y Javier Bermejo y Raúl Díez se encargan de la iluminación y del espacio sonoro.
La obra se divide en cuatro actos, tiene una duración aproximada de setenta minutos y apuesta por el trabajo coral y por una escenografía simbólica apoyada en distintos recursos técnicos. Pero su mayor fuerza continúa estando en las palabras y en esa superproducción de peras que permite descubrir tanto sus posibilidades gastronómicas como todo lo que metafóricamente puede esconderse detrás de ellas. Incluso a Dios, quién sabe.
‘Las peras de Dios’ ya fue una de las historias que integraron ‘El filandón’, la película de José María Martín Sarmiento estrenada en 1984 y construida a partir de relatos de Luis Mateo Díez, Pedro García Trapiello, Antonio Pereira, José María Merino y Julio Llamazares. Cuatro décadas después, el cuento encuentra una nueva vida sobre las tablas.
Porque la obra de Antonio Pereira en general y esta historia en particular siguen perfectamente vigentes, como sucede con los autores verdaderamente grandes. Han cambiado los pueblos, las familias ya no regresan de la misma manera para recoger la fruta y los jóvenes tienen hoy menos necesidad de recurrir a las metáforas para hablar de sexo. Incluso en los colegios bercianos traen ahora las peras desde Lérida. Pero doña Társila continúa gobernando, don Criso sigue subiendo el volumen de la música y los nietos todavía escuchan la palabra «peras» y piensan en cualquier cosa menos en la cosecha.
Después del estreno en Villafranca, la obra podrá verse el 13 de septiembre en Carrizo, el 2 de octubre en el Auditorio Ciudad de León, el 3 de octubre en La Bañeza, el 26 de diciembre en Benavides, el 29 de diciembre en Ponferrada y el 30 de diciembre en La Robla. Una gira por la provincia para comprobar que aquellas peras siguen dando fruto.
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