Crear una colección particular de arte no es una hazaña tan inaccesible como pudiera parecer. Al menos, así lo sostiene el coleccionista y artista Luis Melón Arroyo, que lleva atesorando obras de artistas locales e internacionales desde hace más de veinte años. Desde creaciones de Monseñor y Uriarte hasta piezas firmadas por la galardonada con el Premio Castilla y León de las Artes 2024, Dora García, o una imagen de Leni Reifenstahl para el libro ‘Olympia’ forman parte de su colección.
«El arte es caro cuando compras una pieza única», apunta el leonés: «Pero hay otro tipo de arte: grabados, cartelería o ediciones abiertas de precios más baratos». Sus palabras tienen que ver con el reclamo que hace algo más de un mes protagonizaron galeristas y artistas de diferentes puntos de la geografía nacional, cerrando espacios temporalmente y concentrándose para exigir un IVA más competitivo en la compraventa de obras de arte. «No deja de ser un producto cultural, pero en España el problema es que no hay una cultura de comprar arte», refleja al respecto: «Me parece un atentado que la gente compre unas láminas en Ikea a treinta euros y luego no acuda al artista que tiene al lado». En sus palabras, «muchas veces no se le inculca a la gente lo que es consumir arte y poder tener en casa unas piezas que sean únicas».

Es por eso que Melón Arroyo apuesta por ese «otro tipo de arte» que, muchas veces, toma la forma de series limitadas. Eso mismo es lo que le ha hecho tener en sus manos –y en su colección– una de las Marilyn de Warhol. «No vas a tener un Warhol en casa, pero sí puedes tener un Warhol en casa», dice paradójico: «Nunca vas a tener un Warhol de dos millones de euros, pero, por ejemplo, la Marilyn que yo tengo, que es de una edición seriada, tiene que ver con una exposición para la que Warhol mandó las planchas de serigrafía a Europa y que ahora se siguen imprimiendo: no lo ha hecho Warhol, pero sí están hechas con el material que utilizó Warhol y están catalogadas como su obra». El coleccionista no tiene un Warhol... Pero sí que tiene un Warhol.
Algo parecido ocurre con la pieza de Banksy que, desde hace unos días, destaca en el escaparate del taller en el que el arte de Melón Arroyo lleva afincado durante los últimos meses, bautizado ‘Paraíso’. Cuando firmó ‘Napalm’ (2004), el de Bristol «todavía no era muy conocido». Así lo explica el leonés: «Entonces, sacó toda esta serie, que creo que son 16, y la vendió muy barata; incluso la regalaba». No tardó en resonar su nombre hasta subastarse sus creaciones, aun siendo de pequeño formato, por varios miles de euros.
Aunque lo que cobija el coleccionista en su espacio no es exactamente una pieza de Banksy. O sí; según como se mire. La historia tras esa lámina que adorna privilegiada el cristal es una del todo particular. «Banksy tiene una organización que se llama Pest Control Office; un grupo de abogados que se dedican a meter para delante a cualquier persona que venda algo del artista», relata el coleccionista, asimismo investigador: «Lo divertido es que hay alguien que se llama West Country Prince (WFP), que no se sabe quién es, y hace ediciones de esos grabados desde el año 2004; saca una edición cada dos años de 500 copias con sello y es la única persona a la que Banksy nunca ha metido para delante».

Esas copias, numeradas de forma protocolaria, «se venden en galerías» y desafían sin apuros las barreras del aparato legal construido por uno de los artistas más cotizados del mundo contemporáneo, como haciéndole un Bansky al propio Banksy. Un artista cuya identidad ya no parece un misterio y que, aun así, sigue despertando ciertas incógnitas. «Se ha llegado a decir que WFP es el propio Banksy o un amigo suyo», revela el leonés.
Un WFP es justo lo que tiene el coleccionista. Un WFP de la serie ‘Napalm’ de Banksy que «no es un simple póster» –lee Melón Arroyo el certificado–, pues «West Country Prince produce réplicas artesanales utilizando exactamente los mismos métodos que Banksy usó a principios de los 2000 con Pictures on Walls: serigrafía manual, papel de alta calidad y fidelidad total a las dimensiones».
La obra, que puede conseguirse en plataformas como eBay por menos de doscientos euros, sirve de apoyo a la conclusión de Melón Arroyo: «Indagando un poco, puedes tener piezas de artistas bastante célebres y hay algunas como esta que, encima, tienen una historia detrás que es muy divertida de contar». Es por ello que el ‘Napalm’ de Banksy, de WFP y de Melón Arroyo funciona como creación inaugural del ciclo ‘Diálogos sobre el presente’ que, de ahora en adelante, convertirá al enclave del Barrio de los Artistas de León en «un lugar de reflexión crítica sobre la actualidad global». Y es que, basada en la fotografía ‘The terror of war’ que Nick Ut capturó en 1972 durante la Guerra de Vietnam, ‘Napalm’ evidencia «el contraste entre la violencia del sufrimiento humano y la alegría artificial del imaginario consumista», encarnado en Mickey Mouse y Ronald McDonald.
Es sólo la primera de las obras que podrá verse en Paraíso. El resto las irá anunciando el artista, investigador y coleccionista Luis Melón Arroyo, aunque será difícil que tengan tanta historia como esta... ¿O no? Habrá que verlo.