Parece que fue ayer y, sin embargo, ya va para diez años que, de manera más o menos periódica, comencé en este periódico del que ahora me despido una colaboración en torno a la presencia de las mujeres en nuestra cultura. En total, en todo este tiempo han sido alrededor de 320 artículos, dedicados a más de doscientas mujeres entre escritoras y otras artistas de las diversas disciplinas, porque bien es cierto que algunas de ellas han recibido por mi parte más atención que otras, y he vuelto sobre las mismas en más de una ocasión. En especial sobre las que ya no nos acompañan porque, de repente, y a medida que indagaba en ellas, me he sentido más y más subyugada por los logros conseguidos o por una obra de los que nadie (o casi nadie) nos había hablado hasta el momento, o sobre la que se había pasado muy por encima.
Comencé mi andadura, allá por diciembre de 2016, prestando mi atención a una serie de mujeres que para mí eran (son) escritoras imprescindibles. Sin ser leonesas muchas de ellas, sí que es verdad que había llegado a su descubrimiento a través de actividades realizadas aquí, en esta provincia que tanto amo y a la que también tengo mucho que criticar, a veces. El acercamiento me supo a poco y fue entonces cuando se me dio la oportunidad de seguir adelante indagando en el mundo de las artistas que a lo largo del tiempo caminaron y siguen caminando, en esta ocasión ya desde y en nuestra tierra, algunas de ellas obligadas a ausentarse de la misma por motivos personales o profesionales. Leonesas de nacimiento unas, leonesas de adopción algunas otras. Dicho acercamiento, inicialmente, comenzó dividido en dos: los «senderos literarios» por un lado, los «senderos artísticos» por otro; pero, al fin y al cabo, también la literatura es arte y, después de una primera serie de una y otra, unifiqué estos recorridos en uno solo, a través del cual ir alternando acercamientos a las protagonistas de las diferentes disciplinas. Porque, al fin y al cabo, en muchas ocasiones, dichas de ellas se combinan entre sí dando lugar a un mundo artístico mucho más rico y amplio; también porque algunas de esas mujeres no se conforman por transitar por un único camino sino que van de uno a otro según las inquietudes surgidas en cada momento. Y así, de septiembre/octubre al mes de junio, como si de un curso escolar se tratara, hemos recorrido juntos nada menos que ocho trayectos, aunque este último haya terminado un trimestre antes de lo previsto.
Y entre medias: los veranos. Sustituidas las páginas de «Cultura» por las de «Verano», me tomé un respiro en el acercamiento a esas mujeres que durante tanto tiempo han sido protagonistas del arte (tantas veces desde las sombras) para prestarle mi atención a esas otras que con su labor han ido contribuyendo también a abrirles diversas ventanas al mundo; como las editoras de las que hay unas cuantas en nuestra provincia (seguro que alguna más se me quedó en el tintero o que han surgido otras nuevas desde que realicé aquella serie) y que se han preocupado también de publicarlas a algunas de nuestras escritoras; o como las galeristas que, en León, han sido desde siempre (lo siguen siendo) la inmensa mayoría, algunas de ellas contribuyendo al panorama artístico de nuestra provincia con propuestas muy novedosas en lo referido al mundo del arte y sus interacciones.

Y, más allá de las personas, han estado presentes también los proyectos: un análisis de la «literatura en rural», para acercarnos a propuestas realizadas desde distintos puntos de la provincia con iniciativas muchas veces pilotadas por mujeres; o esa visión de nuestra tierra, de diferentes enclaves de la misma, propuesta desde las preferencias de nuestras escritoras y que nos ocupó durante dos veranos; o un recorrido a través de las ruinas que jalonan las tierras del reino de León en el que mi propia prosa se acercaba a la misma a través de las fotografías de Olga Orallo, verdadera apasionada en este tipo de instantáneas... En fin, diferentes propuestas, realizadas desde distintos puntos de vista donde siempre ha estado presente la mirada y el saber hacer femeninos.
Y luego está el público lector. A lo largo de todos estos años, poco a poco, me he ido dando cuenta de que eran muchas y muy diversas las personas que se acercaban a esta ventanita por la que, durante todo este tiempo, he tratado de mostrar a tantas mujeres interesantes que dejaron su huella en nuestra historia, o que lo están haciendo hoy en día, aunque se siga hablando tan poco de ellas. De algunos nunca me lo habría imaginado, pero confirmar la certeza de que semana tras semana primero, quincena tras quincena después, leían y se interesaban por lo que yo escribía sobre ellas me ha hecho continuar adelante con esta tarea en algunos de esos momentos en los que me he sentido desfallecer en este camino de búsqueda que en ocasiones no ha resultado nada fácil, por la escasez de fuentes en las que ilustrarme. Pero si las dificultades para llegar a este camino recorrido han sido muchas, también lo ha sido el aprendizaje, que me ha permitido acercarme a mujeres de las que me han quedado las ganas de seguir conociendo más: de su vida, de su obra, de las dificultades con las que a lo largo de la misma se encontraron. Así que me voy dando las gracias a La Nueva Crónica, y a David Rubio, por la oportunidad de asomarme a esta ventana de conocimiento femenino que cada vez se hace más grande en mi curiosidad.
Ese agradecimiento, por supuesto, se lo hago extensivo a ustedes, lectores y lectoras que me han seguido durante este tiempo, no sin decirles que si quieren continuar acompañándome en este camino de conocimiento, podrán seguir haciéndolo a través de mis ‘Misceláneas en rojo’, dentro de la página de MasticadoresFEM, de la que también soy editora, y de algunos otros espacios que podrán ir descubriendo a través de mis redes. Porque las aportaciones al mundo de la cultura que las mujeres –las de entonces y las de ahora– tienen que hacer van mucho más allá de lo que hace un tiempo podríamos imaginar. Y porque las jóvenes de hoy, muchas de las cuales llegan pisando fuerte, necesitan espejos en los que mirarse y descubrir que, a pesar de las dificultades que la vida ponga en nuestro camino y de los «palos en la rueda» que algunos de quienes tenemos a nuestro lado se empeñan a veces en ponernos, se puede llegar. Y que el esfuerzo siempre merece la pena, a pesar de todo.
Muchas gracias por haberme acompañado durante todo esto tiempo. Espero seguir contando en el futuro con su apoyo en otros proyectos para recuperar nuestra memoria; la de las mujeres, siempre. Porque es obligación de todos seguir abriéndoles ventanas donde hay tantas puertas que aún se les cierran.