Cuenta Fernando Rubio cómo en su constante brujulear por ese archivo leonés que es la memoria viva de los años setenta de repente le asaltan nombres que dormían en su memoria y su recuerdo le produce diferentes sensaciones. «Y muchas veces es la pena por el olvido de gentes que fueron verdaderos próceres de aquellos tiempos y de nuestra tierra».
Uno de ellos es el que hoy rescata:Santos Ovejero del Agua, a quien define a bote pronto: «Una gran persona, científico, universitario y lo que llamaríamos hoy ‘brillante emprendedor’. Una personalidad de trato afable y cercano como suele suceder con los hombres y mujeres realmente grandes».

Tuvo Rubio la suerte y el privilegio de poder conocer a Santos Ovejero, en sus diferentes facetas:«Pude verle trabajar con esa mezcla de disciplina y humanidad que solo poseen los maestros verdaderos. Tanto en su faceta de profesor universitario, en Biológicas, como más adelante, y ya por mi trabajo de reportero, en su faceta de investigador y empresario de Laboratorios Ovejero y de político como vicepresidente de la Diputación de León». Se cumple ahora el 120 aniversario de su nacimiento, un buen momento para recuperar su figura en un acto que, señala Rubio, «no es nostalgia, es justicia y gratitud pues los ingratos no tienen memoria, porque la ingratitud es hija de la soberbia».
Una de las actuaciones más destacadas, y muy olvidadas, de Ovejero del Agua fue su trabajo por la llegada de la Universidad a León. «No se le ha hecho la justicia debida ni en la historia de la Facultad de Biología ni en la propia génesis de la Universidad de León», aunque es cierto que gente como Elías F. Rodríguez Ferri reconocen que «se trata de un olvido difícil de justificar» o que Miguel Cordero en su trabajo La Universidad de León. De la Escuela de Veterinaria a la Universidad de León habla de su papel decisivo en la creación de la Sección de Ciencias Biológicas en 1961, «pero el libro conmemorativo del 25 aniversario de la Facultad de Biología (1995) no recoge una sola mención a su figura. Ni sobre aquel nacimiento, ni sobre sus responsabilidades docentes en los primeros años, cuando la Microbiología de Biología y Veterinaria avanzaba unida bajo su dirección».
No le cabe duda a Fernando de que Ovejero del Agua fue el arquitecto de la Universidad leonesa, «el arquitecto estratégico y el decisivo impulsor académico. Un impulso que otros como Emilio Hurtado, Miguel Cordero y las instituciones leonesas rematarían». Y así se constata como bajo su dirección la Facultad de Veterinaria se consolidó como un centro de referencia internacional en microbiología, «atrayendo a investigadores de medicina y farmacia y configurando una comunidad científica sólida y estable. La fundación de la Universidad de León en 1979 fue, en realidad, la culminación de una hoja de ruta que Ovejero había iniciado casi dos décadas antes, convencido de que el desarrollo de León pasaba por ampliar sus estudios superiores más allá de la veterinaria tradicional».
Con una brillante carrera académica y proyección internacional hay hitos empresariales fundamentales en la historia reciente de León. «Tras dirigir técnicamente Laboratorios Syva en 1941, Ovejero fundó en 1948 su propia compañía, asentada sobre la estructura de la sociedad Vibahirmón, trasladada desde Cáceres a León». De su mano llegaron hitos científicos incuestionables: «La construcción de la primera planta de liofilización en España para vacunas y desarrollo de la primera vacuna contra la lengua azul (años 50). El lanzamiento de la primera vacuna española contra la peste porcina clásica (años 60) o la expansión internacional, bajo su dirección primero, y posteriormente la de su hijo Juan Ignacio Ovejero Guisasola (desde 1983), la empresa abrió filiales en México, Argentina, Tailandia y Polonia».

No hay espacio, y ciertamente abrumaría, para un curriculum completo. Recuerda Rubio la entrevista que le hizo con motivo de su jubilación, en 1976, y de aquella cita, con el redactor José Luis Aguado, recupera frases que le parecen muy significativas sobre la filosofía vital de Santos Ovejero del Agua:«La madurez no tiene sentido de tristeza. Por muchas razones. Primero porque es un fenómeno biológico normal. El día que uno nace ya sabe que tiene que ir madurando», una idea que vincula a otro campo en el que ‘militó’:«En política el juego es sucio. La vida es un juego limpio. La madurez es un juego limpio. ¡Qué se la va a hacer!».
Y cierra sus recuerdos con su adiós, tomado de la necrológica de El País, de 1983: «Santos Ovejero del Agua, de 77 años, falleció el pasado martes día 22 en León. A primeras horas de la noche fue encontrado muerto en su despacho de un disparo en la cabeza que, al parecer, se efectuó él mismo».