La literatura histórica vuelve a situarse en el centro del debate cultural leonés con dos presentaciones que reivindican la novela como herramienta para repensar el pasado. Este miércoles, a las 19.30 horas, La Casona de San Feliz de Torío acoge la presentación de ‘Zafadola. Espada de la dinastía’, la nueva obra de Juan Pedro Aparicio, acompañado por el también escritor Antonio Martínez Llamas. El libro constituye la segunda entrega de ‘Los episodios nacionales del siglo XII’, iniciados en 2024 con ‘El sueño del emperador’, ambos publicados por Eolas Ediciones en su colección ‘Narrativa histórica’.
En esta nueva novela, Aparicio rescata la figura de Zafadola, último heredero andalusí del valle del Ebro, y su pacto con el emperador Alfonso VII. Frente al empuje de las Cruzadas y la presión pontificia, ambos encarnaron un proyecto político singular: una frontera entendida como puente y no como trinchera. La obra evoca ese instante breve en que la diplomacia quiso imponerse a la guerra santa y la autoridad civil desafió el relato único de la Reconquista.
El autor reivindica la novela histórica como espacio donde ficción y rigor documental deben fundirse con naturalidad. Inspirado en la estela de los ‘Episodios nacionales’ de Benito Pérez Galdós, Aparicio sitúa su trilogía en un siglo XII convulso y renovador, marcado por el renacimiento cultural europeo, el influjo científico de Al Andalus y las tensiones entre papado e imperio. Un periodo decisivo para entender la configuración política de la península y el ascenso de la corona de Castilla tras la muerte del infante Sancho en Uclés.
Un día después, a la misma hora, ‘La isla de Garibaldi’ de Cristina Fanjul, también editada por Eolas, se convertirá en protagonista. Acompañada por Joaquín S. Torné y el propio Aparicio, la autora propone un recorrido por un siglo de historia española a través de la culpa y la redención de un coronel salvado in extremis por el sacrificio de un minero. Desde Marruecos hasta León y los servicios secretos británicos, la novela enlaza tragedia personal y memoria colectiva, interpelando a un país que aún debate cómo contar su pasado.