Ildefonso Rodríguez: "El poema es el ahora ilusionado"

El poeta reflexiona en esta entrevista sobre su más reciente publicación, ‘En bandada, libres’

25/04/2026
 Actualizado a 25/04/2026
Ildefonso Rodríguez (segundo por la izquierda) fue el protagonista de la última edición del Día de las Letras Leonesas del Colegio Maristas Champagnat. | FERNANDO OTERO
Ildefonso Rodríguez (segundo por la izquierda) fue el protagonista de la última edición del Día de las Letras Leonesas del Colegio Maristas Champagnat. | FERNANDO OTERO

Hace pocas semanas, Ildefonso Rodríguez fue el protagonista en el colegio maristas Champagnat del Día de las Letras Leonesas. Los alumnos estudiaron diferentes facetas de su obra, que se centra sobre todo en la poesía, territorio en el que se vuelve a adentrar en su último libro, ‘En bandada, libres’ (Varasek Ediciones), que se presentó el pasado 16 de abril en la librería Literatessen de León y sobre el que reflexiona en esta entrevista.
 
– En ‘En bandada, libres’ reivindica que «siempre hubo gente» en su escritura: ¿hasta qué punto este libro es también una forma de memoria colectiva más que un ejercicio estrictamente personal?  
– La memoria personal es una aldea en el claro de un bosque, lo olvidado, lo que se quiere olvidar, el inconsciente. La escritura se mueve entre los habitantes de esa memoria, que son muchos (desde los habitantes de las fotografías, como escribió mi amigo Fernando Menéndez, a los muchos más, los muertos) y la común de las gentes y las cosas. Sólo un escritor yoísta al máximo, el dandi absoluto, se refiere a sí mismo en exclusiva (y lo tiene difícil, porque la lengua es de todos y es de nadie).

– Habla de poemas que llegan desde «estratos temporales» distintos y sin una cronología clara: ¿qué le interesa más, el momento en que se escribe el poema o el diálogo que acaba estableciendo con otros textos dentro del libro? 
– En la intersección de ambos momentos está el libro. El poema viene como si viniera solo, es el ahora ilusionado (un poema nuevo, se dice uno mientras lo escribe). Puede ser el poema de un día, como el que escribió Antonio Machado. Pero pronto se desdibuja su contorno cerrado, se sume en una corriente, la escritura misma y lo que uno ya lleva escrito. Hay quien ha dicho que escribimos un solo poema a lo largo de nuestra vida, suma todos los fragmentos que vamos dando de él. Ese diálogo por el que pregunta es decisivo, es el juego del montaje, cuando las diversas piezas quieren ponerse en relación y buscan su lugar, aunque no sepamos muy bien por qué ahí y no en otro.

Portada de 'En bandada, libres'.
Portada de 'En bandada, libres'.

– La mezcla de verso, prosa, citas, formas epistolares o incluso juegos tipográficos parece responder más a una intuición que a un plan: ¿cree que esa libertad formal es hoy una necesidad para la poesía o una forma de resistencia? 
– Las formas poéticas, como las de otras artes, son muy diversas. Periódicamente reaparecen neoclasicismos, por ejemplo, y hay quien se larga a escribir sonetos. Yo me eduqué en un ambiente de verso libre y formas abiertas, para nosotros era lo natural, no contábamos sílabas. Y de  ahí al ‘collage’ y la yuxtaposición, que aprendimos leyendo a las vanguardias llamada históricas. En mi caso es, por otra parte, un afinidad con la música que pretendo tocar, el jazz libre y la improvisación. En cuanto a que esta elección sea una forma de resistencia, puede, en el sentido, primero, de que la poesía ya viene a serlo por su propia naturaleza de hecho anómalo en la comunicación. Y también por oponerse a los mensajes masticados, el uso de la lengua como pura información, al mero emoticón, (aunque esto no signifique que uno escriba códigos que deban ser descifrados, enigmas, hermetismos, yo no quiero hacerlo).

– Define el libro como un conjunto que se cierra cuando «ya no quieren venir más piezas»: ¿cómo reconoce ese momento en el que una obra deja de crecer y pasa a ser un todo? 
– El libro nuevo empieza siempre a partir de un núcleo de poemas que te parece no haber escrito nunca, por las formas, el  mundo atraído, y es lo ilusionante y dura un tiempo, que puede ser largo (yo suelo publicar poesía con periodos distanciados). Ese cuerpo de poemas nuevos poco a poco se va deteniendo, se estaciona. Y un mal o buen día te das cuenta que solo imitándote a ti mismo serías capaz de escribir uno más. Pero viene un segundo estadio. Los poemas logrados, aquel núcleo «fuerte» (aunque la levedad y la confusión pudieran ser sus mejores prendas) atrae piezas de otros  tiempos y lugares, adherencias, son los «fragmentos a su imán» que decía Lezama Lima. Y de ahí, de salir, sale el libro. 

– Entre lo «roto que baila» y ese «diagrama transparente» que menciona, ¿dónde sitúa el equilibrio de este libro: en la fragmentación o en la búsqueda de sentido? 
– Aquel «diagrama transparente» que se vio Miguel Suárez «en la colina de todos los vientos» era un modo suyo de trasmitir la necesidad de estar atento al sentido móvil del mundo (con la contradicción, ley lógica del poema, que significa la transparencia en un diagrama). El debate sobre el sentido es central en las escrituras mayores del siglo pasado (desde Kafka hasta Celan o Beckett, por citar). La poesía, creo, no busca un sentido totalizante (y de ahí a totalitario o integrista) ni trascendente, encuentra rodeos, atajos, merodea, reúne cachitos, entra en aquel bosque que nombré antes como un Pulgarcito con sus migas de pan. El sentido único es el de la señalística. El poeta, de señalar, lo hace con el dedo, como el niño. «Alegría de los fragmentos», escribí una vez. Pues eso.

Archivado en
Lo más leído