Morante, un genio ecléctico para revelar la quintaesencia del toreo en León

El cigarrero encabeza la feria taurina de la capital en una temporada marcada por la inspiración y la grave cornada que sufrió en abril en Sevilla

19/06/2026
 Actualizado a 19/06/2026
Morante de la Puebla recibiendo de salida por chicuelinas el pasado año. | SAÚL ARÉN
Morante de la Puebla recibiendo de salida por chicuelinas el pasado año. | SAÚL ARÉN

Morante de la Puebla es el último gran torero que ha habido. Es el último que de verdad ha trascendido más allá de los ruedos y del mundo taurino para elevarse como una galaxia en medio de un universo que durante años ha estado relegado a un segundo plano. Todo el mundo le conoce. O, al menos, le suena su nombre. Y eso no es ninguna casualidad. Otros nombres propios como pueden serlo Enrique Ponce, El Juli, José Tomás o más recientemente Roca Rey podrían competir con él en estos términos de popularidad, pero lo cierto es que desde hace dos años el sevillano se ha terminado por llevar el gato al agua en ese sentido. 

Lo más llamativo de todo es que se ha convertido en un fenómeno social sin ningún tejemaneje ni ninguna de esas estrategias de marketing perfectamente estudiadas al milímetro que se usan a día de hoy para poner en órbita un producto determinado. Ni métricas de alcance ni llamadas a la acción ni mucho menos la creación de mensajes y lemas que creen marca, comunidad y dejen huella. Su verdad, su espontaneidad y su personalidad han sustituido todas esas fórmulas modernas. Y quizá haya sido precisamente ese toque analógico lo que en unos tiempos cada vez más digitales le hayan erigido como el torero de la juventud, de los adultos y de los más experimentados. De la sociedad en general. Es el torero de lo clásico y de lo eterno. Está chapado a la antigua. Sus crónicas y entrevistas hay que leerlas en un periódico de papel y sus faenas deben ser vistas, siempre, con perspectiva histórica. Sus fotos -algunas- se entienden mejor en blanco y negro. Es sabio, listo, inteligente y único. Heterodoxo sobre todo ello, razón por la que solo el paso del tiempo le hará justicia. 

Un torero renovado

La llegada por segundo año consecutivo de Morante de la Puebla a la feria taurina de León por las Fiestas de San Juan y San Pedro supone uno de los principales acontecimientos en la programación festiva de este 2026. Su presencia eleva a su máxima exponencia una feria que, aún perdiendo la tradicional corrida de rejones, no se ha visto devaluada precisamente por contar con el cigarrero en la única tarde de toros que habrá. Sin un motivo exacto, sino que es en realidad un compendio de muchas cosas -algunas que escapan de toda lógica- en torno a su figura, Morante desarrolla un delirio colectivo allá donde torea. La entrada que la plaza de León registró el año pasado no se veía desde que vino Andrés Roca Rey en el año 2022 y el motivo no fue otro que el regreso del sevillano, que no toreaba en León desde 2018. Aquel día, por cierto, recuperó el galleo del bú en un extraodinario cartel con Manzanares, Talavante y Roca.

De hecho, en estas dos últimas temporadas ha despojado al peruano del poder en la taquilla. Hasta entonces era Roca quien tiraba de la fiesta en ese aspecto, pero actuaciones como la que desembocó en cortar un rabo en Sevilla en 2023 o sus dos triunfos en Madrid en 2025 cambiaron las cartas de un juego con muchas cosas positivas, pero también negativas. Las dos, además, están en cierta parte relacionadas. El ‘fenómeno Morante’ ha calado en los jóvenes especialmente, que ahora van a las plazas enforverecidos y hasta enajenados, lo que hace, por otro lado, que muchos estén sedientos de triunfo y canten todo aquello que no se debería de cantar. Pero, claro está -y ahí está la clave- es que si lo hace Morante es, de por sí, diferente a todo(s) lo(s) demás.

Cabe recordar que en 2025, aun sin tener suerte con los toros que le cayeron en suerte en el coso leonés, dejó los mejores detalles de una tarde en la que también destacó la capacidad de El Fandi frente a un buen toro de Matilla con movilidad. Sin embargo, la torería la puso el cigarrero con aquellas verónicas que sopló en apenas una baldosa, jugando con las manos y ganándole terreno al toro con un simple paso. Todo a pesar de que muchas fueran enganchadas, pero el tipo, la expresión y la composición fueron ciertamente sublimes. Con la muleta, León vio a un Morante que no es el de siempre, sino otro completamente distinto y renovado al de antes de la pandemia. Tuvo a bien el de la Puebla intentarlo, mostrar gran disposición ante dos toros que apenas se movían y llevarles a media altura mientras Duquende ponía el cante a sendas actuaciones. El de años atrás habría iniciado con probaturas y la espada de matar ya armada.

La presente temporada

En este sentido el próximo sábado, 27 de junio, aterrizará en la capital leonesa un torero dulce y suave, inspirado y fresco. No obstante, tampoco es aquel del año pasado que arrollaba sin piedad y cada tarde revelaba, de manera inédita y única, un versículo determinado del secreto del toreo, pero sus actuaciones esta temporada siguen siendo pura canela en rama, pues a toreros como él hay que saber verlos en todos los contextos. Cierto es que no ha tenido tan buenos toros como entonces (tampoco es que le hagan falta, pero siempre ayudan), no viene de explotar en Madrid abriendo la Puerta Grande de Las Ventas (no se acarteló en San Isidro) y las cornadas tampoco le han respetado. Todo lo contrario, de hecho, algo que le ha complicado la primera mitad de la temporada llegando a forzar su vuelta en un gesto cargado de solidaridad y compromiso tanto con los empresarios como con la afición. Una cornada de 10 centímetros en el recto durante un quite con el capote en la pasada Feria de Abril de Sevilla le obligó a estar un mes fuera de los ruedos, pero es que a la primera corrida que tuvo tras ello, que fue en Jerez, le cortó las orejas a uno de sus toros en un trasteo inspiradísimo, templado y natural. Como si nada le hubiera ocurrido. A mayores de eso, antes de esa cornada, y también en la capital hispalense, había echado previamente una tarde para la historia donde destacó una estampa añeja y asolerada: aquella en la que protagonizó un tercio de banderillas -de colocación muy mejorable, todo sea dicho- en la que clavó un par citando al toro sentado en una silla de madera

Además, abrió la Puerta del Príncipe en la reciente y recuperada corrida del Corpus Cristi en Sevilla, ya fuera del serial, al cortar tres orejas a su lote.

En definitiva, la ciudad volverá a disfrutar de Morante de la Puebla y de la locura social que provoca de un tiempo a esta parte. Porque el torero que está salvando al hombre, que necesita torear para inhibirse de sus problemas psíquicos, también está salvando a la tauromaquia con un compromiso y una relevancia apabullante en los últimos tiempos. 

Por todo ello, y porque se trata de un torero que es ya leyenda de la historia del toreo, vaya a disfrutar usted, leonés, de un genio atemporal y ecléctico, de Morante de la Puebla, sabiendo siempre que, como tal, es capaz de lo mejor y de lo peor.

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