El acto de la inauguración del Centro de Interpretación la Carpintería de Armar ya había finalizado, se habían ido las autoridades, también los vecinos de Valcabado que llenaron el salón y a Roberto Carro, el maestro de ceremonias y gran promotor de este proyecto desde la Junta Vecinal, se sienta entre satisfecho y extenuado, se le escapa en alto una reflexión: «Aquí no acaba nada, ahora empieza otra fase, muy complicada, llenar este espacio, darle vida, que es la única forma de darle vida al pueblo y en lo que venimos trabajando desde hace ya unos cuantos años».
Es una reflexión que se había repetido a lo largo de la tarde: «Aquí no acaba nada, empieza...». Es un paso más en lo que se ha dado en llamar ‘El milagro de Valcabado’, aquel que arrancó cuando un niño de 14 años, David, escribió al periódico para decir que «el artesonado de mi pueblo se pudre».
El artesonado ya no se pudre, es más es una de las joyas de la ruta de la carpintería de armar en el occidente de León, y el viernes se inauguró el Centro de Interpretación de la Carpintería de Armar (también llamada Carpintería de lo Blanco). En las paredes paneles de los artesonados de la ruta, vitrinas con herramientas del oficio, y muestras de esta Carpintería de Armar (lazo del ocho, lazo leonés...) y unas frases repetida al hablar de ella: «no lleva ni una sola punta, ni un tornillo, ni una gota de cola. Son piezas ensambladas como hacían aquellos maestros del siglo XV y XVI, armaduras de cerchas y correas... Esto no se hace en ninguna parte del mundo y no ha sido reconocida como se merece, se repite muchas veces de los templos japoneses, que no llevan herrajes ni clavos ¿Y esta nuestra? Pues tampoco», explicaban los grandes protagonistas de la tarde, Agustín Castellanos y Ricardo Cambas, especialistas en este viejo oficio, profesores del Centro de los Oficios de León, dos regalos para esta provincia, tan geniales como generosos, tan únicos como cercanos. Allí estaban explicando el milagro de Valcabado como si lo hubieran hecho otros. Suyo fue primero el pórtico y después ese artesonado que ya no se pudre.
Vayamos por orden. Recibió a todos Roberto Carro, quien ya explicaba que «todo había comenzado en 2019... y todo empieza nuevamente ahora» bajo una premisa «conocer para valorar. Ya tenemos el bien, ahora hay que darlo a conocer».
Recordó Carro, para valorar «lo que tenemos», un documental que cuenta cómo el multimillonario William Randolph Hearst «convirtió en objeto de deseo para las 161 habitaciones de su mansión la carpintería de armar de los techos españoles. Y los llevó, hasta derribaron edificios para llevar 90 artesonados. Cuando en 1937 se arruinó se subastaron y otro multimillonario mejicano, Mauricio F. Garza, compró muchos y hasta viajó a Tarazona y Almagro a decirles que sus artesonados no se habían perdido, que los tenía él».
- ¿Y los otros 87?; se preguntaba Carro, que simplemente trataba de poner en valor «lo que tenemos»;algo que en el libro de visitas del artesonado de Valcabado sí han puesto de manifiesto muchos en sus reflexiones. Una les anima: «Buen sendero estáis haciendo...».
Ypero puso un recorrido del sendero con los representantes de las instituciones que han colaborado en el mismo pues «la sociedad civil se puede movilizar, como en Valcabado, pero necesita un anclaje».
Acudieron a la cita el delegado de la Junta, Eduardo Diego; el diputado de Cultura, Emilio Martínez, y el coordinador de proyectos del ILC, Emilio Gancedo. Hablaron de las aportaciones de las instituciones que representan pero, sobre todo, incidieron en la implicación y el ejemplo de las gentes de Valcabado, de los 30.000 euros iniciales que recogieron ‘en hacendera económica’. Y la insistencia en no rendirse: «No admitieron jamás esa respuesta tan repetida de ‘no puede ser, no entra en este programa’. Siempre buscaron la fórmula para que sí pudiera ser; detrás de esta realidad hay mucha pasión», explicó Gancedo.
Impagable la lección de los maestros Castellanos y Cambas, tan bella como la pasión que también ellos ponen. Dos pequeños documentales sobre ‘Hacendera del Patrimonio’ y ‘La ruta de la carpintería de armar en la Vía de la Plata’, de Álvaro Antona Torrego, cerraron una tarde que celebraba un paso más hacia el milagro de Valcabado en la que nada acaba y todo vuelve a empezar.