Un cura en madreñas al que en vez de don Olegario llaman Gari; un arzobispo ferretero que viene a sasamentar hecho un manojo de nervios, "nunca me vi en otra tal, un novio japonés", repite monseñor Redondo, al que dicen Nacho; padrino, madrina, un carro con burro blanco que va a ser la limusina negra; un toro que embiste sin avisar; guirrios, madamas, trajes tradicionales, coros y coplas y una novia que, pese a estar en su pueblo, no parece pasarle el susto... vecinos, muchos; músicos, bastantes; diputados, uno; botas de vino, varias; roscas, hasta que te hartes y ritos de boda, de boda singular es cierto pues es una nueva edición de la boda antrueja de Celadilla.
Allí, en esta villa del Páramo, se unieron en ¿santo? —no me atrevería a tanto— matrimonio, eso sí, una hija del pueblo, Rebeca, y su novio japonés Aiko, que si tienes los ojos rasgados ayer no se notaba porque los llevaba abiertos como si no se creyera lo que estaba viendo... y viviendo, cuando salía la novia a hombros de los mozos de la iglesia mientras cantan de fondo: "Al dar la vuelta a la esquina / y al pasar este reguero, / ya relumbran los palacios / de los casaditos nuevos. // Abran las puertas señores / ábranlas de par en par / recojan esta paloma / dentro de su palomar".
Ya había estado Aiko en la plaza con los mozos, ya había acudido a recoger a la novia, Rebeca, e iban camino de degustar las roscas, esperando el momento de disfrutar del banquete, ¿qué boda sería si no? que Lupi estaba guisando, siempre a lomos de burra blanca. Y de punta en blanco el padre de la novia, Poli, en la función más complicada desde que es presidente, algo emocionado, bastante, con alguna mirada al cielo.

El tiempo se sumó a la fiesta y después del banquete, de cantar las rosca, como toda boda que se precie, llegaba el baile amenizado con unos expertos del género, los Ringorango, que en el nombre llevan la definición.
Fue una nueva edición de la Boda Antrueja de Celadilla, un paso más, después de un hijo del pueblo con una joven llegada de África (Gonzalo y Melody) llegó una hija del pueblo con un hijo del Sol Naciente (Rebeca y Aiko), tal y como repetían ayer en las calles del pueblo, porque, a fin de cuentas, "los caminos no llevan a lugares, llevan a personas"; que él escuchaba... "mira galán si la llevas, la llevas pa tierra extraña...".