Antonio Valbuena: "Los académicos son las tres docenas de españoles más indoctos, atraen al desatino"

El Melladín de Pedrosa era su apodo por un corte en su labio, pero tenía otros ganados a pulso, como el azote de los académicos (de la RAE) o el polemista por excelencia, que igual golpeaba a ripiosos que a quienes habían colocado la estatua de Guzmán

10/05/2026
 Actualizado a 10/05/2026
Antonio Valbuena.
Antonio Valbuena.

La noticia cultural de la semana es la celebración en León de una de las reuniones de la Real Academia, para reconocer tanto el trabajo de los miembros actuales de la RAE, como el de sus predecesores en diferentes sillones de la Academia y también el evidente valor de la literatura leonesa, con primeros espadas mucho más allá de lo que cabría esperar de una pequeña provincia.  

Ante esta noticia fueron muchos los que pensaron en otros leonés, Antonio Valbuena (Pedrosa del Rey 1844-1929), conocido como El Melladín de Pedrosa por una cicatriz en su labio pero su actividad como escritor y crítico le hizo merecedor expresiones como «el polemista por excelencia» pues entre sus numerosas polémicas una de las más repetidas, y ácidas, era con los miembros de la Real Academia, de los que decía cosas tan gruesas como «ya se sabe: los académicos, que regularmente suelen ser las tres docenas de los españoles más indoctos y más atrasados de noticias (...) con la misma fuerza con que el imán atrae al hierro, les atrae a ellos el desatino» o «entre dos formas diferentes , la una racional, etimológica y en uso, y la otra zafia, caprichosa y desconocida, eligen siempre esta última».

Muy duro, pero era su estilo. Recordamos los dardos a la Academia y los académicos al calor de su visita; pero no se salvaron otros muchos colectivos, entre los que los ripiosos también  tenían lugar preferente. Tampoco se salvó la Diputación provincial, y sus miembros, por la elección de la estatua de Guzmán que luce una céntrica plaza leonesa. Para mayor desatino «es lo primero que ven los visitantes. Es de esperar que desaparezca cuando en la Diputación esté en mayoría el buen gusto», ya que su mayoría era la que le había permitido colocarla. 

Solo son apuntes de una biografía más compleja, y de un literato que merece mucho la pena leer, especialmente para los leoneses, con títulos como ‘Rebojos. Un zurrón de cuentos humorísticos’, por citar uno, sin olvidar sus famosos y críticos volúmenes de ripios, más bien contra los ripios.

Licenciado en Derecho, también tenía prácticamente finalizados los estudios eclasiásticos, es muy esclarecedor de su vida el obituario publicado por Miguel de Escalada. «Ayer murió en el pueblecito donde había refugiado su senectud solitaria y desvalida uno de los escritores que más rebullicios suscitaron en España hace cerca de medio siglo: D. Antonio Valbuena. Antonio Valbuena fue sucesivamente carlista e integrista. Dejó al rey, del que había sido cronista de cámara y a cuyos caudillos dedicó encendidas odas, menos vibrantes que la de Espronceda a Chapalangarra, para enrolarse como soldado del Papa-rey, lo cual dice mucho en pro de su desasimiento de los bienes materiales. Sus catilinarias contra la Academia y sus ojeos de cazador de gazapos literarios, que le concedieron durante algún tiempo un lugar en las páginas de El Imparcial, fueron en volúmenes, Los años apaciguaron la combatividad de Valbuena; pero no limaron sus aristas de inadaptable. Honrado y batallador, el escritor popularísimo de hace varias décadas, ha muerto pobre y olvidado del público y de sus correligionarios. Tenía 83 años y vivía de una modesta pensión que como cronista de la provincia le había asignado la Diputación de León». 

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