Ocho días «compartiendo desayunos, conversaciones y tiempos de descanso» son los que han permitido que el proceso creativo del leonés Marcos Rodríguez Díez «nazca desde lo cotidiano». Así lo explicó este martes desde el interior de La Fontana de Armunia, gestionada desde el Programa de Protección Internacional (PPI) de San Juan de Dios, el joven seleccionado en la segunda edición del Programa de refugio creativo ‘Residencias artísticas Ana Mendieta’. Una convocatoria que le ha permitido desarrollar su proyecto cinematográfico ‘Lo que no entra en un cuadro’.
«Tenía mucho interés en hacer una especie de trabajo colaborativo con el cine», relata en una conversación con La Nueva Crónica: «Un trabajo comunitario que implicase a la gente más allá de ser retratado; que las personas cogiesen la cámara y pudieran jugar un poco a hacer cine». Lejos de querer plasmar en fotogramas los relatos de los refugiados que residen en el enclave de la localidad leonesa, construyendo de esa manera una cinta documental «al uso», el cineasta enfocó su objetivo en «aprender del sitio y de las historias de las personas que lo habitan».

«Titulé el proyecto ‘Lo que no entra en un cuadro’ porque habla mucho de todos esos momentos de preparación, de rodaje detrás de cámaras», continúa Marcos Rodríguez Díez, conocido en los créditos como Marcos Roddie: «Creo que ahí esta el quid de la cuestión: en cómo cogemos la cámara, por qué elegimos hacer un planto y no otro, por qué elegimos contar una cosa o no contarla». Es por eso que el leonés no ha rehuido la improvisación. Han sido las tareas del cotidiano día a día lo que le han empujado a pulsar el botón de encendido, sin conceder demasiada importancia al guion, pues, en sus palabras, «siempre vas con ideas preestablecidas y la realidad misma te las cambia. Eso es muy bonito».
No sabé el cineasta con exactitud cuántas personas de La Fontana se han visto involucradas en la grabación de ‘Lo que no entra en un cuadro’. Sí tiene clara la relevancia de su colaboración. «Hemos intentado que todo el mundo coja la cámara; que quien no quisiese salir en pantalla, estuviese al sonido o, por ejemplo, ayudando con el guion o las entrevistas», apunta: «Empezamos el primer día con una asamblea en la que intentamos decidir –eso siempre es difícil– de qué queríamos hacer la película». En aquella primera reunión se congregaron una veintena de personas y, desde entonces, «el número ha ido fluctuando», aunque –asegura Roddie– «ha estado muy involucrado todo el mundo».

No es poco decir, pues en el espacio gestionado por San Juan de Dios conviven más de 80 personas llegadas desde diferentes puntos de todo el mundo. «Es una Torre de Babel», considera el responsable de un proyecto cinematográfico que ha contado estos días con la participación de oriundos de Palestina, Siria, Guinea, Mali, Venezuela, Túnez, Marruecos y Ucrania. Son únicamente las nacionalidades que el leonés es capaz de recordar. «Al final, todas las historias creo que muchas veces ya las conocemos», regresa Marcos Roddie al origen de su pieza: «‘Lo que no entra en un cuadro’ intenta que estas personas que necesitan refugio, que están en un centro como La Fontana y que se integran en una sociedad no sean vistas como víctimas, sino que sean vistas incluso como directoras de su propia película y de sus propios relatos porque tienen que ser ellas las que decidan qué quieren contar».
Por eso tiene su proyecto testimonios y planos habituales que reflejan a un protagonista respondiendo preguntas, pero también otros más experimentales que tienen que ver con, por ejemplo, la celebración del carnaval. O la creación de escenas más propias del género ficción. «No tiene que ser un documental al uso», reitera su director: «Puede ser un híbrido, que me gusta bastante».
Lo que tiene ahora el cineasta leonés por delante es un largo proceso de montaje. «La película también se escribe ahí», opina: «Ya ha pasado el rodaje, pues ahora a reposar el material, mirarlo con calma y ver un poco cómo lo vamos hilando aunque haya un hilo ya buscado». Sin plantear una fecha para ponerle a ‘Lo que no entra en un cuadro’ su punto y final, el leonés Marcos Roddie ya piensa en su presentación en La Fontana: «Muchas de las personas que han participado ya no estarán, pero los relatos de personas que tienen que escapar de su país por las guerras, por motivos políticos o de orientación sexual son tan universales que creo que mucha gente se va a sentir representada en cierta forma».
