José Luis Gutiérrez 'Guti': "Hemos superado por fin esa España de ridiculizar lo rural"

El contador de historias zamorano protagoniza el último encuentro del ciclo ‘Café diálogo’ el miércoles 25 de marzo

22/03/2026
 Actualizado a 22/03/2026
El contador de historias zamorano recibió el Premio Diálogo de 2021 por su trabajo de recopilación y difusión de la cultura popular. | CEDIDA
El contador de historias zamorano recibió el Premio Diálogo de 2021 por su trabajo de recopilación y difusión de la cultura popular. | CEDIDA

Natural de Zamora, son muchos pueblos de su provincia, así como de León y Salamanca, los que José Luis Gutiérrez ha ido recorriendo a lo largo de su trayectoria. Conocido como Guti en su faceta de contador de historias, en el año 2021 recibió el Premio Diálogo por su trabajo de recopilación y difusión de la cultura popular. Ese reconocimiento es lo que funciona como acicate para el encuentro programado para este miércoles, 25 de marzo, en la capital provincial. El zamorano se convertirá desde las 17:00 horas en protagonista de El Cafetín de la mano del último encuentro del ciclo ‘Café diálogo. Conversaciones para el tardeo’, puesto en marcha por la Fundación Jesús Pereda de Comisiones Obreras y La Nueva Crónica.

– Gaitero, cantador, bailador, pero sobre todo contador de historias. ¿Qué historias cuenta? 
– Yo me acerqué a la etnografía, como muchos jóvenes, a partir de la infancia, prácticamente a través del baile y de la música. Empecé a recopilar cosas de folclore por los pueblos, pero después a lo que me di fue a contarlo. Lo que yo he metido como extra es la narración, que es una de mis dos actividades vitales; la otra es la de ingeniero forestal, que van muy de la mano las dos, pero por lo que destaco, como más trabajo ahora es como contador de historias, tanto escritas como orales. De hecho, ahora mismo estoy en Canarias en un festival de narración.

– ¿Por qué contar esas historias?
– Cuando yo empecé a recopilar folclore y a hablar de las vidas de la gente, tenía un compromiso. Muchos viejos me han dicho «no me olvides» o «que no se pierda lo que yo sé». Lo que hacemos los contadores de historias es ser depositarios de cosas que se estaban acabando y a las que nadie había puesto oídos. Hay una generación que se crió sin medios de comunicación prácticamente, que todo lo que supo lo aprendió de manera oral y pocas veces escrita por parte de sus mayores. Tenían los saberes increíbles que nos depositaron con esa condición. Entonces yo creo que nuestro compromiso está ahí, en que no se pierda, en el recuperar la cadena de transmisión entre los mayores y la sociedad actual. Ahora, aunque pensábamos que estaba todo perdido, gracias a las redes y a los medios de comunicación, estamos viendo un auge tremendo. Ahora hay un verdadero fenómeno en redes sociales que es recuperar vídeos de gente que murió hace 50 o 60 años haciendo las cosas que se hacían en el siglo XIX o principios del XX. Hay mucha gente que grabó en los 70, en los 60, en los 80, en los 90 y ahora todos esos archivos están aflorando y nos dan una nueva visión de lo que fue un baile chano en la montaña de León o un baile en el Bierzo o en la Maragatería.

– ¿No es paradójico? Las redes sociales aparecieron llevándose con ellas parte de una tradición oral que ahora recuperan con sus algoritmos.
– Realmente, yo creo que la transmisión oral no se la llevaron las redes sociales, sino que fueron más los medios de comunicacióm: la radio, la televisión y la cultura escrita, que es lo que definitivamente marca la diferenncia. Lo que pasa es que ahora, con las redes sociales, ha habido una democratización de los saberes acumulados. No es que se estén trasnmitiendo de nuevo, sino que mucha gente que los tenía guardados en archivos personales o familiares o lo que hay en el archivo de Radio Televisión Española –que es impresionante todo lo que se grabó durante tantísimos años por los pueblos– está volviendo a circular, ha vuelto a aflorar. En esto tienen mucha culpa también todos estos fenómenos que estamos teniendo de nuevos músicos, jóvenes que se dedican a la música tradicional o cosas parecidas a la música tradicional, como Rodrigo Cuevas.

– El etnógrafo salmantino afincado en León José Luis Puerto decía hace poco que «a medida que el mundo rural muere, muere también la tradición oral». ¿Es así?
– La transmisión oral en el mundo rural desaparecerá porque desaparecerá el mundo rural. Estamos en muchos sitios de Zamora, Salamanca y León en un punto de no retorno, donde el vaciado poblacional es tan grande que ya no da para hacer nada. Si no hay comunidad suficiente para hacer fiestas colectivas, pues no se harán y esa parte de la tradición va a desaparecer sí o sí. Y así con otras muchas cosas: el problema es ese, que no hay población. En los años 90 tú podías ir a muchísimos pueblos de León o de Zamora y juntar diez, 15, 20 pandereteras y 40, 50, 60 parejas bailando la jota, pero eso ahora ya no. ¿Cuál es la esperanza? Que allí donde queda un poquito de gente sí hay comunidades que ya no ven la cultura de sus mayores como algo atrasado, algo pasado, algo a olvidar. Hemos por fin superado esa España de ridiculizar lo rural para apreciarlo en lo que es. Y ahora ya hay gente que entiende que comer un trozo de queso de sus propias cabras y comer un pan amasado en el horno de su pueblo es mucho mejor que irse el fin de semana al McDonald’s de Espacio León.

– ¿Por qué es necesario conservar y proteger esa tradición oral, esa cultura popular encarnada en las gentes de los pueblos?
– Hay muchas razones. La primera es porque de los saberes populares depende la gestión del medio. La gestión del medio y la conservación del medio depende de los conocimientos que durante milenios pobladores de nuestra tierra fueron desarrollando. Todo lo que hemos pasado este verano con los incendios en gran medida es por la pérdida del estilo de vida tradicional y de los conocimientos tradicionales. Cuando nadie se acuerde de esos conocimientos, ya nadie sabrá cómo se riega o cómo se siembra o cómo se cultiva o por qué en esta zona se cortaba la leña en esta época. Esa es una; la otra es porque el que no conoce su historia está condenado a repetirla. Y cuando escuchamos a los viejos hablar del hambre, de la guerra, de la peste, de las antiguas pandemias, de las injusticias... Si olvidamos esas enseñanzas estamos condenados a caer en lo mismo. Y después, por supuesto, el conocimiento de lo que hizo felices y divirtió, en mi caso con la narración, a tantas generaciones, es un poco irresponsable pensar que es mejor que se pierda y entregar a nuestros niños, en vez de a los cuentos tradicionales, a que jueguen con el móvil durante horas.

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