Arte en estado puro. Sentimientos visuales que se aprovechan de la madera y de la rugosa piel de las piedras para sorprender. Vida que se inspira en los espejos humanos para salir a la calle. Palpitaciones que, paso a paso, muy lentamente, a golpe del mazo sobre las gubias y manteniendo firmes los pinceles logran alcanzar su máxima plenitud. Un acierto. Son objetivos volumétricos y pictóricos para mirarlos despacio, muy despacio, y sentir la lectura de la luz que anida en sus corazones. Son esculturas con identidad propia, sí, y son lienzos coloristas que, tras la lluvia de lágrimas, se inspiraron en los arcos iris para unir y complementar dos de las orillas frías –por la soledad y el vacío de la nada– con el ardiente calor de un «todo» en época estival. Y el resultado… Lo que consiguen Antolín y Mirta, en La Bañeza, es llenar El Centro Cultural de Tierras Bañezanas de una más que amable humanidad.
Hay allí figuras humanas que se proponen saltar valientemente al vacío y hay manos que se aferran al baile de una cuerda para salir a flote. Hay poemas de colores que pintan los más variados rostros de bondades geométricas y hay metáforas sonoras que, en la voz del viento y con el susurro de las persistentes nieblas otoñales, recitan bellas melodías. De lo que se trata al mirar es de descubrir el sol en cada una de las piezas expuestas. Ay… Y hay que vibrar con ellas, dentro de la máxima libertad. Escucha: son determinados e inquietos duendecillos del arte los que, insaciables, salen de los jardines de flores para pretender, hasta conseguirlo, aligerar la opresión de un mal sueño, a veces tan excesivamente cotidiano que te entierra en su propio peso. Y eso no ha de ocurrir ¡jamás!
La realidad es que allí, en La Bañeza, del 1 al 21 de agosto, al lado de Antolín y Mirta, los senderos de la gloria, que esculpe el arte en nuestras más opresoras rocas, son capaces de eliminar los días oscuros y de llenar de bienaventuranzas las noches de insomnio.
Mira y admira hasta convencerte de que el milagro de la vida lleva un nombre («Arte») y se apellida como tú quieras para llenar tu espacio más íntimo de buenas sensaciones. Cultura, al fin y al cabo, que se ha de manifestar con letras de oro para dar vueltas y más vueltas en el redondel de un espacio donde la humanidad se manifiesta con sus propios errores para pintar de blanco la… felicidad.
¿Ves? La Bañeza, en agosto, junto a otras maravillas y sabores ofrece grandes dosis de humanidad. Ven y verás.

