Antonio Gaudí murió en Barcelona el 10 de junio de 1926. Murió, ya consagrado como uno de los grandes referentes del modernismo, atropellado por una modernidad encarnada por las formas de un tranvía. Cuando están a punto de celebrarse los cien años desde aquel punto y final, la obra del arquitecto sigue fascinando desde diferentes territorios de la geografía nacional.
«Gaudí es el último gran inventor», opina el periodista y escritor madrileño Jesús Bastante: «No ha habido un arquitecto en los últimos dos siglos que haya hecho algo parecido a Gaudí; en arquitectura eclesiástica, no hay nadie como él». Es por eso que le cede parte de su más reciente publicación, ‘El aprendiz de Gaudí’, editada por La Esfera de los Libros. «Es una historia de amor ambientada en los primeros años de la Sagrada Familia», reseña el autor: «Es una historia de amor entre Pau, un chico de la calle, y Rosetta, que es la sobrina de Gaudí, que es un personaje real muy desconocido, pero que tiene una historia fascinante». La describe Bastante como «una novela matrioska» que construye entre sus páginas cuatro diferentes espacios: «el del amor, el de la basílica, el de la ciudad y el del mundo».
Tras su última publicación, ‘Santiago en el fin del mundo’, el periodista quiso alumbrar una novela histórica contextualizada «en un momento más reciente». «Quería contar una historia de amor y, a partir de ahí, surgió una historia paralela sobre la Torre de San Bernabé, que es la única que Gaudí vio culminada en vida», continúa Bastante sobre un torreón que este mismo domingo, 30 de noviembre, cumple cien años desde su finalización: «Es la torre que está más cercana al mar y yo he conocido a gente que hacía de aquel lugar su patio de juegos, como su casa del árbol, así que me pareció buena idea ambientar la historia de amor ahí, en esa especie de mapa de lo que tiene que ser el resto de la Sagrada Familia».
El crecimiento de la capital catalana y la pérdida de las colonias españolas son elementos presentes en una obra que ha echado mano de multitud de documentación hasta erigirse como una novela histórica en la que la ficción tiene gran peso. «Es una historia de amor que también va surgiendo a través del amor de los dos personajes por el arte y de su capacidad de influir, de alguna manera, en Gaudí», considera el madrileño: «Todo lo que va sucediendo alrededor de la Sagrada Familia, que es netamente histórico, se mezcla con la fábula de la historia de amor y de las razones de su historia de amor».

Ducho como es su autor en la cobertura de información religiosa, ‘El aprendiz de Gaudí’ no está exento de espiritualidad. Y es que, dado que la construcción de la Sagrada Familia funciona como ente omnipresente a lo largo del relato de Bastante, «la religión tiene un peso muy importante, igual que lo tenía en la España del siglo XIX», en palabras del autor. «Pero no es una novela religiosa; es una novela histórica que narra una época muy desconocida y que yo creo que nos da muchas lecciones para lo que estamos viviendo hoy», apostilla: «Se habla muy poco de la segunda mitad del siglo XIX y de la primera del XX, pero yo creo que si entendiéramos lo que pasó, cómo a Euskadi y Cataluña llega mucha gente de fuera y ciudades como Barcelona se multiplican por cuatro... Ahí hay un proceso que nos recuerda a lo que pasa hoy: están los terratenientes, los burgueses de la época, convenciendo a los pobres barceloneses de que había otros pobres que venían de fuera que eran los culpables de la pobreza que estaban sufriendo».
El periodista es de la opinión de que aquello asienta las raíces de «lo que está pasando hoy con otros migrantes, con otras pobrezas y con otras ideas excluyentes en las que, al final, los ricos siempre acaban ganando». «Yo creo que de aquellos polvos vienen estos lodos», apunta.
Son precisamente aquellos polvos los que los que manchan las páginas de Bastante de tinta en una publicación que aborda una faceta más personal del arquitecto catalán durante la edificación de la que es considerada su obra maestra, a pesar de estar inacabada. «Es una persona que sueña la construcción de un templo como lo hacían los maestros del gótico y del románico, sabiendo que ellos no lo iban a ver, que duraría siglos la construcción de las iglesias y que entrarían en juego distintos modelos», relata el escritor: «La magia de Gaudí es que, ciento cincuenta años después, su modelo sigue exactamente igual y sigue siendo un visionario».
Aun así, para Bastante no pasan desapercibidas las controversias en torno a la figura del arquitecto. Controversias como las que, hace unas semanas, Nieves Concostrina desentrañó durante el programa ‘Acontece que no es poco’, en el episodio ‘Nace el insoportable Gaudí, la cara fea, clasista y déspota del «venerable»’. «No tengo ninguna duda de que lo que cuenta Nieves fue cierto, pero tampoco tengo duda de que Gaudí tuvo que tener una visión social muy importante y de que estaba muy cerca de lo que sucedía en la sociedad de su época», refleja el periodista: «Tampoco creo que Gaudí es el gran santo loco hasta el nivel del histrionismo. Era un hombre de trato difícil y con cierta arrogancia y no le salvo ni le justifico. Como decían cuando le dieron el título de arquitecto: ‘no sé si hemos hecho hoy a un arquitecto, a un genio o a un loco’. Pues, probablemente, a las dos cosas».
De todo ello hablará Jesús Bastante este martes, desde las 19:30 horas, en el semisótano del Museo Casa Botines de la capital provincial, donde ‘El aprendiz de Gaudí’ se convertirá en protagonista de una jornada de acceso libre hasta completar aforo que contará además con la presencia del conservador jefe del centro museístico, Carlos Valera Fernández. «Yo creo que hay una línea recta que une Barcelona con León y con Astorga que no se ha estudiado lo suficiente», expresa el autor: «Ambos son muy importantes para él. De hecho, el fracaso de las obras de Astorga también provoca un cambio importante en él; en cómo ve que hay gente que no le va a entender nunca».
A su modo de ver, «León es un sitio sin el que no entenderíamos al Gaudí que después se centra en la Sagrada Familia». «Creo que la experiencia fuera de Barcelona le ayuda a crear un templo más universal y apuesto lo que quieras a que Gaudí soñó la luz de la Sagrada Familia viendo catedrales como la de León», zanja el periodista y escritor madrileño, autor de una publicación que ve la luz apenas unos meses antes del comienzo del Año Gaudí, que promete una programación intensa de actividades para conmemorar la vida y obra del arquitecto catalán. Arquitecto que ahora también adquiere los atributos de un personaje de novela.