La risa y el asombro son los pilares que sostienen la gala internacional, que este martes vuelve con tres nuevas representaciones La risa y el asombro son los pilares que sostienen una gala, donde tampoco falta el aliento poético, aquel que logra insuflar a cada uno de sus números el mago español Miguel Muñoz, distinguido este año con el segundo premio del Congreso Mundial FISM celebrado en la ciudad italiana de Rimini. Un mago capaz de tocar la fibra sensible del espectador. De Suiza llega Erwan, un ilusionista que realiza efectos muy visuales con aves, algunas de ellas palomas, que forman parte de la mejor tradición de números de magia. De Francia y con todo el aparataje que uno se pueda imaginar llega la compañía Kamyleon, integrada por cinco personas para ofrecer al público leonés las grandes ilusiones, una especialidad que nunca debe faltar en un festival con aspiraciones a convertirse en uno de los grandes referentes internacionales dentro del mundo de la magia como es el de León. Pero sin duda la gran apuesta de Juan Mayoral para esta edición número doce es la Escuela de Corea, que ha usurpado el liderazgo mundial a holandeses y franceses que lo ostentaron décadas atrás. Han Seolhui y Ted Kim han asombrado con la capacidad del primero para manipular discos compactos, que aparecen y desaparecen de sus manos, y el segundo manipulando proyecciones de vídeo sobre su propio cuerpo.