Una infancia singular, o más bien las circunstancias de una infancia en el León rural, hicieron de María Ordóñez una gran lectora, una niña que se refugió en la literatura como suma de ser hija única, de padecer una enfermedad que le impedía compartir jornadas al aire libre, sin olvidar una gran timidez…
Y esos mundos alimentados de literatura desembocan casi siempre en alguien que también siente la necesidad de contar. «Es cierto que escribo desde siempre, pero relatos… hasta ahora no me había atrevido con una novela, aunque hace tiempo que trabajo en ella», confiesa.
- ¿Qué es mucho tiempo?
- Yo diría que estuve diez años leyendo para documentar la novela, hasta el BOE, tomando notas, preguntando a mi madre, que es más habladora; a mi padre, más parco en palabras pero que conoce perfectamente aquello que le preguntaba pues era sobre el mundo de la mina y él fue minero, en León, aunque en la novela no aparece León ni ningún pueblo con nombre real, pero los que aparecen están basados en la realidad. En la ficción se llaman Torres de Luna y Arenas de Luna. Cuando me puse con la escritura definitiva de la novela tenía un cuaderno de cien páginas de notas.
Y la novela se llama ‘Entre espigas de centeno’, ya lleva unos meses en las librerías, ya la ha presentado en algunos lugares y ahora aborda la leonesa en nuevas presentaciones, aunque ha tenido que posponer la de este viernes Museo de la Siderurgia y la Minería de Sabero (MSM) pero sí estará el día 23 en la Feria del Libro de Ponferrada.
- 'Entre espigas de centeno' nos remite al mundo agrícola y ganadero, ¿en la misma proporción?.
- Los dos mundos conviven en la novela. Soy hija, nieta y biznieta de mineros y de campesinos; conozco los dos por testimonios directos, familiares, y siempre he querido contar esos dos mundos, que es lo que hago en esta novela que podríamos llamar costumbrista, recrear el ambiente y la vida del campo y de la mina, sus penurias y sus alegrías, sus tradiciones, y creencias populares o religiosas; fijándome tal vez más en lo cotidiano que en lo extraordinario, todo ello envuelto en una trama novelesca, que de eso se trata pues hablamos de una novela.
Torres de Luna y Arenas de Luna son los nombres ficticios de los pueblos de las dos familias cuyos avatares se entrecruzan a lo largo del siglo XX, pero María Ordóñez reconoce que estos dos nombres, las descripciones de sus paisajes y costumbres, están inspirados en lugares reales, en aquellos que ella ha conocido.
- ¿De León?
- De León, por supuesto, pero también podrían ser por ejemplo de Zamora y Salamanca, me gusta decir que me he basado en aquella región leonesa que estudiábamos en la escuela: León, Zamora y Salamanca porque tienen muchas similitudes en su forma de vida, su cultura.
En cualquiera de ellas podría ocurrir lo que cuenta Ordóñez en esta primera novela, 'Entre espigas de centeno'; nombre que da a entender que tal vez el mundo del campo es algo más protagonista que el de la mina. «No es eso exactamente, están ahí los dos, pero del mundo de la mina también tengo mucho material y seguramente será más protagonista en una próxima novela a la que ya estoy dando vueltas».

- Tal vez porque el mundo de la minería desaparece…
- Ese triste momento del final ya está en esta primera novela pues la minería está presente en dos épocas diferentes; las que viven los dos mineros, que son realmente mi abuelo paterno, que fue entibador, y mi padre, que fue picador-soutirador, hasta que se prejubiló por el fin de la minería.
Otro de los personajes de la novela ‘conecta’ los dos mundos que laten en ella, la mina y el campo, una figura también muy habitual en estas provincias que dibuja. «Está inspirado en mi abuelo materno, que era campesino, había sido pastor, una familia muy humilde, y decidió ir también a la mina y así tener algo que era entonces muy codiciado, un sueldo, una nómina, aunque para ello tuviera que desplazarse cada día 12 kilómetros, en bicicleta por unos caminos infames, de tal modo que llegaba al tajo después de un gran desgaste físico.
María Ordóñez, licenciada en Derecho, vive habitualmente en Coruña por motivos laborales relacionados con sus estudios, pero con León siempre puesto el punto de mira. «Regreso siempre que puedo, con cierta frecuencia» y ahora las presentaciones de la novela propician nuevos viajes a una tierra que también es la gran protagonista de 'Entre espigas de centeno', su primera novela, pero no la última.