Tras la extraordinaria y completa muestra celebrada en el ILC José de León vuelve con su trabajo más reciente a la galería Ármaga. La obra que presenta la ha hecho en el invierno y primavera de los años 25 y 26. En el verano suele preparar telas, y bastidores desde julio a septiembre. Cuando comienzan los fríos en otoño se dedica a pintar, y lo que ha realizado en estos dos años es excepcional. No se ciñe solamente a lo que se ve en la galería; hay otros quince cuadros que no ha podido incluir.
Una realidad comprobable en esta exposición es la presencia de un fuerte y brillante colorido que el autor quiere destacar: «Muchas veces estás saturado del color, porque el color es la aristocracia de la pintura y esta exposición yo la he viso desde fuera y he pensado ¡Qué color hay aquí!». Sin embargo hay obras carentes de color sobre los que explica que son cuadros de la época de la pandemia: «Yo los cuadros los hago, e igual después de unos meses o años los retomo porque el cerebro va avanzando y tú ves un cuadro y no sabes acabarlo o piensas que está acabado y pasa un tiempo y dices «a este cuadro le faltan negros o contraste», es lo que me ha pasado concretamente en estos».

La exposición de José de León tiene una gran variedad de momentos, de formas, de escenas en las que se puede ver su evolución y cómo va modificando y extrayendo en su pintura todo lo que el artista tiene en su interior, con esa mirada poética que traslada ante el espectador las formas más sugerentes que desea introducir de la forma más hermosa y agradable, llenas de color y plasticidad. «Un pintor siempre va y viene como las olas del mar, como el amor, uno no es un pintor de método, que coge una fórmula y todos sus cuadros son iguales con el mismo método», relata: « Yo soy un pintor y tú conoces que esa es mi obra por la delicadeza con la que trabajo los cuadros, la mano que los hace, pero también el sentimiento, el mundo afectivo, todas las circunstancias y los momentos que determinan el trabajo, incluso el estado de salud... Eso hace que en un momento vaya decantándome hacia el color, ¿Que me canso del color? Pues vuelvo, porque soy libre, soy un pintor libre, honesto y sincero en el sentido de que hago lo que quiero, y aunque tengo una galería en la que vendo cuadros no tengo que ajustarme a pintar lo que ellos quieran que venda. José de León no hace eso, es libre como el relámpago y truena cuando tiene que tronar».
Ha realizado una serie de mándalas que son cinco cuadros de círculos, aunque solamente aparece uno en la exposición. Más que series si atendemos a la cronología, los grandes son del 25 y los pequeños son a partir de octubre del 25 hasta mayo, hasta hace dos días del 26, que es lo que llevamos.
La evolución de su trabajo se ha ido desarrollando a lo largo de este tiempo, aunque con algún parón como reconoce: «Pasé un momento con algunos problemas de salud y a partir de ahí lo retomé con más ímpetu, ha salido el color con mucha fuerza y hay una serie de cuadros en los que predominan las esferas, los óvalos, llámalos huevos que salen del cuadro y las líneas». El artista, además, quiere aclarar la razón por la que trata de introducir esa serie de elementos en su obra: «Los óvalos son como globos de oxígeno, porque yo tiendo mucho al barroquismo y para eliminar tanto bullicio, le meto un óvalo, le doy luz, le doy el volumen; es una forma de limpiar la selva donde hay tanto griterío y abigarramiento. Eso es una temática abundante en esta última etapa, en estos tres últimos años cuando utilizo mucho este elemento que es el óvalo, que puedes decir que es un huevo porque son elementos ovaloides y la línea. Estoy como volviendo en una cuestión metafísica, al punto y la línea que se hace óvalo o circunferencia».

Acerca de lo que pinta: la Naturaleza, los animales, las formas diversas, las figuras, los grupos de personas en cuevas o en el cielo, todo ello lo va desgranando, y aclara algunos aspectos de su modo de pintar: «Aparecen caras en muchos cuadros, porque yo cuando pinto estoy en un estado catatónico, de inconsciencia total, entonces me surgen imágenes y digo a lo mejor este tipo existió, porque yo estoy en un estado Zen totalmente comunicando, porque yo punto mucho por la noche y en ese momento que estás tú en plena connivencia con los magos, con las hadas, con los brujos, con la metafísica, con los dioses, con los espíritus, te vienen imágenes que de una forma inconsciente afloran, como las florecillas del campo y últimamente pinto animales, porque yo soy muy amigo de los animales, soy un ser muy sensible que no lo aparento porque soy muy salvaje».
Tiene como proyecto el de seguir vivo, estar cada vez más centrado. «Estoy con una continua curiosidad por lo que pasa en el mundo, la geopolítica sobre todo y de vez en cuando, cuando pinto pongo youtube y ya tengo mi dosis de geopolítica porque está el mundo como está. Es como un novelón. Una vez que he agotado el cupo de la geopolítica digo: voy a ver Sócrates que decía, Niestzche, Sopenhauer... yo me identifico mucho con Spinoza que escribió que Dios es la Naturaleza y le apartaron en su época», explica.
A través de sus palabras se puede constatar que su forma de pensar está continuamente en ebullición y unida de algún modo a la realidad en la que nos encontramos inmersos.Eso se traslada a sus cuadros, que si por algo destacan es por su variedad, su colorido y los temas que aborda desde todas las posibles perspectivas dando una vitalidad a cada una de sus escenas que las hace reconocibles en todo momento y lugar. Su obra, como él mismo dice, es la obra de un espíritu libre.
Este jueves, a las 20:00 horas, tendrá lugar el coloquio ‘La omnipotencia del sueño’ con Fernando Castro Flórez, crítico de Arte y comisario.
