Otra bóveda para el Camino a su paso por León: "Queremos recuperar un oficio prácticamente perdido"

Uno de los talleres de Homo Faber ha contado con 22 alumnos de todo el mundo que han trabajado en Villamoratiel de las Matas junto a Carlos Martín Jiménez

02/08/2025
 Actualizado a 02/08/2025
https://youtu.be/snlSxnZLlOg

Es en un mirador de Villamoratiel de las Matas donde el alumnado del curso de bóveda tabicada de Homo Faber trabaja desde este lunes para alumbrar una edificación que pretende rendir homenaje al pasado vitivinícola de la zona. La localidad llegó a contar con 83 bodegas; enclaves emblemáticos que podían vislumbrarse desde el espacio privilegiado que ahora ocupan los aprendices del oficio. 

A pesar de remontarse a hace siglos, el alcalde de Villamoratiel de las Matas, Jesús Santamarta Aláez, hace hincapié en que la costumbre «vitivinícola desaparece a finales del siglo pasado en todos los pueblos del entorno». «Me pareció correcto hablar con Mónica Martín Sisí, de Homo Faber, para traerles aquí y que hiciesen una bóveda en este cañón para poder meter una viga de lagar del siglo XIV y que esto sea una especie de centro de interpretación de nuestra cultura pasada», considera el regidor.

No es el único objetivo de la construcción, que pretende convertirse igualmente en punto de descanso para los peregrinos. Así lo explica el maestro bovedero que ha desempeñado su trabajo en lugares patrimoniales como la Sagrada Familia y el Museo del Prado y que estos días se traslada a León en calidad de profesor. «Todo esto forma parte de un proyecto que tengo en mente y que consiste en hacer bóvedas en todo el transcurso del Camino de Santiago», explica Carlos Martín Jiménez, que ya ha podido ubicar una de las construcciones en la localidad riojana de Nájera y la leonesa Mansilla de las Mulas. «Como evidentemente no habría mucha posibilidad de financiación, se me ha ocurrido hacerlo a través de talleres con un coste simbólico», relata sobre una iniciativa que además cuenta con la financiación del Consistorio, encargado de sufragar el coste de los materiales.

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La bóveda funcionará como punto de descanso para los peregrinos. | FERNANDO OTERO

«Aparte del Camino, la idea de estos talleres es recuperar el oficio porque prácticamente se ha perdido y hay muy pocos profesionales que se dediquen a esto», continúa Martín Jiménez, que ya pone la mira en la capital maragata. «Tenemos en mente hacer una nueva bóveda en Astorga», confiesa: «Va a ser un tributo a Gaudí y creo que será muy bonito, así que espero que los ayuntamientos se vayan animando a sufragar los costes de los materiales, que son minúsculos». 


Sobre el alumnado

Lo cierto es que, a pesar de tratarse de un oficio poco habitual, el año pasado el taller superaba la barrera de los mil alumnos. «Las bóvedas son adictivas», dice el maestro y no le falta razón. La confirmación se personifica en 22 pupilos de perfiles dispares que se congregan cada día, durante ocho horas, en el mirador. 

El más joven es el madrileño Christian, que, acompañado de su padre y contra todo pronóstico, ha cambiado los mandos de la consola por ladrillos y paleta. «Es la primera vez que vengo; estoy dando la segunda capa y me está gustando mucho», apunta el aprendiz: «No me esperaba que me gustase, pero me parece un oficio muy interesante». A su lado trabajan gentes de Italia, Francia, Albania y hasta México. Es el caso del arquitecto Antonio Beltrán, que –dicen– «difundirá el nombre de Villamoratiel por tierras mexicanas». 

La construcción estará completamente finalizada este domingo. FERNANDO OTERO
La construcción estará completamente finalizada este domingo. | FERNANDO OTERO

Además hay quien repite. Ocurre con la italiana Caterina, que participa en la formación por segunda vez junto a su pareja, natural de Albania. «Hemos vuelto porque Carlos es el mejor para nosotros», expresa: «Es un verdadero maestro y aquí estamos muy bien; nos han acogido con mucho cariño». A pesar de regresar a la provincia leonesa con el mismo objetivo, la alumna asegura que la ejecución de las respectivas bóvedas poco tienen que ver. «La de 2023 era diferente; aquí hemos hecho un ábside más pequeño y la cruz con el cañón tampoco es igual», refleja: «Cada bóveda es distinta como distintos somos nosotros».

Y es que siempre hay algo nuevo que aprender de construcciones medievales como la de Villamoratiel de las Matas, que este mismo domingo lucirá completamente finalizada. A sus 340 centímetros de ancho por 220 de largo, se sumará también un revestimiento de estuco blanco en el interior que contará con grabados y frases alegóricas a la cultura del vino. En la puerta de medio punto del buque, una composición de una obra sobre azulejos en el suelo o pavimento cerámico recibirá al visitante. La composición recogerá una vista del pueblo junto las 83 bodegas que todavía quedaban a mediados del siglo pasado.

Todo de la mano de un taller destinado a recuperar un oficio que, por correr el riesgo de perderse, colecciona cada año nuevos adeptos emocionados con un hacer que, pareciendo propio del pasado, lleva consigo la preciada esencia de lo tradicional. 

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