No es la primera vez que la ciudad se convierte en espacio de reunión para artistas urbanos. Tampoco la primera colaboración entre la asociación León Jam y la Concejalía de Acción y Promoción Cultural en la puesta en marcha de una iniciativa que sirve de cierre para el Festival de Verano ‘León, cuna del parlamentarismo’. Pero sí que hay un estreno: por primera vez en todas las ediciones de la iniciativa, el punto escogido como centro neurálgico para grafiteros y muralistas de distintos rincones de la geografía nacional es el entorno del Espacio Vías.
«El año pasado ya colaboramos con el Ayuntamiento de León para poder hacer un evento de arte urbano que combina música en directo, pintura mural, exhibiciones de skate y de breakdance, mercadillo...», relata una de las impulsoras de la propuesta, Raquel Moledo, en referencia a una edición celebrada en el entorno de la vieja estación de ferrocarril. Y, desde entonces, han cambiado algunas cosas. «Del año pasado a este, nuestra asociación ha aumentado en siete u ocho personas más», continúa: «Se va a notar mucho en esta edición los recursos personales que tenemos y el grupo tan chulo que hemos hecho».
Y es que va creciendo con los años la nómina de organizadores, como también lo hace el número de artistas que en esta ocasión se hacen con un espacio ensombrecido por la controversia de su abandono. Aquí, donde hace ya varios lustros que no llega el tren, llegan ahora no pocos artistas dispuestos a convertir el espacio en un lienzo que, paulatinamente, durante dos días, se irá llenando de color.
«Hemos venido aquí a hacer un mural», anuncia el grafitero madrileño Cise ante su propia obra: «Me llamó un amigo que iba a venir a pintar y le dije que venga, que así lo conocíamos y probábamos la cecina». Habla junto a su amigo, que luce concentrado, sobre una escalera, apotando perspectiva a su propia pieza. Cuenta que el único requisito fue insrcibirse, que «te cogían y ya está». Propuestas como esta –dice– «te dan un poco de visibilidad»; también a la ciudad, teniendo en cuenta que, de otra manera, es muy probable que Cise y su colega no hubieran viajado hasta León.
Un poco antes de llegar a su muro, bajo la calle Ramón y Cajal que trasncurre por encima de las vías, está Odie. Lleva más de dos décadas pintando; cinco años dedicándose a ello exclusivamente. «Soy de Lloret de Mar y trabajo mucho en mi casa, que estoy agradecidísimo, pero últimamente quiero salir y explorar el territorio», revela: «Me enteré de la iniciativa, me presenté, me cogieron y aquí estoy para dar color».
Confiesa que «nunca había venido» a esta tierra y, con la cuadrícula ya bien dispuesta, ahora dibuja en una de las paredes de León al animal homónimo, sin rehuir de «la jungla de asfalto» que le funciona como fondo. «Suelo tener bastantes encargos y es es un poco lo que no quiero hacer, lo que no me interesa; aquí, por ejemplo, libertad absoluta», dice: «Va a ser como dejar mi estilo en esta ciudad y eso es lo que estoy buscando últimamente».
Se pone los cascos y sigue pintando. No le molesta que los paseantes se paren a apreciar cómo trabaja. Está acostumbrado, igual que el resto. No importa la edad para disfrutar de su obra y el hecho lo encarna una señora que se para un instante a observar. A la que se le escapan las palabras: «¡Qué bonito! Me encanta». El autor, que mueve el aerosol como un director de orquesta la batuta, le da las gracias.
Así, desde perfiles aficionados a otros profesionales, todos tienen cabida en esta nueva edición de León Jam, que se prolongará hasta la medianoche del sábado con todo tipo de actividades, entre las que no faltan los talleres, como el que en la mañana de este viernes tuvo de protagonistas a usuarios de la Asociación para la Atención de las Personas Afectadas de Parálisis Cerebral y Discapacidades Afines. «Colaboramos con Aspace; nos gusta porque hemos sido también voluntarios de la entidad fuera de la asociación», explica Moledo: «Estamos haciendo un taller con ellos, que ya son unos expertos en spray, y este sábado viene también Asprona».
Todo en una suerte de museo al aire libre; uno para todos y con murales hechos por todos. Todo, además, en una demostración de que el arte urbano es mucho más que un adorno para las paredes y de que los sprays no sólo los desenfundan los vándalos.
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