Y en ese momento reaparece en su vida algo que ya había formado parte de ella, el deporte, nuevamente el balonmano. «En mi época de jugador del Ademar coincidí con Óscar Perales, que es ahora el responsable del equipo paralímpico y comencé a entrenar y jugar con ellos. Es un nuevo reto que me ofrece posibilidades que antes no tuve, como ir a la selección española, a la que en mi época en activo no pude llegar».
Pero también a este nuevo aliciente vital de Víctor le pone trabas la vida. Necesita el leonés una silla especial para competir «que cuesta una pasta», más de 7000 euros la más básica. «Ahora estoy jugando con una que me ha cedido de Federación, pero que sólo es temporal, hasta que me haga con la mía». Y se ha puesto manos a la obra, con una campaña de crowfunding, y otras iniciativas, como la que esta noche de hoy sábado organiza el bar Sailor (en la Palomera) de una corta de jamón solidario, en el que lo recaudado con las tapas irá destinado a ayudar en la compra de la silla para Víctor.
No creo que los leoneses dejen a este deportista en la estacada, sin su sueño paralímpico.
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