Arsenio Tascón, el 'ruso' de Orzonaga

A Arsenio Tascón, nacido en Orzonaga en 1929, le subieron con siete años en un barco y acabó en Leningrado; fue uno de aquellos ‘niños de la guerra’ que soñaba con regresar a casa, con reencontrarse con su madre, pero no fue posible

22/02/2026
 Actualizado a 22/02/2026
Tres etapas de la vida de Arsenio Tascón, nacido en Orzonaga en 1929 y que no pudo regresar. | L.N.C.
Tres etapas de la vida de Arsenio Tascón, nacido en Orzonaga en 1929 y que no pudo regresar. | L.N.C.

«Era muy niño, me montaron en un burro y me llevaron para Francia. Allí nos recogieron en un barco a todos los españoles y caímos en la ciudad de Leningrado. Nos mandaban allí porque mi padrastro estaba peleando y mi madre estaba trabajando con los de las brigadas internacionales, era de las que atendía a los brigadistas que había en Barcelona».  

Así recordaba Arsenio Tascón Tascón su marcha de Orzonaga cuando era un niño de siete años. Había nacido en esta localidad, próxima a Matallana de Torío, el día 7 de marzo de 1929 y un convenio entre el gobierno republicano español y el de la entonces U.R.S.S. intentaba que estos ‘niños’» no sufrieran los horrores de la guerra que estallaba en España. Después a Franco no le pareció oportuno cumplir lo pactado y Arsenio -y muchos niños españoles más- nunca regresaría a su tierra.

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Arsenio Tascón Tascón, El Ruso de Orzonaga, cuando visitó su pueblo y León en los 90 con la esperanza de quedarse. | L.N.C.

Un primo de Arsenio, Alfredo, que vivió siempre en Orzonaga y mantenía contacto con ‘el niño de la guerra’, siempre se preocupó por intentar el regreso de aquel pariente, recordaba en un reportaje de La Crónica de León aquellos días. «No lo podía olvidar; cuando éramos niños yo siempre estaba con él, siempre la íbamos juntos pues Arsenio vivía en mi casa, ya que su madre estaba sirviendo. El chaval desapareció y yo tuve la suerte de no estar en aquel momento con él, que era raro, pues siempre estábamos juntos. De haber sido así yo sería otro niño de la guerra».  

Arsenio también pasó media vida intentando regresar, se sentía español, lo era, y no entendía cómo el destino había sido tan cruel con él, solo un niño. «No entendía nada de lo que era aquella guerra que, sin embargo, sufrí. Solo sabía que había dos grupos que se pegaban entre sí. A mi padre lo cogieron en la frontera de Francia y lo llevaron a un campo de concentración. A mi pobre madre no le quedó más remedio que subirme a aquel barco, pues ella no tenía trabajo». 

Al hablar de su biografía, de cómo llegó a aquel país, de cómo no entendía nada... decía una expresión muy gráfica: «Iba comprobando cómo la vida me iba apretando, me iba dando una vuelta de tuerca más. «Cuando llegué pensé que al año siguiente estaríamos de vuelta, que regresaríamos, todos aquellos niños que llenamos barcos, pero la cosa se iba complicando cada vez . Crecía nuestra desesperación».

Y eso que no sabía de la búsqueda que había emprendido su desesperada madre desde España. Una vez finalizada la guerra, emprendió la busque da de su hijo y marchó hasta Francia, siguiendo el mismo camino que había  hecho el ‘niño’, intentando entablar comunicación con Rusia; algo que desde España era imposible establecer por razones obvias. En Francia se enteró que Arsenio sí estaba en Rusia y, de país en país, dando saltos, llegó a Uruguay, a Montevideo. Desde la ciudad hispanoamericana comunicó con su hijo durante un tiempo. Después este contacto se rompió y ella le mandaba cartas a España, a su primo Alfredo, y éste las enviaba a Moscú. El mismo conducto, pero haciendo el camino al revés, utilizaba Arsenio para escribir a su madre. «Era una tortura no saber de ellas con lo que había sufrido. A mi madre no la logré ver por primera vez  hasta el año 59, que fui con mi esposa a Montevideo. Desde entonces no la he vuelto a ver más»; explicaba el leonés/ruso en el reportaje publicado en La Crónica en 1992 y en el que mantuvimos una larga conversación.

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Arsenio Tascón a la izquierda en Rusia, con su esposa. | L.N.C.

Según iba creciendo, consciente de que era casi imposible regresar a España. «Consciente de que mi vida ya se iba a desarrollar allí pude disfrutar de algunas de las ventajas de la superpotencia comunista. «Pude sacar la carrera de ingeniero de Caminos pero mi sueño seguía siendo volver. Para ver si desde allí era más fácil me fui voluntario a trabajar en Cuba, creyendo que desde la isla podría volver. Pero tampoco así logré dejar de ser un ruso por obligación», explicaba este  leonés que nunca dejó de serlo y se definía como ruso por obligación.

Llegaron para él tiempos muy duros. Enfermó. Malvivió con una mísera pensión que le obliga a veces a prescindir de la calefacción para poder comer, pese a su delicado estado de salud. «En total gano 320 rublos al mes y si quisiera comprar un kilo de chorizos viene a costar unos 300 rublos; para que os hagáis una idea».

Las gentes de su pueblo propiciaron su regreso en los 90, con la esperanza de que se pudiera quedar. El Ayuntamiento de Matallana le ofreció terreno para hacerse una casa, un alcalde de León, populista a más no poder, le recibió, se hizo la foto y le prometió que regresaría muy pronto a León. Hasta hoy, nada más se supo.

Arsenio acabó sus días en Moscú, soñando lo mismo que toda su vida, regresar a Orzonaga, dejar de ser un 'ruso' por obligación. No fue posible.

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