De niña no podía disociar la calle Puerta Moneda del sabor de uno de los productos estrella del mundillo del embutido. Daba igual quién fuera mi acompañante cuando pasaba por delante de «donde Irene», que siempre que me veía asomar la cabeza, me hacía entrar para darme algún cacho del mejor jamón que había probado nunca. Sobre aquella tiendina, como con todo, fue pasando el tiempo y, después de doce años, cerró sus puertas para embarcarse en la aventura que hoy es la Curia Regia de La Rúa. Yo tampoco he sido inmune a ese paso irreverente de los años y ahora, en lugar de asomar la cabeza y sonreir con la pícara inocencia de los niños para conseguir el preciado jamón, me siento a tomar una cerveza como una adulta para disfrutar del manjar en una tapa. Eso que Irene y Fernando, regentes del local desde hace casi ocho años, me darían el jamón nada más verme a buen seguro.
Y es que la Curia Regia es de esos sitios de costumbre cuyos dueños conocen los nombres de su clientela. Es de esos lugares en los que al «hola» protocolario le sigue un rápido y apetecible «¿lo de siempre?». Y cómo presta. Espacio idóneo para tomar un piscolabis en días de frío y calor, yantar de peregrinos de piernas cansadas, el enclave de la capital leonesa también ofrece a sus clientes un amplio abanico de raciones.

Cuenta Irene que tienen un poco de todo: callos, morcilla, langostinos, pulpo, tortilla, croquetas, mollejas, codillo, todo tipo de ensaladas y una larga lista de etcéteras entre los que los visitantes prefieren el embutido y los huevos rotos con –cómo no– jamón. «Trabajamos con productos de León», indica la hostelera de un establecimiento que no puede ser más leonés. No hace falta más que atender a su nombre o a esa pared detrás de la barra que desglosa, reinado por reinado, todos los monarcas del Reino de León.
Con dos trabajadoras además de Irene y Fernando, no hay persona que pase por la Curia Regia y no se sienta como en casa. A todos los manjares de la tierra de los que presume su carta se suman, además, unas cervezas de importación que gustan hasta al paladar más exquisito. Y ni qué decir del trato en un lugar de buen embutido, buena birra y buena gente en pleno centro de León.