Maraña agradece como nadie la esperada irrupción del sol a mitad de semana después de un largo invierno de agua y oscuridad. "Nieve nada, apenas, para lo que suele caer aquí" comentan los vecinos que se van acercando a la Plaza de los Esquiadores, pues de este pequeño pueblo salieron grandes campeones del esquí, que protagonizan los paneles repartidos por el espacio central del pueblo. Allí está el gran Acacio, que tenía el comercio justo enfrente; Secundino, Cundi el cartero; también está La Nena, una pionera. "Aquí esquiaba todo el mundo, se iba a la escuela esquiando, al ganado en esquís… y Cundi repartía el correo, con unas nevadas terribles, esquiando". Los paneles dan fe de lo que cuentan.
- La pena es esto…
La frase parece un enigma pero al decir "esto" señalan hacia el cartel del Bar Calleja, nuevamente cerrado. "Y ya han pasado cuatro desde el program,a y la remodelación", explica Omar, el alcalde, que musita. "No sé qué pasa". Sienten especialmente la última pareja que se fue. Lo lamentan ellos, como le duele a Carlos, el maestro del colegio de Riaño. "Tenían, los tienen pero ya no están aquí, dos niños que venían al colegio; especialmente uno nos tenía enamorados, una pena…".
La solución para no estar sin bar (y centro social y punto de treunión...) sigue siendo siempre la misma desde hace unos años, Josu y su cantina, El Riosol (el nombre más propio de Maraña). José Eugenio Cascos, que así se llama el entrañable personaje, antiguo alcalde, podía llevar años jubilado pero no concibe dejar a su pueblo sin bar y tienda -las dos cosas es su establecimiento- y, como siempre, antepone su pasión por su pueblo, su amor por el lugar que le llevó a dejarlo todo para regresar, a su propio interés.
Sale a la plaza a tirar la basura y, como el resto de los vecinos, se queda un rato a celebrar el sol mientras un operario municipal coloca un panel de rutas por el entorno: "Todo está en orden; uno trabajando y ocho mirando, damos la proporción".
La verdad es que hay más vida que la contemplativa; las yeguas en la carretera antes de llegar, también atraviesan algunos tractores. Todo el mundo sabe quiénes son y hacía dónde van. "Tiene una yegua parida·" o "trae leña que este sol por la noche también se acuesta y hay que atizar"…, cuentan mientras recuerdan que aquí se sigue yendo a las suertes de la leña.

Cuando se acerca la hora del vino la actividad se traslada de la plaza al bar de Josu, auténtico centro social de Maraña. El personal va llegando. Joe Eugenio sabe lo que toma cada uno, incluso intuye los que van a llegar, "ahora vendrán unos de Burón, a la tortilla". Y en pocos minutos llegan, hay que aprender con velocidad los códigos del lugar, pues nada es cómo lo cuentan. "¿Señor cura, ya dijo misa?", "sí, pero paga tu que el cepillo estaba seco". Otro pregunta: "¿Dan de comer ahí en Burón, en el Choco o como se llame?". Y el cura responde: "Sí, pero caro y malo". Nadie se inmuta. Josu sonríe pues el cura no es cura y realmente es el padre del chaval del citado bar, menos mal que no abrí la boca…
Por cierto, reparan en que hay un forastero, llega Omar, el alcalde de Maraña, desvela quién es y resulta inevitable la pregunta y el giro en la conversación.
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¿Qué vienes, por lo de la cobertura del teléfono?
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Un poco de todo, pero ¿seguís sin cobertura?
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Desde el 3 de enero, vamos para dos meses. Ypara seguir.
Con el buen ambiente de la cita, las bromas, se va llevando el asunto, incluso ironizan con él, "igual es que se acabó el mundo y somos los únicos seres vivos sobre la tierra y no quieren que nos asustemos…" hasta que llega un momento que se produce "un aldabonazo", la constatación de que el abandono y la falta de vergüenza de la empresa (Telefónica/Movistar) y quienes algo pueden -y deberían- hacer no es ninguna broma. Por allí anda Vicente, un antiguo trabajador de las recordadas minas de mercurio de los montes de Maraña…
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Vicente, saca "la medalla".
Lo que ellos llaman la medalla es un dispositivo de teleasistencia por el cual si tiene alguna complicación en aquella enfermedad que padece aprieta el botón y se conecta con el servicio de urgencia. Pero matizan.
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Se conectaría… si tuviera cobertura; así como el que tiene tos y se rasca… (ya se sabe cómo sigue el refrán).
No es ninguna broma. Yhay más gente mayor por el pueblo, otras necesidades.
Lo sabe bien Omar, el joven alcalde, que lleva dos meses peleando contra un muro, se ha visto obligado a denunciar… "y claro, ahora tenemos que ir a una conciliación y a pagar 500 euros. Somos uno de los ayuntamientos más pequeños de la provincia, estamos como para competir con multinacionales y gastar el dinero que no tenemos. Es una locura".
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¿Cuántos vivís en Maraña?
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En invierno alrededor de treinta, los fines de semana vuelven muchos, en verano muchos más pero… y mucha gente mayor.
Repasan los vecinos en el bar el vecindario, hacen recuento casa por casa, le ponen nombres a todos, dolencias, edad, profesiones…

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¿Cuántos ganaderos hay en el pueblo?
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Cuatro, o cinco con uno que se va a incorporar.
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Más de 100, ciento cinco llegó a haber en Maraña; reflexiona Vicente.
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Y, sin embargo, cabezas totales de ganado igual hay parecidas ahora con cinco que antes con 100.

La enorme tortilla de Josu se va consumiendo, el personal comienza a regresar a casa, los que permanecían en la plaza al sol también, nadie le reprocha a Omar nada de la cobertura. "Saben todos que hace lo que puede… pero nos vacilan", explica Josu.
Y el presunto cura da una idea: "Habrá que hacer una pancarta. Don Movistar, aquí seguimos, sin cobertura".
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¿Y?
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Pues ni puto caso… era por dar una idea.
El inolvidable:cundi, el olímpico
Tiene este suplemento dominical una sección llamada "los inolvidables", aquellos vecinos que dejaron una huella indeleble en sus pueblos. Habiendo estado en Maraña, un pueblo que tiene una plaza llamada de los esquiadores, es inevitable recordar a Cundi, Secundino Rodríguez, esquiador, olímpico, integrante de la selección española de la época de Paquito Fernández Ochoa y la otra gran promesa del esquí español.
Hay muchos esquiadores en Maraña, de diferentes generaciones. En la anterior se repite el nombre de Acacio pero del que más se habla es de Cundi, pues tenía madera para ser uno de los más grandes del esquí español pero una gravísima lesión —"por bruto, como si fuera de Maraña"— le apartó de su deporte después de haber estado en una olimpiada y dos mundiales siendo un chaval… "y para colmo murió joven, de cáncer", te cuentan, para cerrar el círculo de las desgracias de este deportista y excelente persona, cartero rural en la comarca, en un oficio en el que le vino muy bien su experiencia como esquiador pues no fueron pocas las ocasiones en la que "el cartero" llegó al último rincón esquiando.

De Cundi te cuentan y no paran. Nacido en 1948 (falleció en 2015) había estado en la Olimpiada de Grenoble —con Ochoa— aún muy joven pero dejando destellos de gran calidad. Con solo 24 años sufrió una gravísima lesión que truncó su carrera. Siempre te la cuentan en Maraña, no se olvidan de cómo en 1972 sufre una lesión gravísima que cortó su carrera. "Estaba en un campeonato que se suspendió por la niebla; dicen que no se veía nada por lo que les pidieron que cogieran los remontes bajaran... Pero Cundi, que era de Maraña, dijo que bajaba esquiando y chocó contra una gran máquina que estaba trabajando en las pistas. El destrozo fue irreparable". Aunque sigue siendo el único esquiador leonés presente en una Olimpiada y dos mundiales.

Se ganó después el cariño de sus vecinos, los de su comarca y sus compañeros carteros por su tremenda humanidad y generosidad; un inolvidable cuya memoria tampoco es suficiente para que a sus vecinos les llegue esa cobertura de teléfonos que les niegan.

