Una de esas noticias sueltas, sin gran trascendencia, del año 2009, decía que había sido encontrado muerto en su domicilio en León J.A.V., al que sus amigos no veían desde hacía unos cuantos días.
Detrás de aquellas iniciales se escondía la figura del gran artista Juan Antonio Velasco, Velasco, el cartelista del Emperador. Sus amigos sabían que era un final temido después de conocer de cerca los tristes avatares de su vida, un coche abandonado en el espacio municipal de la grúa pues no tenía dinero para pagar su deuda, su dependencia de los cercanos para poder salir adelante después de encontrarse sin la más mínima ayuda tras décadas de trabajo como cartelista, pese a que la empresa había vendido el edificio por una verdadera millonada, más de cuatro millones de euros.
La habitual imagen de Velasco rodeado de carteles de Marilyn, Marlene, Chaplin, James Dean... que él mismo había dibujado nos llevaban a pensar en una imagen de película del artista nacido en Bembibre en 1932, que vino a León para trabajar al cine Abella y pronto fichar por la ELDE, propietaria del Emperador, donde trabajó hasta su cierre.
Cuando Velasco se encontró sin ningún recurso, increíble, acudieron en su ayuda amigos como Lolo, que le propiciaba talleres en la Casa de Cultura de Armunia; Resty, el del restaurante, donde nunca le faltaría un plato y otros como los abogados Luis Alberto Díaz Suárez y María José del Río, Cuevas... pero Velasco era muy tímido e introvertido y no se prestaba a romper su imagen de dandy y elegante.
Muchas de aquellas obras en Armunia, que recogió Lolo, son la base de la exposición que hoy puede visitarse en la Escuela de Arte de León, que nos recuerdan a un gran artista, y nos invita a la reflexión sobre las sombras de su final.
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