Moisés, el gaitero que hizo eterno a Nabucodonosor

Moisés Liébana Voces, ‘El gaitero de Corporales’, es probablemente el músico más recordado y admirado de Cabrera; al margen de tener mucho que ver con la conservación de la Danza del Rey Nabucodonosor

José Manuel Roces
31/08/2025
 Actualizado a 01/09/2025
reservar la música y el recuerdo de la ‘Danza del Rey Nabucodonosor’ es uno de los grandes logros de Moisés Liébana Voces, fallecido en el año 2011. | FERNANDO RUBIO
reservar la música y el recuerdo de la ‘Danza del Rey Nabucodonosor’ es uno de los grandes logros de Moisés Liébana Voces, fallecido en el año 2011. | FERNANDO RUBIO

La Cabrera suena a muchas cosas: a lejanía o aislamiento, a gente dura, a biografías irrepetibles, a viejas tradiciones que se mantienen vivas, al cabreirés en el hablar... y a música y baile. En el campo de la música, de los músicos, los tenemos en la comarca de todos los colores: en solitario, en orquestinas, gaiteros, danzantes... y Moisés Liébana Voces, ‘El Gaitero de Corporales’. Al decir música y Cabrera es inevitable recordar a Moisés Liébana, poniendo a su lado, como fiel compañero que fue, a Domingo Losada. Pero tuvo además Liébana una de esas circunstancias que propicia que, además del inmejorable recuerdo sembrado, te conviertas de alguna manera en ‘inmortal’ al haber salvado del olvido una tradición que parecía condenada al olvido: La Danza del rey Nabucodonosor, de la que guardaba memoria no solo de su música, también los personajes, los vestidos... tal y como se los contó a Concha Casado y con la sencillez que él contaba las cosas: "Antes de tocar yo, tocó mi suegro, que en paz descanse".

Y antes que él, otros. La danza data por lo menos de mil seiscientos o por ahí. Es de tradición de toda la vida en este pueblo de Corporales». Y se hacía una pregunta complicada de responder: "¿Y cuándo yo no esté, qué ocurrirá?, porque esto se trasmite de boca en boca y la gente que la conoce se va marchando, unos para siempre y otros a buscarse la vida". Hasta él llegó. Ahora son otros los que tratan de perpetuar esta joya de nuestro folklore. En vida de Moisés la Danza del rey Nabucodonosor fue perpetuada en un libro y sus aportaciones le valieron numerosos reconocimientos, incluida una plaza con su nombre.

Al hablar del músico de Cabrera podríamos pensar en Moisés como un ‘profesional’ de ella; le dedicó muchas horas y días pero la realidad es que Liébana, como casi todos en Corporales, era ganadero y trabajador del campo; autodidacta, músico de oído que tantas veces repetía: "¡Cómo me hubiera gustado leer una partitura". Había nacido Moisés Liébana Voces en 1927, en Corporales, un pequeño pueblo cabreirés, rodeado de altas montañas, como el Teleno y bañado por el recién iniciado río Eria. Desde niño, aprendió el valor del trabajo en el campo. Su vida estuvo marcada por la agricultura y, sobre todo, la ganadería, tanto de vacas como de ovejas. En su casa siempre hubo vacas y ovejas, él las conocía a todas, sabía sus manías, sus fuerzas y hasta sus debilidades. Era un hombre paciente, hecho al ritmo pausado del campo, y también tenaz, porque sabía que de su esfuerzo dependía el pan de cada día.

Pero además del campo, Moisés descubrió pronto otra pasión: la música. Su hijo Kiko recuerda que él mismo le contaba cómo su primer instrumento fue algo tan sencillo y humilde como una paja de centeno y una flauta que se construyó con un palo de saúco. «Les hizo unos agujeros con sus manos y, soplando con paciencia, consiguió sacarles notas». Aquello fue el inicio de un camino inesperado pero que marcaría su vida. El propio Moisés nos lo contaba para el libro ‘Personajes leoneses’ de La Crónica de León: «Era todavía un niño cuando iba al monte con la veceira de ovejas y cabras y necesitaba matar el tiempo. Corté un sabugo (saúco le llaman en otras tierras) y me hice una pipa. No paré hasta que primero la hice sonar y después le fui arrancando notas. ¡Menudo descubrimiento para mí y menudas broncas de la abuela Juana! que decía que le levantaba la tapa de los sesos».

Recordaba que empezó con 7 años y a los 10 "todas las canciones que escuchaba las acababa tocando". Con el tiempo, logró aquel apasionado de la música, comprarse una gaita. También lo recordaba él mismo: «Pagué por ella 18 pesetas (de 1945), no se me olvida», pero de la música no se vivía, sí del campo, y con el paso del tiempo utilizó aquella gaita como moneda para pagar una máquina de majar. "¡Cuántas veces me arrepentí!". Nadie le enseñó, no sabía de solfeo ni de partituras, pero tenía oído, intuición y, sobre todo, perseverancia. A base de escuchar, repetir y sentir, fue dominando el instrumento, hasta que la gaita se convirtió en compañera inseparable de sus días.

De la gaita al saxofón

Sin embargo, aunque la gaita le dio las primeras alegrías musicales, Moisés guardaba una predilección especial por el saxofón. Era su instrumento favorito, con el que lograba transmitir una fuerza y una dulzura que sorprendían a todos. Cualquier instrumento de viento que llegaba a sus manos, lo hacía suyo. Trompeta, clarinete, flauta… nada se le resistía. Tenía un talento natural para la música. Así, Moisés unió dos mundos que parecían distintos: el del campo, con su duro trabajo bajo el sol y el de la música, con su magia y su capacidad para alegrar a los demás. En las fiestas del pueblo, su presencia era esperada. Allí, entre amigos, familiares y vecinos, su música resonaba y llenaba de vida las calles de Corporales. Su historia fue la de un hombre sencillo y sabio, que trabajó siempre con las manos en la tierra y el ganado, pero que también supo amenizar las fiestas con el poder de la mús

Moisés Liébana Voces dejó un legado que no se mide en riquezas, sino en recuerdos, en melodías que aún vibran en la memoria de quienes le conocieron, y en el ejemplo de una vida vivida con esfuerzo, talento y pasión por la música. Con esa pasión, Moisés fundó su primer grupo musical: la Orquesta Ritmo, con la que recorrió los pueblos de Cabrera animando fiestas y romerías. Años después, formó otra orquesta, esta vez junto a sus hijos: la Orquesta Hermanos Liébana, con la que llevaron alegría a todos los rincones de Cabrera Alta y Baja. Los viajes eran toda una odisea: los transportaba Dominguín, el taxista, con su Chrysler 180 y un remolque para cargar el equipo. Las carreteras eran tan malas que, como recuerda su hijo Kiko, en cada viaje algo se rompía o se averiaba. Pero nada detenía la música. Su amor por el saxofón llegó tan lejos que incluso la salud no pudo apartarlo de él: tras desarrollar un cáncer labial por tocar tanto tiempo, los médicos tuvieron que extirparle parte del labio y le advirtieron que dejara de tocar. Pero cuando sanó, volvió a tocar como si nada, demostrando que su vínculo con la música era más fuerte que cualquier obstáculo. Moisés no solo fue intérprete, también sembró la música en Corporales. Muchos niños aprendieron sus primeras notas de su mano, y gracias a él varias orquestas de León cuentan hoy con músicos de Corporales cuyo maestro inicial fue él

Domingo Losada

En todo ese camino tuvo siempre a su lado a alguien muy especial: Domingo Losada, más que un amigo, un hermano de vida. Tan inseparable era su compañía, que Moisés siempre ponía una condición cuando recibía algún homenaje: que Domingo fuese también reconocido. Su hijo Kiko, también quiere destacar su gran talento para trabajar la madera y como muestra conserva algunos muebles por él construidos y por cierto de una belleza incomparable. Moisés, falleció en 2011 tras una larga enfermedad, pero su legado continúa vivo en Cabrera, a través de sus hijos, todos músicos como él y de los muchos jóvenes del pueblo que le siguieron y hoy forman parte de un buen elenco de orquestas de León.

Su pueblo, Corporales, le ha homenajeado colocando una placa en su memoria en la Plaza del toro.
La historia de Moisés Liébana Voces es la de un hombre que supo combinar la dureza del campo con la belleza de la música. Pastor, campesino, maestro y artista, su vida dejó una huella profunda en La Cabrera, donde aún resuenan las notas de su saxofón y la gaita, como si las montañas guardaran en silencio la memoria de su música. 

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