Y Rosa le contó que «somos cazurros, que así les decís a los de León» y que a ella le gustaba mucho leer, pero «yo soy de novelas del oeste, de Marcial Lafuente Estefanía, que todavía leo tres o cuatro a la semana, que me las baja la hija a León y las cambia en un quiosco por 60 céntimos... De toda la vida lo hice así, antes más baratas, claro».
- ¿Y cuánto medía el sheriff?
- Siete pies, y rápido con el Colt 45 como nadie.
Rosa cuenta y cuenta, canta y canta, «tengo los villancicos enteros porque en Nochebuena fui con los hijos y no son de cantar, ni llevé las panderetas».
Y, sin insistirle, empieza con un clásico, ‘Los peces en el río’, y otro clásico, la pandereta.
- Siendo pescadora, ¿qué otro villancico ibas a cantar?
- Deja, que una cosa no quita para la otra, que antes en los entierros se cantaba el réquiem y ahora si te descuidas aparecen cantando una jota o un pasodoble.
Y sigue contando historias. En la entrevista anterior recordaba cuando salía a pescar en los ríos de la comarca los 365 días del año y si la pillaban en falta ella misma le decía al guardia. «Usted denuncie, que está en su derecho, pero ya le aviso que voy a pagar la multa con lo que saque de vender lo que pesque por la tarde». Ahora recuerda sus años en Asturias, trabajando. Rosa, irrepetible y sin tapujos.
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