Se acaban de recoger las imágenes, los pasos vuelven a sus templos, los papones lavan y guardan sus túnicas, las campanas recobran la voz... se apaga otra Semana Santa que dejará datos de ocupación, precios de la limonada y arranca el camino hacia la siguiente. Pero siempre tarda más en apagarse una polémica, la de Genarín y su entierro, a los que sus enemigos insisten en llamar macrobotellón, multiplican las imágenes de la basura.. «y a ellos se la suda», decía una mujer en la radio.
Y con Genarín aparece un nombre: Francisco Pérez Herrero, de alguna manera su inventor o, cuando menos, eso es lo que ha quedado unido al nombre del entrañable Paco, del que Fernando Rubio, que le conoció bien y fotografió mucho, afirma que «es el hombre que León ha reducido a un ruido», para reivindicar algo que hacen otros muchos de los que le conocieron, «que Paco fue mucho más que el padre de Genarín, que solo fue una anécdota más de aquella gente del León de los setenta».
- En mi memoria la figura de Paco Pérez Herrero es de una calidad que la hace inolvidable por muchos años que hayan pasado y permanece en mis imágenes porque tuve la suerte de fotografiarle durante mi paso por la prensa leonesa; recuerda nuestro Fernando Rubio, que viaja rápidamente a una primera, para él, cena de la prensa, en 1971: «Fue una velada que estuvo impregnada por su humor inteligente, divertido y nada mordaz. Nos hacía reír con sus ocurrencias e ironías». Para pasar después a una de esas citas en las que se conoce mejor a la gente, en una entrevista larga que Rubio fotografió mientras Manolo Nicolás indagaba en el alma de Paco, y en la que abordó aquel entierro que nada tenía que ver con el actual. Era 1975. «Nos habló extensamente sobre el Entierro de Genarín, que ese año no había podido salir a la calle por falta de permiso gubernativo, con un espectáculo teatralizado por el Grupo La Fragua. Aunque, como en el anterior año, se había hecho el recorrido de las ocho estaciones “genarianas” y las ofrendas en el Cubo de la Muralla, por un pequeño grupo, después de la cena».
Grupo que aparece en la foto de Fernando que se ha repetido una y mil veces, casi siempre sin firmar. «Desde 1975 y hasta 1981 se hizo de la misma manera, eso sí, con cada vez una mayor asistencia a la cena y luego al recorrido. Por cierto, las cenas eran absolutamente divertidas gracias al carisma de Paco Pérez Herrero». La dimensión que fue tomando, su éxito, cree Rubio que «ha opacado la calidad humana y literaria de nuestro amigo y eso es lo que hoy quiero resaltar y mostrar en este lunes. En las fotografías aparece en las cenas de la festividad de los periodistas en 1971 y 1976, en su participación en el Recorrido romántico de 1971, donde recitó el poema a la Catedral, recibiendo un premio en el Hula-Hula y, como no, en el recorrido íntimo del Entierro de Genarín de 1978 y con el bastón de Abad de la cofradía, recién creada en 1981».
Y trata de abordar el recuerdo de aquel Paco Pérez Herrero en el 120 aniversario de su nacimiento y el 40 de su adiós; que dejó dicho aquella definición tan poética de «se me fue la vida entre calles viejas, entre risas breves y sombras largas, y solo me queda la voz del recuerdo…».

Y ese recuerdo quiere ser mucho más completo que el padre de Genarín. «Porque tengo la sensación de que su figura ha ido desdibujando con el paso del tiempo —algo inevitable—, pero me entristece que haya quedado en su lugar una simplificación que roza la injusticia: su nombre aparece hoy, casi exclusivamente, vinculado al llamado “entierro de Genarín”, convertido en un fenómeno multitudinario que poco —o nada— tiene que ver con el espíritu que lo originó». Yse muestra contundente: «Conviene decirlo sin rodeos: León no ha sabido conservar a Pérez Herrero. Lo ha sustituido por una versión cómoda, festiva y superficial de sí mismo».
Y desgrana alguna de sus facetas: Antes que nada, fue un hombre del oficio. Periodista en su juventud, integrado en la vida de la prensa local antes de la Guerra Civil. Perdió el carné, pero no el hábito. Nunca dejó de estar cerca de los periódicos, especialmente del Diario de León, donde su presencia fue constante durante décadas. No siempre firmaba, pero siempre estaba». Y hombre de convicciones pues perdió su carnet por ser el único de León que no firmó la preceptiva «adhesión».
Supo seguir ‘en el frente’ en los 70 y 80, ante el relevo generacional: «Paco seguía ocupando un lugar que no se explica desde lo profesional, sino desde lo humano. Estaba en las redacciones, en las conversaciones, en las comidas de la Asociación de la Prensa. No como una reliquia, sino como alguien que pertenecía de verdad a ese mundo. Su integración no era simbólica».
Sobrevivió en los tiempos duros como protésico dental «y ahí siguió siendo útil, práctico, atendía a sus compañeros periodistas, seguía siendo en uno solo, técnico, escritor, conversador y compañero».
Propone Fernando un recuerdo que considera mucho más real que el vinculado solamente a Genarín: «Si algo le distinguía, por encima de todo, era su palabra. Tenía un verbo fácil, sí, pero no trivial. Era rápido, irónico, con una picardía que no caía en la grosería ni en el ingenio vacío. Sabía hacer reír sin rebajarse, sabía insinuar sin herir, sabía mantener viva una conversación sin necesidad de imponerse. En torno a él, las mesas no eran más ruidosas, sino más inteligentes».
Ése fue Francisco Pérez Herrero.