"La abuela contaba que la infusión de ortigas curaba las mordeduras de los lobos"

Miguel Ángel Blanco, ingeniero forestal leonés y apasionado del mundo de las plantas y sus usos tradicionales, presentó en Murias de Paredes su libro de ‘Etnobotánica de los Valles de Omaña y Luna’, un manual de viejos recursos

28/06/2026
 Actualizado a 28/06/2026
Miguel Ángel Blanco Rodríguez ayer durante su conferencia en Murias de Paredes para presentar el libro ‘Etnobotánica en los valles de Omaña y Luna’. | L.N.C.
Miguel Ángel Blanco Rodríguez ayer durante su conferencia en Murias de Paredes para presentar el libro ‘Etnobotánica en los valles de Omaña y Luna’. | L.N.C.

Al joven roblano Miguel Ángel Blanco sus colegas del instituto le llamaban con cariño ‘el guiri’. Sumaba algo su carácter y ‘pinta’ cosmopolita, pero más sus gustos, por la montaña, la naturaleza... Él mismo lo cuenta: "Desde que era un crío, me aventuré a conocer la provincia leonesa, ya fuese mediante bicicleta, o caminando. En aquella época, me llamaban la atención los pueblos más recónditos, y también, las montañas más agrestes. Durante este tiempo, el objetivo era ir en búsqueda de la soledad, la paciencia y la calma, algo que nunca he dejado de hacer".

Abría así un camino que unos años más tarde tendría otro pasaje fundamental. "Durante el verano del año 2017, comencé a trabajar en el puesto de vigilancia de incendios de Cueto Rosales, el mirador por excelencia del valle de Omaña. El historiador y antropólogo leonés, Florentino Agustín Díez, ya describía este lugar como un paraíso zen en su libro Omaña: donde los montes suspiran. Allí, tras innumerables días de absoluta desconexión, contemplando con el asombro de un niño, la silueta que forman las cimas del Tambarón y el Cirbanal, se gestaron las primeras líneas de este proyecto", a las que siguió estudiar etnobotánica, en Ingeniería Forestal, aparece en su andadura su primer informante, Emiliano, cuya pasión le llevó a dar otro paso con el que también descubrió su pasión: "Esta experiencia vital despertó en mí la posibilidad de hablar con los últimos habitantes de los valles de Omaña y Luna con el fin de recoger la forma de vida y el conocimiento que habían adquirido, mediante la transmisión oral de sus ancestros, hacia las plantas del entorno. En aquel momento, intenté emprender la aventura de manera solitaria, lo cual, se hizo muy duro, pues, al fin y al cabo, yo era un completo desconocido para los habitantes de estos dos valles de la montaña leonesa. No fue sino, hasta el verano del año 2020, cuando conocí a Natalia y Alipio, quienes me dieron el empujón y ayuda necesaria para emprender el camino. Esta vez, acompañado".

Ya se intuye el camino que siguió Miguel Ángel Blanco, cientos de horas, decenas de informantes, más decenas de plantas, muchas de nombres autóctonos desconocidos lejos de su ámbito territorial... y la pasión que siempre pone aquel ‘guiri’ que hoy es el ingeniero Miguel Ángel Blanco.

"La corteza de acebo se cogía hacer cola, en el Suspirón había mucha. Cocían la corteza y se usaba para pegar cosas". (Barrio de la Puente)
"La corteza de acebo se cogía hacer cola, en el Suspirón había mucha. Cocían la corteza y se usaba para pegar cosas". (Barrio de la Puente)

Uno de los frutos de aquellos estudios es el libro ‘Etnobotánica en la Reserva de la Biosfera de los Valles de Omaña y Luna’, que ayer presentó en la Casona de Murias de Paredes, con una excelente acogida. Los asistentes, algunos informantes suyos y algunos familiares, disfrutaron de las historias de tantas plantas que encuentran en sus montes y paredes, de muchos árboles, de esos viejos usos de los que siempre se habla: "La abuela lo curaba todo con cirigüeña, hasta las mordeduras de los lobos" o frases similares, que son uno de los grandes valores de este libro en el Blanco Rodríguez ha trabajado duro. Les contó muchas historias más, hablaron de alucinógenos, de abortivos, de brevajes para el estómago, de productos tóxicos, de viejas costumbres... En definitiva, del conocimiento tradicional de las propiedades de aquello que nos rodea y que para muchos pueblos y familias fue una verdadera botica.

«El te de peña se usaba para todo, se recoge en agosto. Tenías que ir a las calizas, aquí son escasas». (Fasgar
«El te de peña se usaba para todo, se recoge en agosto. Tenías que ir a las calizas, aquí son escasas». (Fasgar

Les insistió Miguel Ángel Blanco en la necesidad de conservarlo, en su importancia, pues los informantes van desapareciendo. Muchos de los que lo hicieron con él ya no están. "Urge que la sociedad actual haga un esfuerzo para recuperar el conocimiento tradicional sobre las plantas. El hecho de dejar ir la sabiduría de estas comunidades se puede considerar como una pérdida irreversible y, en parte, existe una deuda hacia las gentes que han cuidado de las tierras que conforman los valles de Omaña y Luna. El territorio no será lo mismo sin estas personas. De hecho, basta con observar fotos antiguas del paisaje donde se demuestra que el territorio ya ha cambiado desde que comenzaron a abandonarse estos pueblos. Así pues, yo me siento con el deber de recuperar el conocimiento tradicional de la montaña leonesa. Este es el verdadero origen de este proyecto y el motor de este trabajo".

!El pericón sirve para muchas cosas, hasta para la depresión, en infusión. En aceite es bueno para las quemaduras" (Manzaneda de Omaña)
"El pericón sirve para muchas cosas, hasta para la depresión, en infusión. En aceite es bueno para las quemaduras" (Manzaneda de Omaña)

Y recuerda cómo esa sabiduría encierra otros muchos conocimientos, en su libro recoge un dicho que a él le gustó y nos ayuda a saber la longevidad ‘de las cosas’: "Una sebe dura tres años; tres sebes, un perro; tres perros, un caballo; tres caballos, una persona"; de ahí las matemáticas les llevan a las edades normales de los perros (9 años), de los caballos (27) y hasta de los humanos (81), que es lo que curiosamente defiende la OMS.

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"El negrillo es bueno para hacer los carros y llatas, palo horizontal que une los dos palos horizontales del cancillón. También servía para hacer los yugos". (Riello)

Saberes que adquieren más valor al comprobar que "en la actualidad, y por desgracia, la mayoría de los usos de las plantas que se han recogido no están presentes en la forma de vida de los habitantes de los valles de Omaña y Luna".

«Una vez nos mordió el lobo una oveja y le marchó la piel de la paleta de abajo, tenía una herida grande y con una infusión de agua de ortiga la curamos». (Salce)
"Una vez nos mordió el lobo una oveja y le marchó la piel de la paleta de abajo, tenía una herida grande y con una infusión de agua de ortiga la curamos". (Salce)

Como es inevitable la mayoría de los asistentes se iban al ‘anecdotario’, a los consejos y los usos, las frases de los informantes que Miguel Ángel Blanco recoge ‘tal cual’, es su gran aportación al libro -y el conocimiento-que cuenta con otras aportaciones científicas, como las de Natalia Castro, Estrella Alfaro, Roberto Aquerreta, Raquel Domínguez, Elicio Melcón de la Calzada o Samuel Álvarez Juan, que documentan los aspectos más diversos.

"La cirigüeña (o celedonia) tiene un látex que cuando éramos pequeños te dabas con ese látex y se te quitaban las verrugas". (Rosales)
"La cirigüeña (o celedonia) tiene un látex que cuando éramos pequeños te dabas con ese látex y se te quitaban las verrugas". (Rosales)

"Urge recuperar el conocimiento tradicional sobre las plantas, perder esta sabiduría sería irreversible y existe además una deuda hacia las gentes que han cuidado de estas tierras"

Pero de lo que hoy hablarán los lectores es de frases como "cortábamos hoja de roble, cortábamos varias ramas donde hubiera y algunas... Subíamos a podar los robles arriba a la cima del roble, los robles que tenían ya mucha extensión. Al conjunto de ramas con hoja le llamábamos fuchacos, se organizaban en fejes para dar de comer al ganado en invierno", que recogió en Vega de Caballeros; "con la corteza de acebo se hacer cola, en el Suspirón había mucha. Cocían la corteza y se usaba para pegar cosas", dicen en Barrio de la Puente, aunque, como es lógico para la supervivencia, la mayoría de los recuerdos son los vinculados a los usos terapéuticos, a la salud. "El te de la peña lo buscaban para las lombrices", le decían en Folloso, pero en Salce aseguran "es muy buena para hacer ganas de comer". Todo un mundo sobre el que habrá que volver.

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