La noticia es fresca, reciente, de hace tan solo unas horas: «El Museo de Colecciones de la Universidad de León, Mule, suma a sus fondos colecciones del Museo de Ciencias Naturales Dominicos-Padre Arintero gracias al convenio de colaboración firmado entre la ULE y la Provincia de Hispania de la Orden de Predicadores», explica la nota oficial emitida por la Universidad, que se extiende a continuación en explicar las condiciones del convenio, como ya se ha informado en todos los medios.
A buen seguro que se trata de un convenio positivo para el Museo, que, explica la nota, «acoge las colecciones, reunidas durante décadas por los Dominicos en el Colegio de La Virgen del Camino con fines docentes y divulgativos, incluyen ejemplares biológicos, paleontológicos, geológicos y etnográficos, además de instrumentos científicos históricos y numerosos recursos educativos utilizados durante décadas en la formación de varias generaciones de estudiantes».
En diferentes ocasiones se habla del Museo que lleva el nombre del Padre Arintero, el dominico natural de Lugueros Juan Tomás González Arintero, a quien sin duda no le faltan méritos para dar su nombre al museo más allá de ser del pueblo de uno de los grandes benefactores de los Dominicos de la Virgen del Camino, la familia Fierro.
Pero, tal vez, también era buen momento para recordar al impulsor, prácticamente al creador, del Museo y quien siguió además aportando numerosas piezas fruto de sus años de misionero en diferentes países de Hispanoamérica y, siendo un convenio con la Universidad, entre sus mérito académicos figura su condición de licenciado en Biología por la Universidad de León.

Un tipo generoso, solidario, de sólida formación académica y cercano, hasta el punto de que quienes le trataron (y tratan en sus regresos a España, pasando por León) se suelen referir a él con el cariñoso apelativo de Zabalita.
Cierto que no es leonés de nacimiento, pero sí de estancia, formación y desvelos, especialmente con ese Museo de Ciencias Naturales. Dice su biografía oficial que «Pablo Zabala nació el 4 de marzo de 1947 en Oteiza de la Solana (villa de la Comunidad Foral de Navarra). El bachillerato le estudió en Villaba, para continuar en León y el noviciado en Palencia, ordenándose sacerdote en Salamanca en el año 1971. Es licenciado en Biología por la Universidad de León y durante su estancia en el convento de la Virgen del Camino en León, creó junto con otros dominicos su museo de ciencias naturales, al que para dotar de piezas de gran valor recorrió algunas misiones de México, Guatemala Salvador y Perú.
Pero aquellos viajes, en principio para dotar de animales al museo, propiciaron un cambio radical a su vida pues a la vez que visitaba esas misiones —ha explicado en numerosas entrevistas—«conocí las verdaderas necesidades de aquellos pueblos y no lo dudé ni un momento cuándo solicitaron mi presencia como misionero, sabía que aquel era mi sitio después de doce años trabajando en La Virgen del Camino».
La selva peruana fue su destino, donde llegó en 1982. «Desde España llegué a Purús en la frontera de Perú y Brasil, después San Cristóbal en las alturas de Cusco, y finalmente a mi querido Boca Colorado de la selva de Madre de Dios»; lugar que para darse una idea de dónde había ‘aterrizado’ explicaba: «El 28 de marzo del 2008 tomé el avión con destino a Puerto Maldonado y después por carretera hasta Laberinto.
Desde allí, tras un día en canoa por el río Colorado, llegamos hasta Boca Colorado, para continuar por la selva hasta un destino que se convirtió en mi segunda casa».
En sus visitas a España, en las que suele pasar por Montesclaros y La Virgen del Camino, aprovecha para solicitar la solidaridad de quienes le conocen y llevar hasta la selva peruana contenedores de materiales de primera necesidad para aquellas gentes a las que atiende y que explicaba en una carta a sus benefactores: «Ya llevo 7 años en esta Parroquia – Misión de Boca Colorado. Comprende todo el Distrito de Madre de Dios con 18 comunidades o asentamientos humanos, desde 5.000 habitantes a 250 aproximadamente, en total unas 20.000 almas. En Colorado como capital ya había capilla, la hemos completado con el albergue estudiantil para alumnos de secundaria preferentemente con sus talleres de carpintería, mecánica, cocina, costura, zapatería, peluquería, bibliotecas, laboratorio de ciencias… granjas de pollos, gallinas ponedoras, peces, huerto… Este año nos juntamos para comer como 20, a veces llegamos a 50».
Y para atender a estas necesidades son de gran ayuda esos contenedores solidarios. «Estamos apoyando con lo que se consigue de la venta de ropa, libros, insecticidas, medicinas… que nos envían en los contenedores desde España».
Pero mucho más que las biografías, los datos, países o misiones habla el recuerdo que Pablo Zabala, Zabalita en los más cercanos, dejó en aquellos que le conocieron, los hubo que hasta le acompañaron como misioneros seglares desde León, fascinados por su trabajo y su personalidad.
Curiosamente se repite una definición para el creador del museo de las Ciencias Naturales: «Ser de luz».
