Jonathan Notario: "Cuando ves el documental tienes que disfrutar del relato"

El artista leonés es el artífice del proyecto audiovisual ‘Paredes de azúcar’, una reconstrucción en clave emocional de la antigua azucarera de Santa Elvira, que fue seleccionado por la Fundación Villalar-Castilla y León para sus becas de creación

Joaquín Revuelta
13/05/2020
Cartel del corto documental ‘Paredes de azúcar’ becado por la Fundación Villalar. | JESÚS R.R.
Cartel del corto documental ‘Paredes de azúcar’ becado por la Fundación Villalar. | JESÚS R.R.
'Paredes de azúcar (Una reconstrucción emocional de la Azucarera Leonesa)’ ha sido uno de los nueve proyectos seleccionados el pasado año –uno por cada provincia– por la Fundación Villalar-Castilla y León en la edición correspondiente al año 2019 de sus becas de creación artística contemporánea dotadas con 12.000 euros para financiar durante un año cada uno de los proyectos. Jonathan Notario es el artífice de un singular trabajo audiovidual que aúna imagen real con animación a base de maquetas y recortables con el que el autor pretende ahondar en la memoria e historia de la azucarera leonesa mediante la recopilación de testimonios y recuerdos expuestos por dos antiguos trabajadores de la fábrica. El jurado ha valorado «el uso de métodos tradicionales, como la recopilación testimonial, combinados con procedimientos estéticos de recreación también vetustos y, sin embargo, fértiles por su fuerte carga estética, debida a su desuso y, pese a ello, estrecha relación con tendencias actuales».

No deja de ser curioso que los dos últimos trabajos de artistas leoneses becados por la Fundación Villalar-Castilla y León, como es el caso de ‘La espiral maravillosa’ de Isabel Medarde y el aquí comentado ‘Paredes de azúcar’, de Jonathan Notario, sean audiovisuales que han optado por la reconstrucción histórica a base de creatividad. Con relación a ‘Paredes de azúcar’ resulta aún más evidente el parentesco formal que este trabajo tiene con otro proyecto anterior del artista leonés, ‘Experimentos para transformar la fe en energía’, que también fue seleccionado en las XVII Becas AlNorte de Apoyo a Proyectos Expositivos Noveles 2018 y exhibido en octubre de 2018 en el Centro Niemeyer de Avilés. «Yo, como la mayoría de los artistas en España, nos movemos entre concursos y becas. No es la mejor situación, pero es la que hay. En este caso no es tanto por el dinero que te dan para realizar el proyecto sino también porque te avala una institución que da la importancia y el reconocimiento a tu trabajo», sostiene Notario, para quien el elemento que vincula ambos proyectos es el uso de animaciones y maquetas realizadas en papel y cartón.Jonathan Notario se muestra muy satisfecho del resultado final de ‘Paredes de azúcar’, pese a ser consciente de que la técnica de animación utilizada se adapta peor a un contexto documental como el que aquí nos ocupa. «Era plenamente consciente de esa dificultad pero lo asumí como un reto personal, como en parte también lo fue ‘Experimentos para transformar la fe en energía’. En ambos casos se trataba de juntar realidad con ficción. Mi idea inicial en el caso de ‘Paredes de azúcar’ era volcarme mucho en la parte estética pero cuando me metí en la parte documental me di cuenta de lo que importaba realmente eran los testimonios y recuerdos de sus protagonistas, con los que tenía que ser muy respetuoso y eso me encorsetaba mucho respecto a la parte más creativa», reconoce el artista leonés, que entre las colaboraciones especiales pudo contar con el concurso del poeta y Premio Cervantes, Antonio Gamoneda, una presencia que a criterio de este cronista se queda un poco corta. «Lo cierto es que grabamos bastante más, pero en el montaje opté por reducirlo porque pensaba que una lectura más prolongada afectaba al ritmo interno del documental. Si hay ocasión de hacer una exposición con todo el material del corto incluiré íntegramente la lectura que hace Gamoneda del relato», señala Notario, quien también incorpora otras voces, como las de los extrabajadores de la azucarera de Santa Elvira, Juan Carlos Aguilera y Miguel Ángel Cueto; la del investigador y experto en arquitectura popular, Juan Carlos Ponga, y la de la escritora Conchi Salomón, que vivió en las antiguas casas de la azucarera y que aporta una vena poética con la lectura de sus recuerdos y que sirve de contraste a los otros testimonios más coloquiales de Aguilera y Cueto. «Su parte tiene más de relato y de cuento, y además conecta con el prólogo de Gamoneda», comenta el cineasta, que por desgracia no llegó a plantearse la alternancia de las dos voces literarias.

Lo que supone un gran acierto es la utilización de la banda sonora, como ya lo fue en el caso de ‘Experimentos para transformar la fe en energía’, recurriendo esta vez a la música clásica con la certera elección de los Nocturnos de Chopin que le dan una dimensión muy melancólica al proyecto. «Utilizo la música de una manera que no se hace mucho ahora pero sí era habitual en el cine de los años ochenta. Para mí la música es importantísima, hasta el punto de convertirla en un personaje más de la historia. Además disfruto muchísimo incorporándola en los momentos en que yo quiero que tenga más presencia y se trata de un trabajo muy milimetrado y equilibrado, pues en el documental también hay partes en las que prescindo de ella», señala Notario, que sigue de esta manera el consejo de un amigo, también cineasta, relativo a la importancia de dosificar mejor la música para obtener un efecto aún mayor cuando ésta hace acto de presencia. «Respecto a la música siempre tienes el problema de no poder contar con una partitura original porque encarece mucho el proyecto y al final siempre recurres a piezas de música clásica que estén libres de derechos. Para ‘Paredes de azúcar’ quería una música de piano y encontré esta pieza de Chopin que se adaptaba muy bien a lo que yo pretendía». Sobre lo que a nivel personal ha querido transmitir con la realización de este documental, más allá de contar la historia de la extinta azucarera de Santa Elvira, Jonathan Notario comenta que de niño había vivido en ese barrio y la imagen de la fábrica le había quedado grabada en su cabeza. «Aparte de la curiosidad de conocer su historia, también es verdad que me animó a plantear este proyecto el hecho de que nadie se había interesado en ello. Además, lo que he hecho como artista en los últimos años tiene mucho que ver con la arquitectura. Por otro lado, ‘Paredes de azúcar’ aborda un aspecto que en cierto modo ya está presente en ‘Experimentos para transformar la fe en energía’, como son esas actitudes paternalistas que se dieron mucho en el franquismo y que aquí también están presentes a través de la relación que el director de la fábrica tiene con sus trabajadores y que encuentra su perfecto reflejo en el sistema de becas instaurado para costear los estudios de los hijos de éstos. «Es un aspecto que quería que estuviera reflejado y de ahí la orientación de algunas de las preguntas que hago tanto a Juan Carlos Aguilera como a Miguel Ángel Cueto, así como la intervención de Juan Carlos Ponga relativa a la maqueta de la azucarera que me permite incorpar un elemento de ficción dentro de un planteamiento documental», destaca el cineasta, para quien también la realización de un proyecto como ‘Paredes de azúcar’ obedecía a la urgencia de preservar el documento, de mantener vivos unos recuerdos y unos testimonios que corrían el riesgo de desaparecer con las personas. «Se puede perder el lugar físico pero si quedan personas que a través de sus testimonios puedan contar su historia es como que aún permanece, aunque sea en el recuerdo de las personas», asegura Notario, para quien esa fuerza testimonial fue lo que terminó por reorientar el proyecto inicial de ficción animada al estilo de su cortometraje anterior al documental con elementos de ficción en que finalmente se ha convertido ‘Paredes de azúcar’. «Para mí ha sido un reto porque nunca antes había hecho un documental. Tuve que empezar a manejar unos registros que no eran los míos, como la grabación de imagen real, la grabación de sonido, la dirección de fotografía y el tipo de edición que tiene un documental que es muy distinto al de una película de animación, más riguroso. Para mí fue un aprendizaje y resultó muy interesante hacerlo», afirma el cineasta leonés, que entre sus objetivos también está el relato que se crea de unos hechos reales pero que llegan a través del recuerdo que se tienen de los mismos. «Cuando ves el documental tienes que disfrutar del relato, tal cual te viene, pero puede que lo que te estén contando no responda del todo a la realidad de los hechos; luego también hay que contar con el aspecto imaginario que destila el trabajo, donde incluso me permito incorporar imágenes que no se corresponden con la antigua azucarera de Santa Elvira, porque, entre otras cosas, quedan pocos elementos gráficos de la misma».

‘Paredes de azúcar’ debería haberse presentado junto al resto de proyectos seleccionados por la Fundación Villalar-Castilla y León el pasado 30 de abril, pero el actual estado de alarma por la crisis provocada por el Covid-19 no lo ha hecho posible. «Solo lo han visto los responsables de la Fundación; Luis Grau, que era mi tutor, y algunos más allegados. Cuando pase todo esto espero que se haga una presentación oficial en la Fundación Villalar y que pueda exhibirse en León».
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