«Ya el año pasado esta historia dio un paso más: un rabudo –como se les conoce por la zona a los de Celadilla–, Gonzalo, se casó con Melody, una preciosa rapaza venida del corazón de África. Este año la novia es de Celadilla (Rebeca) y el novio (Aoki) viene del extremo oriente, del Imperio del Sol Naciente. Así, la Boda Antrueja no sólo consigue unir personas sino también mundos. Y mundos diferentes y lejanos entre sí».
Así explican desde Celadilla del Páramo el nuevo paso que dan al frente en una celebración que en pocos años se ha convertido en otra seña de identidad de este pueblo que ha apostado por la cultura y las tradiciones como armas de convivencia. Nació hace pocos años y ya es casi otra tradición la Boda Antrueja de Celadilla, que este sábado se celebra, desde las once y media de la mañana.
Ellos mismos ‘razonan’ o explican cómo una actividad cala entre la población de la comarca —y más allá— con tanta celeridad. «Esta boda es un acontecimiento que es más celebración que recreación. Es celebración porque apela al sentido lúdico, divertido y transgresor del antruejo tradicional y de todos los actos que, como este tipo de bodas, tenían lugar en esa época del año. No es recreación, en el sentido estricto del término, porque no quiere someterse a las tiranías del purismo antropológico. Recrear hoy un evento como aquellos sería algo casi utópico para los medios materiales y humanos con que cuenta una población de menos de 200 vecinos censados. Así que, en Celadilla, se trata de rememorar el espíritu y la esencia de lo que fueron las bodas de principios del siglo XX que tenían lugar entre Reyes y Cuaresma. Más allá del rito, se muestra una forma de entender la comunidad, la memoria y la identidad».
Y con una mirada puesta en las antiguas bodas tradicionales y una necesaria visión de presente y futuro, recordando también cuando los mozos y mozas del lugar buscaban pareja fuera del pueblo, el año pasado Gonzalo miró a África, de donde llegó Melody, y este año Rebeca llevó su horizonte más lejos, a Kyoto, desde donde llega Aoki, los novios antruejos de 2026.
También tiene sentido y raíces tradicionales esta boda; así lo entienden, así lo viven, así lo cuentan... «La Boda Antrueja no sólo consigue unir personas sino también mundos. Y mundos diferentes y lejanos entre sí. Desde Kyoto, corazón cultural de Japón durante más de mil años, hasta Celadilla del Páramo, tierra de cielo limpio y agua fina, se tiende un puente invisible hecho de tradición, respeto y búsqueda de sentido».

Un sentido que encuentran en los paralelismos que no borra la distancia, aunque sea de miles de kilómetros, de continentes: «Kyoto es un museo vivo. Una ciudad donde la ceremonia del té, el zen, la delicadeza de sus artes y la espiritualidad forman parte de la vida cotidiana. Un lugar donde la tradición no es pasado: es presente continuo. Celadilla, a su manera, comparte esa misma filosofía y se mira en el mismo espejo. En Celadilla también se protege lo heredado. Aquí también se escucha a los mayores.Aquí también se entiende que el futuro solo tiene sentido si sabe de dónde viene».
Y el fruto de esa cercanía es la boda antrueja que esta mañana de sábado unirá a Rebeca Fernández Rodríguez, hija de Celadilla, y Aoki Tsubasa, llegado desde Japón, una unión que «simboliza precisamente esa filosofía: conocer, acoger, aprender, evolucionar y crecer. Dos culturas que no se imponen, sino que dialogan».
Ya está todo preparado en Celadilla —los imprevistos no cuentan— y un amanecer de boda antrueja dará paso a una mañana cargada de tradición, de recuerdos de cómo eran aquella viejas bodas cuando Aoki llegue a la plaza del pueblo para encontrarse con sus nuevos vecinos, con los mozos que probablemente le habrán hecho pagar el piso por cortejar en Celadilla, a una moza del pueblo, y allí arranca todo el ceremonial a medio camino entre tradicional y carnavalero.
Primero hasta la casa de la novia, después hasta la iglesia, moverse en el carro tirado por los burros del gran Lupi, llegados desde el Condado, las tradicionales carreras y cantos... y cómo va a faltar el banquete, en la plaza, para que todo el pueblo se sume a una esperada fiesta de estos rapaces que «se conocieron en Kyoto, durante la floración del sakura, tras recorrer rutas de peregrinación en Asia. Y ahora, su historia desemboca en Celadilla, justo cuando la Vía Künig —que atraviesa la localidad— ha sido reconocida oficialmente como Camino de Santiago, hace tan solo unos meses. Todo encaja, porque los caminos no solo llevan a lugares. Llevan a personas».
Hay otra novedad este año, con el oficiante, el arzobispo habitual, monseñor Aureliano Alegre, ha ascendido a la condición de Emérito y recoge su mitra civil el Arzobispo Primado del Antruejo Leonés Monseñor Ignacio Redondo.
