Leoneses de "limpia, fija y da esplendor"

Ocho leoneses, desde su creación a nuestros días, se han sentado en los sillones de la Real Academia Española de la Lengua

06/05/2026
 Actualizado a 06/05/2026
Lois acogió una visita en 2013 del presidente de la Academia en homenaje a la cátedra
Lois acogió una visita en 2013 del presidente de la Academia en homenaje a la cátedra

Hace tan solo unas horas que se anunció que la «Real Academia Española (RAE) celebrará el 14 de mayo un pleno ‘excepcional’ en León», algo que han hecho en muy pocas ocasiones. El encargado de anunciarlo, el académico Salvador Gutiérrez, explicó los motivos: «Rendir homenaje a «tantos y tan buenos escritores, filólogos y académicos» que ha dado la provincia». 

Cierto que, al margen del consabido boom de la literatura leonesa, que ha hecho de esta tierra una potencia incuestionable en este campo —otra cosa es que se aproveche— tampoco es nada habitual que una pequeña provincia como León cuente en su tierra con tres académicos: el citado Salvador Gutiérrez (Sillón S), asturiano de nacimiento pero afincado en León de cuya Universidad es catedrático; y dos reconocidos escritores, el lacianiego Luis Mateo Diez; y José María Merino, curiosamente nacido en Coruña, por las circunstancias personales de su padre pero afincado en León desde la más tierna infancia.

Pero la vinculación de León con la Real Academia viene de más lejos, tiene un largo recorrido que se inicia ya en el grupo fundacional, en 1713. Entre los creadores de la misma estaba un leonés de La Bañeza, Juan de Ferreras, que tomó posesión de su sillón B el 7 de julio de 1713. Había nacido en La Bañeza el 1 de junio de 1652 y fue el primer ocupante de la silla B. Perteneció al grupo de los ocho primeros asistentes que, desde 1711, se reunían periódicamente en las tertulias celebradas por el marqués de Villena en su palacio de las Descalzas Reales de Madrid, es decir, dos años antes de la creación de la Real Academia Española. De él escribe García de la Concha: «Relevante eclesiástico, reconocido intelectual y, en concreto, un historiador novator»; por su parte, Alonso Alcalá Zamora dice que «era un hombre más dado a las letras que a la brillante vida pública». 

Siguiendo el orden cronológico los dos siguientes son aquellos que en su día (julio de 2013) quisieron homenajear en Lois, en cuya cátedra de latín se había formado. Acudieron entonces a la localidad montañesa los tres académicos leoneses ya citados junto al entonces presidente de la RAE, Santiago Muñoz Machado, en lo que fue una gran fiesta de las letras en la localidad. Eran Alonso Rodríguez Castañón, que había nacido en Lois en 1669 y tomó posesión de su sillón C el 18 de marzo de 1717. Sucedió al que había sido su primer ocupante, Gabriel Álvarez de Toledo,  y con su discurso de entrada nació la costumbre, mantenida hasta hoy, de que el nuevo académico pronunciara un elogio de su predecesor en la silla.

Alonso Rodríguez Castañón fue caballero de Alcántara y colegial del mayor de San Ildefonso (Alcalá de Henares). Antes de ser miembro de la RAE, asistió con gran interés a las juntas de la Academia, como oyente. Sin embargo, una vez elegido académico, su interés decayó y en 1719 dejó de frecuentar dichas juntas. Su prolongada ausencia llevó a la Academia a pedirle cuentas en agosto de 1720; el se disculpó alegando que «una molesta enfermedad le forzó a retirarse a la montaña (Lois)».

El segundo ‘de la cátedra’ fue Pedro Manuel Álvarez Azevedo, que tomó posesión de su sillón T el 6 de febrero de 1721, siendo el segundo ocupante de la misma. Dice su biografía en la RAE «Fue caballero de la Orden de Santiago y ocupó, entre otros cargos, el de sargento mayor de la Caballería de Felipe V; regidor perpetuo de Soria y Lorca; gobernador de Jerez de los Caballeros, hasta 1726, y corregidor de Daroca desde 1729 hasta su muerte en 1734».

Después de un largo periodo sin leoneses llegó ‘la edad de oro’, con grandes especialistas como el traductor Valentín García Yebra (n minúscula, ingresó en 1985), el crítico Ricardo Gullón (c minúscula, ingresó en 1990); el lingüista Salvador Gutiérrez (S, ingresó en 2007); y la brillante generación de escritores fue reconocida con la presencia de Luis Mateo Diez (I, ingresó en el año 2000); y José María Merino (m minúscula, año 2008).  

A ellos les debe León el privilegio. 

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