Maxi custodiaba la historia de Feve en su cabeza y en su casa

Maximiano Díez, el de Palacios de Valdellorma, había dedicado su vida –y antes la de su familia– al tren Hullero e hizo de su casa un verdadero museo del ferrocarril

18/01/2026
 Actualizado a 18/01/2026
Maxi Díez rodeado de esa historia del viejo Hullero que guardaba en su casa y cantina, pero sobre todo museo, de Palacios de Valdellorma. | MAURICIO PEÑA
Maxi Díez rodeado de esa historia del viejo Hullero que guardaba en su casa y cantina, pero sobre todo museo, de Palacios de Valdellorma. | MAURICIO PEÑA

En una jornada como la de hoy, con buena parte de las gentes de la provincia de León volcada en la lucha contra el desprecio y el olvido de la línea de Feve, del viejo e histórico Tren Hullero, también sería un desprecio y un olvido que hasta esta sección de inolvidables no llegara Maximiano Díez, Maxi el de Palacios de Valdellorma, que llevaba la historia de este tren en la cabeza y la tenía además recogida en su casa, y la cantina que regentó en Palacios, pues la convirtió en un verdadero museo del Hullero; allí lo podías encontrar todo pero, sobre todo, podías escuchar a Maxi. “Trabajé casi 40 años en la empresa –concretamente 39 años, cuatro meses y diez días— e hice de todo en ella, estuve destinado en La Ercina, Valle de Mena, Puente Almuhey, Valle de las Casas, fui responsable de las brigadas entre Matallana, La Robla y León, capataz... el primero que llegaba a los accidentes” y a continuación te podía relatar como si fuera la tabla de multiplicar todos los accidentes, lo que él llamaba con lenguaje ferroviario “las veces que tumbó alguna máquina”, y añade los heridos, los muertos si los hubo, dónde viven sus familias, qué había sido de ellas: “Mira esta foto, es cuando se tumbó La 20, en Puente Almuhey y murieron dos viajeros”, para añadir sus nombres.

  • Maxi, ¿qué es la 20?

Y te miraba como enfadado. Sentías como si no saber lo que era ‘La 20’ fuera un delito, que lo era para él, que te sorprendía entonces nombrando cada una de las máquinas de la empresa con su número, desde la más antigua (la 1, claro) a la última en llegar. No se sabe muy bien si era una memoria prodigiosa o pasión por el oficio ferroviario. Lo más probable es que una suma de las dos cosas: “Primero las empezaron poniendo el nombre de las provincias. La 1 era León, la 2 Palencia, la 3 Vizcaya... la 11 era Matallana, la 12 Sabero, la 14 Valderrueda. Después pusieron los nombres de los ríos, la 24 era Esla, después el Porma, el Cea, el Carrión... después los accionistas de la empresa, Alejandro Gandarias...”

Natividad Díez, hermana de Maxi, también trabajadora de Feve, guardesa del paso del Portalón de Mataporquera
Natividad Díez, hermana de Maxi, también trabajadora de Feve, guardesa del paso del Portalón de Mataporquera.
  • ¿Qué has hecho para recordarlos a todos?

  • Nada, ha sido mi vida, y la vida de mi familia. ¿Tú no te acuerdas de los nombres de las personas que forman parte de tu vida?

¿Qué le dices? Nada, le escuchas (le escuchabas) y entiendes su pasión. “Tengo relación con este ferrocarril desde antes de que circularan los trenes y, por supuesto, entrara yo a trabajar. Mi abuelo, que era de Robledo de la Guzpeña, se enteró que pedían mano de obra para construir el ferrocarril y acudió, se presentó, y ya le contrataron. Cobraba tres reales, trabajaba de sol a sol y comía patatas con sebo. Después, como era buen obrero, trabajador y formal, ya se quedó en la empresa.” Y por la empresa pasó la siguiente generación, y entró Maxi y también otros miembros de su familia, como te contaba apuntando a una fotografía en la que se ve a una mujer haciendo señales a un tren con una bandera. “Es mi hermana Natividad, que fue durante muchos años guardesa del paso del Portalón de Mataporquera.”

Maximiano Diez, en su Cantina Museo en Palacio de Valdellorma
Maximiano Diez, en su Cantina Museo en Palacio de Valdellorma. | JESÚS DIEZ

Aquellas paredes de la cantina de Palacios eran el guion para seguir la historia de Feve de principio a fin, mientras por las estanterías encontrabas desde aquellos carteles de ‘No escupan en los coches’ o ‘Prohibido asomarse al exterior’ a gorros ferroviarios, billetes viejos de una peseta, lámparas, banderas, taquillas... lo que quisieras; y en la voz firme de Maxi muchas viejas historias, de compañeros vivos y muertos, de nevadas, de trenes tumbados, de noches entre la nieve, de visitas, del extraperlo, del tren lechero, de Cagancho el vendedor de rifas que siempre tocaban “en el otro vagón”, de que un vagón especial para transportar un cadáver costaba a 36 pesetas el kilómetro... y acababa explicando la importancia de aquel tren con una historia tan real como ilustrativa. “¿Usted conoce Matallana?”

Maximiano Diez, en su Cantina Museo en Palacio de Valdellorma. | JESÚS DIEZ
Maximiano Diez, en su Cantina Museo en Palacio de Valdellorma. | JESÚS DIEZ
  • Hombre claro.

  • Pues antes del tren no existía, era una explanada... y mira lo que es hoy, le da nombre a la estación.

¿Qué pensaría Maxi hoy cuando le dijeran que aquel pueblo que le daba nombre a la estación lo quieren borrar sin el más mínimo respeto por su memoria, por su pasión, por los 40 años que le entregó, por haber ocupado su prodigiosa memoria en contar una historia que no parecen respetar?

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