Frank Sinatra, La Voz y la leyenda, solo actuó una vez en España. Fue el 25 de septiembre de 1986 y detrás de su presencia en el estadio Santiago Bernabeu estaba un singular empresario leonés, Arsenio Marcos, al que todos en su pueblo conocían por Seni. Un tipo querido en su comarca, uno de esos personajes de los que sí se puede decir que «hecho a sí mismo» y al que puede definir el hecho que marcó su vida: la contratación de Sinatra.
Vaya por delante que el concierto, por múltiples circunstancias, no fue precisamente un éxito, más bien todo lo contrario; que Seni bien pudo arruinarse pero aquel tipo singular, que se embarcó en la aventura de traer a Frank lo tenía muy claro: «Traer a Sinatra fue una ruina, pero mereció la pena», declaraba en La Crónica de León, periódico que le había dedicado un suplemento completo.
enía motivos Arsenio Marcos para el consuelo pues, además de conocer a su ídolo, parece que Frank fue de los pocos que «no le puso palos en las ruedas», más bien todo lo contrario, según recuerda otro leonés singular, Filo Acevedo, entonces empleado de Seni, casi su hombre de confianza: «Sinatra no cobró el total de e su caché —130 millones de pesetas—, le trató como una amigo y recuerdo que le regaló una Cruz que valdría dos o tres millones de pesetas. Es cierto que Seni casi se arruina, pero también que jamás se arrepintió».
Tuvo muchos protagonistas aquel resbalón. La televisión, que le dejó colgado y decidió nos trasmitir el concierto, el Bernabeu que subió su caché al saber que no se televisaba, Xavier Cugat que se erigió en ‘representante’ del cantante... total, que la entrada —se esperaba un lleno total— se quedó en menos de la mitad. Y todo a costa de Seni y la empresaria de la construcción Rosa de Santiago, su socia.
Pero realmente aquel concierto solo era un capítulo más en la aventura empresarial de Arsenio Marcos, que había nacido en 1943 en Sabero y, como tantos del valle, trabajó en ‘la empresa’, Hulleras de Sabero y también fue pastor, una profesión de la que jamás renegó y decía haberla ejercido, aunque cuando triunfó en los negocios en Bilbao le llamaban «el pastor», pronunciado con menos orgullo que lo hacía él.

Un día Seni, a través de conocidos, decidió hacer lo que tantos jóvenes de su época y con 19 años cogió el Tren Hullero rumbo a Bilbao, una tierra prometida entonces. Y fue dando pasos, con mucho trabajo, empezando como repartido con una motocarro, después fue camarero, fontanero, chatarrero... para acabar regentando la sala de fiestas de más prestigio de la capital vasca. «Era una sala exclusiva, con un determinado húmero de personas por día, las mejores actuaciones que te puedas imaginar, artistas que iban directamente de Madrid a su sala. Recuerdo, por ejemplo, a Moncho Borrajo y todos los nombres de la época», recuerda Acevedo, empleado en aquella sala y amigo, como leoneses y casi vecinos. Seni llegó a representar a José Luis Perales o Los Chichos, entre otros artistas.
Y hay fue creciendo el sueño de traer a Frank Sinatra, que no era nada fácil, pues el artista había hecho comentarios despectivos hacia España; tal vez por las infidelidades que entre 1951 y 1957 protagonizó en nuestro país su mujer, Ava Gardner.
En fin, pese a aquel ‘tropiezo’ se recuperó y su familia donó a ILC hace unos años toda la documentación que tenían sobre Arsenio Marcos. En el acto, su amigo el periodista Gonzalo Garcival, reivindicó un reconocimiento para Arsenio Marcos, de quien dijo que había sido «un personaje fascinante y de una condición humana más allá de lo normal en estos tiempos de negra ingratitud y amargura extrema». Algo muy en la linea de lo que afirmó el abogado y representante legal de Frank Sinatra, el hombre con más poder a su lado, Mr. Rubin.
Cuando le preguntaron por el azaroso concierto en el Bernabeu tuvo palabras elogiosas para el leonés: «Me ha parecido un hombre muy cabal», dijo el americano, que parece una muy buena defición para aquel chaval que todos recuerdan con gran cariño en su tierra y en su pueblo; unos lugares a los que Seni regresó siempre que se lo permitió su andadura empresarial y siempre quiso mantener la conexión con su pasado insistiendo en su condición de «pastor», aquella que había ejercido de joven antes de coger el tren Hullero y regresar con Frank Sinatra.