A Madrid en baranchones

'Candemuela. Cuando en Babia había molinos', es el libro de memoria y recuerdos de este pueblo, escrito por Bernardo R. Hidalgo que este sábado se presenta en Madrid

17/10/2026
 Actualizado a 17/10/2026
Los integrantes del grupo lacianiego D’Urria llevan trabajando juntos desde el año 2018. | CRISTINA VELASCO
Los integrantes del grupo lacianiego D’Urria llevan trabajando juntos desde el año 2018. | CRISTINA VELASCO

No es habitual que una monografía sobre un pueblo de León, de Babia en este caso, se acabe presentando en Madrid. Pero tratándose de Babia y de Candemuela... es posible. De hecho se presenta este sábado, con comida de por medio, a las dos y media de la tarde en la Cervecería Leonesa ubicada en la calle Flor Baja de la capital de España. Con el autor, Bernardo Rodríguez Hidalgo, y el editor, Martínez Reñones, estará el periodista leonés Óscar Campillo y, a buen seguro, no faltará algún vecino ilustre del pueblo afincado en Madrid, como el comisario ya jubilado Segundo Martínez.  

Decía el autor, con evidente modestia, en una entrevista con David Rubio publicada cuando vio la luz que el libro «es manifiestamente mejorable» en clara referencia a que no se trata de un libro de historia al uso —aunque lleva documentación histórica—sino de un volumen de recuerdos y vivencias, fruto de su preocupación —compartida con el ex alcalde Basilio Barriada— de que hay muchos asuntos, costumbres, palabras o topónimos de Candemuela que iban a desaparecer si no se recogían en un libro como el ya publicado, ¡Candemuela. Cuando en Babia había molinos¡; en la que utilizan estos edificios como ‘sinónimo’ de todo lo que se puede perder. De hecho, no eran los molinos el motor de la idea: «La idea original era incluir los nombres de los lugares de Candemuela en la colección de Toponimia de Ignacio Prieto Sarro», le contaba Rodríguez Hidalgo a David Rubio en la citada entrevista . 

Imagen cande portada
Portada del libro.

Y al igual que los molinos solo son una disculpa, una imagen, lo mismo ocurre con este viaje de presentación a Madrid «en baranchones», que no es más que un calzado tradicional de esta tierra en el que evidentemente no van a ir a Madrid. O sí, que no en vano coincide con el día en el que ‘sus hermanas’ las madreñas toman las calles del centro de León. Por cierto, los baranchones son «un tipo de antiguas raquetas adaptadas a las grandes nevadas que caían en esta tierra» y para las que no son eficaces las madreñas, en el considerado uno de los muy escasos defectos de este calzado. Tampoco parecen tan modernas estas raquetas que ahora se llevan en las populares ‘raquetadas’.

Sin salir de la nieve nos podemos encontrar con otro de los grandes valores del libro, la recuperación de numerosas palabras que a las nuevas generaciones apenas les dicen nada. O sin el apenas. Suma a los baranchones, las espalás, los turrichus, el pionono, la borra, la debura (tampoco han inventado la leche desnatada), la gabitera, las antojanas... y un largo etcétera que el libro recoge. 

Solo en el ‘mundo’ de la nieve, ya que de él hablamos, más allá del blanco elemento (y la nevadona de 1953) las gentes de Candemuela, y otros pueblos, hablan de muchos temas hoy extraños. Sirva un párrafo de ejemplo: «Algunas veces, el tiempo cambiaba, dejaba de hacer frío y pasaba a llover. Decían que estaba de ‘blandura’. En las güelgas y caminos la nieve se empapaba de agua y se formaban farzadas y, a pesar de las socorridas madreñas, si no se extremaban los cuidados, se ponía uno ‘pingando’. Estas lluvias podían causar serios problemas en las casas de teitos de paja...». Y especialmente llamativo es el apartado de los topónimos —algunos sugerentes nombres de especial belleza— o las tradiciones comunales, como ese pan de los pobres que bien haríamos en reinventar.

A ver si en Madrid lo entienden. 

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