Noemí Sabugal: "En las cuencas mineras, el pasado, de alguna manera, siempre es presente"

La escritora de Santa Lucía de Gordón recala este sábado en Tapia de la Ribera para ofrecer una ponencia sobre el fin de la minería y su libro ‘Hijos del carbón’ en el marco de sus III Jornadas Culturales

15/08/2026
 Actualizado a 15/08/2026
La escritora de Santa Lucía de Gordón, Noemí Sabugal, autora de la obra ‘Hijos del carbón’ en una visita al pozo Ibarra de Ciñera de Gordón. | CEDIDA
La escritora de Santa Lucía de Gordón, Noemí Sabugal, autora de la obra ‘Hijos del carbón’ en una visita al pozo Ibarra de Ciñera de Gordón. | CEDIDA

A veces, el pasado no termina de pasar. A veces, su término se prolonga durante tanto tiempo que no llega a terminarse nunca. En las cuencas, el cierre de la mina significó el fin de una actividad económica, pero sus paisajes, su memoria y la forma de organizar y entender la vida entre sus habitantes permanecen, de un modo u otro, en el presente. 

Esa idea se lee bien entre las líneas con las que Noemí Sabugal construyó ‘Hijos del carbón’, una obra que recorre la historia de toda una industria en la geografía nacional, de norte a sur, en una suerte de enciclopedia minera. Seis años después de su publicación, las cosas no han cambiado mucho. ¿O sí?

«No, porque más o menos lo que había es lo que hay», responde la escritora de Santa Lucía de Gordón, que identifica –eso sí– algunos acontecimientos: «En estos años, ha habido dos circunstancias tremendas, que han sido la setencia de la Hullera Vasco Leonesa –una sentencia muy decepcionante para las familias y un tanto insólita– y el accidente de Cerredo, que nos habla de nuevo de cómo la minería es un sector peligroso en el que, además, si no hay un control –como parece que no había–, se convierte en una trampa mortal y en un drama para muchas familias».

Por eso no ha cambiado demasiado la perspectiva de la leonesa, hija y nieta de mineros, sobre esta industria. Considera incluso que la obra «es totalmente actual». Y es que para alumbrarla recorrió minas cerradas desde hacía varias décadas, pero también otras «que estaban cerrando en ese momento» o que estaban «a punto de cerrar». Entre sus páginas, esos viajes están acompañados de multitud de referencias a libros, documentales y todo tipo de publicaciones de mismo objeto, pues, en sus palabras, «la minería es una historia colectiva que debe ser contada colectivamente».

Esa historia colectiva y su forma colectiva de contarla no puede desprenderse de territorios que se han ido desarrollando como comunidades. Territorios con su arquitectura específica, con su propio paisaje y hasta con su particular forma de hablar. Todo como cimientos de una identidad muy definida; tanto que, aun varios lustros después de haberse despedido de la minería, se ha mantenido en muchos casos. «Está en las escombreras, en los castilletes, en la forma en la que se construyeron esos pueblos», relata Sabugal: «Hay una conformación del espacio que te está recordando continuamente que estás en una zona minera». Es por eso que la escritora sostiene la idea que ya presentaba en ‘Hijos del carbón’: «El pasado, de alguna manera, siempre es presente».

En el libro, alude al fenómeno con un nombre de experto, «dependencia de la trayectoria». O lo que es lo mismo: «El influjo del pasado sobre el presente y el futuro. Un nostálgico giro de cuello hacia lo que fue, por más que la postura sólo lleve a la melancolía y a la tortículis». Esa dependencia, sin embargo, no quita que «cada zona esté intentando reinventarse de alguna manera y mirar al futuro». Por eso, reitera la leonesa, «unas mejores comunicaciones» y servicios son esenciales en estas partes del territorio. «Pero no es algo privativo de la minería; pasaría, por ejemplo, si cerrasen Citröen en Vigo, por ejemplo, o la Fasa en Valladolid-Palencia», continúa: «Son grandes sectores que ocupan a mucha gente y, claro, cuando desaparecen, es complicado encontrar algo que cubra ese hueco». 

Portada de 'Hijos del carbón'.
Portada de 'Hijos del carbón'.

La dificultad –apunta la gordonesa– reside en las soluciones. Ocurre cuando una industria o una empresa contribuye a conformar un territorio. Cuando toda una zona depende en materia de servicios de que esa empresa siga existiendo. «Las cuencas mineras, al principio, eran lugares donde no había viviendas para la gente, no había servicios... Todo se fue generando», explica: «En todas las zonas rurales, los problemas son ahora los mismos: el transporte, la sanidad, la educación... Las zonas mineras están igual que otras en ese sentido, con la diferencia de que la pérdida económica, laboral y demográfica ha sido muy grande y, en su memoria, hay unos pueblos a rebosar». Una memoria que –dice– «tiene su peso en lo bueno, en el sentido de que recordarmos quiénes fuimos, y a veces en lo malo porque se produce esa nostalgia». 

Aun así, no son todo sombras en los territorios marcados por un pasado minero que también tiene luces. «Se vivió de una manera que tampoco era muy fácil de vivir, pero sí era una situación en la que había posibilidades de trabajo y de arraigo en el territorio y es inevitable echar la vista atrás», opina la escritora: «Pero también hay una conciencia de que hay que tirar para adelante y creo que, en las cuencas mineras, están un poco en eso». En el desarrollo de proyectos que, de forma exhaustiva, Noemí Sabugal desentraña en su publicación. Aunque muchos de ellos, en realidad, no han conseguido ejecutarse nunca del todo.

«Cuando se habla de toda esta cuestión de los pueblos y el tema demográfico, lo que pasa en este país es que está muy disgregado, orgánicamente muy mal estructurado», sigue: «El franquismo ya planteó, por ejemplo, los grandes cinturones industriales alrededor de las ciudades. Eso provocó que la gente vaciara el campo y fueran más a las ciudades». A su modo de ver, «eso ha hecho unas ciudades muy masificadas y ha provocado una concentración laboral en ellas muy grande». Es por ello que sostiene: «Digamos que es un problema un poco de país, de conformación del territorio». No tarda en regresar a las cuencas. «Es un problema que va más allá de las zonas mineras, pero que también tiene mucha relación con ellas, porque esas zonas sí tuvieron esa industria», desarrolla: «Tuvieron algo muy diferente a otros pueblos, que es que esa industria tenía que estar establecida allí porque era allí donde se daba la producción, aunque ese carbón después se llevara a otras industrias que sí han pervivido». 

No tiene claro Sabugal si ser o no optimista respecto al futuro de las cuencas, en particular, y de lo pueblos, en general. «Lo que sí pienso es que si nosotros ahora mismo estamos hablando de que uno de los grandes problemas que tenemos es el de la vivienda porque hay una concentración excesiva en las zonas urbanas, con precios excesivos que impiden que la gente pueda desarrollar un proyecto de vida, y estamos hablando de que hay pueblos vacíos, digo yo que ahí hay algo que debemos conectar», opina: «Creo que falta esa articulación del territorio, que no digo que sea fácil, y, si hacemos eso, posiblemente empezaremos a solucionar un poco tanto los problemas que tienen las ciudades como los que tienen los pueblos, que son problemas que están interconectados». 

De todo ello hablará Noemí Sabugal este sábado, a las 18:00 horas, en las III Jornadas Culturales de Tapia de la Ribera, puestas en marchas por la Asociación Cultural Santa Eulalia de Tapia. De todo ello hablará esta hija del carbón que se remonta al pasado para hablar del presente y echa la vista atrás para seguir hacia adelante. Hablará de todo ello, que a través de la lógica luce interconectado, haciendo ver a sus lectores, a sus oyentes, que, ya sea directa o indirectamente, en el fondo todos somos ‘Hijos del carbón’.

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