Faustina Álvarez y sus conexiones con la ILE y la Fundación Sierra Pambley (2ª parte)

La docente y la Fundación coincidieron en propuestas metodológicas inspiradas en el pensamiento de la Institución Libre de Enseñanza

Mercedes G. Rojo
10/02/2026
 Actualizado a 10/02/2026
Sede de la Fundación Sierra Pambley en Villablino.
Sede de la Fundación Sierra Pambley en Villablino.

«Dadme durante algunos años la dirección de la educación de la mujer, y me encargo de transformar el mundo». 
(Faustina Álvarez, parafraseando a Leibniz).

Comenzaba en mi anterior entrega un acercamiento a los múltiples aspectos en común y/o a las conexiones, no solo de carácter profesional sino también personal, que existieron entre Faustina Álvarez (una mujer claramente inspirada por el pensamiento pedagógico de la ILE) y la Fundación Sierra Pambley, la institución que mejor llegó a representar las ideas de dicha Institución en tierras leonesas. Ideas, métodos pedagógicos y personas, supusieron una profunda relación entre ella y la institución leonesa que a continuación comentaré, no sin antes hacer alusión a un aspecto primordial que unió a ambos: la defensa a ultranza de la educación de los más pobres. Faustina lo hizo realizando su magisterio en zonas rurales y donde las niñas  estaban necesitadas de una educación razonable, apoyando incluso a algunas de ellas para proseguir estudios, colaborando ella misma con una formación que iba más allá de sus límites como maestra, e incluso en algunos casos ayudando a sus familias económicamente para que esa formación superior pudiera hacerse realidad. En el caso de la Fundación, lógicamente ya con medios económicos a su alcance, esa defensa de la educación para todos se plasmó, en primer lugar en la creación de escuelas de la zona rural: Villablino, Hospital de Órbigo, Villameca, Moreruela de Tábara, o en la de Escuela de Obreros de León; pero también en la dotación de becas para que los más pobres tuviesen acceso a esa educación o en el hecho de que el material que se utilizaba en dichas escuelas fuera también gratuito para todos. Y hablando de materiales entramos en el siguiente apartado. Dos de los aspectos más novedosos en los que coincidieron fue en la ausencia de libros de textos propiamente dichos y en la apuesta por las bibliotecas circulantes, aspectos que analizamos a continuación. 

Comencemos por el hecho de tratar de evitar al máximo la presencia en las aulas de libros de texto que constriñan los contenidos a adquirir por el alumnado y que se verá sustituido o complementado por otros métodos que permitan a este estar más atento a lo que ocurre a su alrededor, a desarrollar su capacidad de observación y, en muchos casos y por extensión, su capacidad crítica ante la realidad que se presenta ante ellos. Esta metodología se concreta en Faustina Álvarez en la utilización de lo que ella llamó «libreta de cosecha propia», y que alguna de sus alumnas, como  Consuelo González ‘La Pachica’, entrevistada en su momento por José Manuel Feito , recordaba de su etapa en su escuela: «(...) Ella exigió una libreta a cada alumna que titulaba «Libreta de cosecha propia» donde se hacían resúmenes de lecciones, de alguna explicación que había dado en clase, redacciones, observaciones personales de la vida en el pueblo..., etc. (...)». Uno de los aspectos de su metodología, por cierto, que inspiró a algunas de las escritoras leonesas que, el pasado año, participaron en el libro homenaje sobre ella.

Por su lado, desde la Fundación Sierra Pambley, podemos ver como esa circunstancia «anti-libros» se hace palpable a través de la carta-nombramiento con la que el fundador se dirigía a los nuevos maestros contratados, y en la que incluía instrucciones o sugerencias para comenzar a impartir su magisterio, como este: «(...) Nada de libros para los chicos: que escriban en sus cuadernos las ideas que recojan de las lecciones que Vd. les dé, a fin de que se desarrolle en ellos el entendimiento con preferencia a la memoria (...)».

Otro de los elementos que conectan a Faustina con Sierra Pambley es el tema de las Bibliotecas circulantes, algo en lo que nuestra maestra se adelanta en el tiempo a la Fundación. Surgen estas en la creencia de la importancia que la lectura tiene para cualquier persona que quiera avanzar en la vida, y en un momento en el que los libros no eran objetos fácilmente alcanzables para una inmensa mayoría de la población. En el caso de Faustina esta pone en marcha una primera «biblioteca circulante», en su etapa de maestra en Miranda de Avilés, en colaboración con su compañero José Artime, el maestro de niños, y como una medida más desde las Mutualidades Escolares que ambos habían creado poco antes. Con esta nueva propuesta que aúna a las dos mutualidades, plantean además un intento de promocionar al pueblo que va más allá del propio espacio de la escuela. Así, en julio de 1916, aparece en La Voz de Avilés un artículo que, bajo el título ‘La Biblioteca circulante de la Mutualidad. Acción mutualista’, nos da los detalles más importantes de la misma: una biblioteca formada en aquel momento por 150 títulos (una cantidad nada desdeñable para aquel momento), de muy diversas disciplinas y firmados por importantes nombres de la literatura de todos los tiempos; puestos a disposición de los niños y niñas que podían llevarlos a su casa durante una temporada durante la cual, aquellos dos maestros visionarios, tenían la esperanza de que también los adultos cayeran bajo su «atractivo irresistible» y que ello les animara a solicitar su inclusión como socios de la misma; una biblioteca que podía verse incrementada gracias a contribuyentes varios a los que invitaban: «Poned a contribución vuestro dinero, vuestros libros...», en un intento de que los fondos de la misma siguiesen creciendo en posibilidades, pues las que ellos podían ofrecer como maestros eran más bien escasas,... En realidad, el artículo es una invitación expresa a que los lectores conozcan y participen de la biblioteca creada, en lo que sin duda supone el germen de lo que hoy son las redes de bibliobuses o los servicios de préstamo de cualquier otra biblioteca.

Rincón de la Biblioteca Azcárate de la capital provincial.
Rincón de la Biblioteca Azcárate de la capital provincial.

En el caso de la Fundación Sierra Pambley, será en 1921 cuando esta, dentro de su idea primigenia de ser un motor educativo y cultural para la provincia (a través de aquellos puntos en los que ha levantado escuelas), y al margen de las particulares bibliotecas ya existentes en cada aula, creará –en la Escuela Industrial de Obreros de León, donde actualmente sigue la Fundación, al lado de la catedral–  la Biblioteca Azcárate, que fue la primera «biblioteca circulante» de León y que representó una de las actividad más importantes de extensión educativa y cultural de la institución. Comenzó a partir de los fondos que llegaron con las donaciones efectuadas en 1917 por los herederos de Gumersindo Azcárate (de ahí su nombre), con obras sobre ciencias sociales, filosofía, derecho, pedagogía y literatura y que posteriormente se han ido ampliando en un sentido que los hace únicos en nuestra provincia. Una biblioteca que sigue siendo emblemática en la realidad cultural leonesa actual y que, dentro de nuestra historia literaria, vio el nacimiento de la prestigiosa revista ‘Espadaña’, allá por 1944, y a la que –recordemos- estuvo también ligada otra de nuestras rescatadas: Josefina Rodríguez (Aldecoa).

Además de propuestas como estas, otro tema que conecta especialmente a Faustina con la Fundación Sierra Pambley es la ferviente defensa de la necesidad de una Educación Permanente de Adultos, una propuesta que durante décadas fue referencia de la Fundación, y que aún lo sigue siendo aunque –adaptándose a las necesidades del momento- haya ido girando, por ejemplo, hacia la formación en «español para extranjeros». Precisamente el que fuera durante muchos años  director de la Escuela de Adultos de Sierra Pambley, Ángel Suárez, antes de pasar a convertirse en director del actual Centro situado en la calle Fernández Cadórniga, fue el responsable de que el mismo lleve hoy el nombre de Faustina, en honor a todo lo que ella luchó por este tipo de educación. Ella defendía a ultranza la necesidad de formación permanente de las mujeres. Y así, en el cursillo pedagógico para maestras que imparte en 1926, bajo el título de ‘La maestra leonesa frente al problema del  analfabetismo’, nos deja reflexiones como las siguientes: «(...) la niña no tiene clase de adultas donde afianzar los conocimientos que adquirió en la escuela, siempre deprisa y con deficiencias porque el hogar y las ocupaciones de la mujer la reclaman desde la más tierna infancia». 

Y después de varias reflexiones sobre el problema del analfabetismo en relación con esta circunstancia, añade: «(...) la mujer tiene la misma necesidad que el hombre de la cultura; las clases de adulta son de más importancia y trascendencia para el hogar y la sociedad  que las de adultos (...)». 

Y critica la injusta realidad leonesa donde existen 10 clases de adultos para una sola de adultas, abogando por un educación mixta con algunos argumentos como los siguientes: «(...) las escuelas mixtas que hoy existen servidas por Maestra, único centro de cultura de los pueblos, ¿por qué no han de tener clases de adultos también? ¿Qué se teme? ¿No van juntos al baile muchachos y muchachas? (...)».

Todo esto no es nuevo porque ya en el trabajo que envía a la Mutualidad de Melilla (aprox. 1916) se basa precisamente en la necesidad de la educación de las mujeres a lo largo de toda su etapa vital, que justifica por la trascendencia que estas tienen sobre el resto de la sociedad precisamente a través de la crianza de sus hijos. Y de ahí la cita con la que he encabezado este artículo. 

Tanto a Faustina como a la Fundación ‘Sierra Pambley’ les preocupó la Educación de Personas Adultas; a ella la de las féminas, de quienes decía: «nadie como la mujer puede formar y orientar a la mujer. Se equivocan  los que piensan que el hombre está más capacitado; el hombre, cuando más, podrá formar mejor la inteligencia (una concesión con la que no estaba estrictamente de acuerdo), pero el corazón y la voluntad de la mujer, sólo lo formará otra mujer de voluntad y de corazón (...)».

La agricultura y la jardinería siguen siendo dos de las referencias punteras del centro de Hospital de Órbigo.
La agricultura y la jardinería siguen siendo dos de las referencias punteras del centro de Hospital de Órbigo.

La preocupación de la institución educativa con respecto a este tema fue variando con el tiempo pero desde el primer momento dieron opciones a las mujeres de mejorar su formación primaria pero también de acceder a formaciones profesionales que les abriesen un futuro. Y en cuanto a la conocida específicamente como Educación de Adultos, no solo fomentaron una formación mixta sino que durante años su profesorado recurrió a métodos menos formales y más intuitivos de los aplicados en otras escuelas.

Un aspecto más que une Sierra Pambley con Faustina es la importancia de incluir el aprovechamiento del medio en su metodología de trabajo educativo. En el caso de la segunda, ya de vuelta a tierras leonesas, en su periodo como inspectora de educación, influirá en gran medida en la creación del Coto Escolar que se crea en Canales, su pueblo, y que será conocido como ‘La Huerta de la Fruta’. Será inaugurado oficialmente el año 1926, con ella como invitada de honor, y será el propio maestro, creador de la Mutualidad en la que se inscribe, el encargado de poner en marcha esta iniciativa bajo el propio impulso de la entonces ya inspectora de primaria. La idea es acercar a los mutualistas al mundo del cultivo de frutales, dotándoles de los correspondientes conocimientos para su cuidado y de forma que las cosechas reviertan en su propio beneficio. Aún hay en la zona de Canales hombres y mujeres que en su momento fueron mutualistas de esta experiencia.  En el caso de la Fundación, algunos de los centros, como es el caso de Hospital de Órbigo, contempla desde el principio enseñanzas agrícolas,  pues son zonas especialmente ligadas a la tierra. Esta circunstancia constituye, de alguna forma,  un nuevo punto en común entre fundación y maestra. 

Aparte de lo ya mencionado, otros elementos que han ido surgiéndome a lo largo largo de este trabajo, propician el indudable acercamiento entre Faustina y la Fundación. Imposible abarcarlos todos  en este nuevo artículo. Esperando pueda seguir resultando de interés para el público lector lo que aún me queda por contar, he dejado para un nuevo trabajo (ahora ya sí el último) los aspectos referidos a su relación con personas ligadas a Sierra Pambley, especialmente ligadas a la sede de Villablino, así otras correspondencias que la unen, tanto a esta como a la ILE, en su etapa como inspectora de 1ª enseñanza. Así que, ya saben, les espero de muevo dentro de dos semanas para seguir tras los pasos de Faustina Álvarez.

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