Años de trabajo en tierra removida. Meses de verano en los que el calor no ha sido atenuante de un trabajo que la Universidad de León viene realizando desde 2021, fruto del convenio firmado en 2020 con el Ayuntamiento de León; convenio que, además, fue prolongado en 2024 por cuatro años más. Y es que, en palabras de la concejala de Acción y Promoción Cultural, Elena Aguado, el gobierno municipal "tiene muchísimo interés en este trabajo".
Justificó la edil el citado interés aludiendo a la importancia del Castro de los Judíos para la historia de León. "Es una parte que hay que hacer desde este trabajo arqueológico que hacen desde la Universidad porque no hay bibliografía sobre este asentamiento, igual que ocurre con otros que se entiende que estuvieron habitados", añadió: "Esta es la información que vamos a tener de esta parte de esa época de la historia y concretamente de la comunidad judía".
Cerca de cincuenta estudiantes
Han sido múltiples los hallazgos realizados, fruto del intento por conocer, con pelos y señales, el pasado remoto del único yacimiento que en estos momentos es escenario de una excavación arqueológica por parte de la institución académica. Junto a ella trabajan en la presente campaña cerca de cincuenta personas llegadas de distintos puntos de España y Portugal. Estudiantes de grado y máster y doctorandos de las Universidades de Santiago, Alcalá y la Complutense o de Lisboa y Braga, además de la de León, conforman la nómina de participantes de este 2026.
"Este año nos hemos visto también desbordados, muy desbordados, precisamente por gente de otras universidades que quería venir", reveló la profesora de la ULE, Raquel Martínez Peñín, que guía las excavaciones junto al también docente Carlos Fernández Rodríguez: "Le hemos tenido que decir a unas veinte personas de distintos sitios -de Barcelona, de Málaga de Córdoba- que no teníamos sitio ya para ellos". Aun con el apoyo económico del Ayuntamiento en materia de manutención, muchos interesados "se han tenido que quedar fuero porque no teníamos dónde alojarles", explicó Martínez Peñín.
Al trabajo de las varias decenas de estudiantes, tanto en la propia aljama judía como en el laboratorio, se suma la organización orquestada desde diferentes departamentos y áreas de la universidad leonesa. Y, para llevar a cabo cada una de las campañas estivales desde sus inicios, son necesarias las labores del área de Prehistoria, pero también de Medieval. Y tanto la arqueología en en su faceta académica como en su vertiente más práctica; por eso, la investigación sobre este espacio cuenta tanto con profesores como con profesionales arqueológos. "Todos hacemos un equipo multidisciplinar y creemos en la necesidad de que nuestros alumnos tengan prácticas con las que poder formarse", opinó Peñín.
Nuevos hallazgos
La capacidad de convocatoria y de concentración de esfuerzos da cuenta de la relevancia arqueológica del Castro de los Judíos, que el año pasado concedía a sus excavadores el hallazgo de restos de cerdo y vieiras, dando a entender así la posible cristianización del enclave tras el abandono del pueblo hebreo. En este mes de julio, la Universidad echa la vista atrás para acercarse a la posible existencia de un asentamiento en tiempos prerromanos. "Esto se desocupa a principios del siglo XIII y el año pasado nos habíamos encontrado algunos materiales, fundamentalmente cerámica, de la Edad del Hierro", indicó la profesora.
En la anterior campaña, "ya aparecieron unos niveles que eran completamentes diferentes" a los que los estudiosos del espacio estaban "habituados a encontrar". "Entre ellos, algunas estructuras en negativo, algunos hoyos colmatados de materiales", apuntó Martínez Peñín, reiterando asimismo la aparición de cerámica y de otro tipo de elementos: "Algunos restos de fauna fueron los que muestreamos y, efectivamente, las dataciones de Carbono-14 nos vienen a confirmar que estamos en un horizonte de la Edad del Hierro".
Ante ese horizonte, seguirán trabajando a lo largo del mes desde la ULE, que tiene por seguras estas excavaciones hasta, al menos, el año 2028. Hasta entonces, en cada campaña de verano, los presentes y futuros arqueólogos se opcuparán de este viaje a contracorriente que indaga en las capas subterráneas que antaño habitaran otras civilizaciones. Todo para desgranar al completo la historia de uno de los yacimientos medievales más destacados del norte peninsular. Yacimiento que recuerda a una época profundamente enterrada por el tiempo sobre la que nosotros, hoy, caminamos.
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