Antonio Gaudí y la Exposición Universal de Barcelona de 1888 (1ª parte)

Por José María Fernández Chimeno

José María Fernández Chimeno
17/02/2026
 Actualizado a 17/02/2026
Carnet de Antonio Gaudí para la Exposición Universal de Barcelona (1888).
Carnet de Antonio Gaudí para la Exposición Universal de Barcelona (1888).

«Menos de un año después de haberse terminado la Bibliothèque Sainte-Geneviève, se levantaba en Londres el Crystal Palace, realización de vanguardia de concepción mucho más atrevida, destinada a alberga la primera de las grandes exposiciones internacionales que hoy en día continúan celebrándose». 
(‘Historia general del arte (4)’, H. W. Janson).

Continua el historiador de Arte H. W. Janson con un principio que a lo largo del siglo XX se haría viral: «la forma sigue a la función». Sin embargo, y contrariamente al sentido útil, este principio progresó muy lentamente en la arquitectura y no encontraría su reconocimiento hasta mediados del siglo pasado. Aunque sería con el comienzo de las exposiciones universales donde más adeptos encontraría.

Las exposiciones universales, que dieron comienzo en Londres en 1851, vivían un momento de apogeo. Eran consideradas los mayores eventos políticos, económicos y sociales del mundo, en los que cada país invitado exponía sus grandes avances tecnológicos, haciendo gala de su potencial económico e industrial. Entre las exposiciones celebradas anteriormente a la de Barcelona destacaron: la de Londres, 1851; París, 1855; París, 1867; Viena, 1873; Filadelfia, 1876; París, 1878; y Melbourne, 1880.

Antonio Gaudí (1852-1926) había nacido un año después de la Exposición Mundial de Londres de 1851, y falleció tres años antes de la Exposición Universal de Barcelona de 1929. Se puede decir, por consiguiente, que vivió en la gran «época de las exposiciones universales» y en cierto modo se vería beneficiado, no solo por las corrientes constructivas tan novedosas que aportaban, sino, también, por la enorme influencia que en un futuro estas tendrían para su propia formación como arquitecto-artesano.

Pabellón marítimo de la Compañía Transatlántica (1888).
Pabellón marítimo de la Compañía Transatlántica (1888).

¡Todos somos hijos de nuestro tiempo!

Esta máxima se cumple, por ejemplo, para los nacidos en la década de los años 60/70 del siglo XX, cuando el vuelo espacial dentro del Programa Apolo XI llevó a los humanos a la Luna por primera vez. El comandante Neil Armstrong y el piloto del módulo lunar Edwin E. Aldrin formaron la legendaria tripulación estadounidense que alunizó el Módulo Lunar Eagle Apollo en el cráter conocido como Mar de la Tranquilidad (Mare Tranquillitatis), el 20 de julio de 1969; y que marcó la llegada del hombre a la Luna. Desde aquel instante en que Neil Armstrong pronunció la célebre frase «Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la Humanidad», todos los privilegiados de haber contemplado ese instante único, se sienten hoy hijos de la «época de la carrera espacial».

Retomando el asunto que atañe a este artículo, diré que: «de ese interés de don Eusebi por los muebles artesanales surgió una relación inesperada, pues durante una visita a la Exposición Universal de París, de 1878, paseando por el pabellón español, le palais du Chaublot, se detuvo ante una hermosa «vitrina» encargada a Gaudí por la guantería Esteban Comella de Barcelona (realizada en el Taller de Eduald Puntí)». [ver artículo en LNC, titulado: ‘Antonio Gaudí y míster Güell’ (28-01-23)].

El Sr. Güell era un viajero empedernido, los viajes para él eran una necesidad, fruto del interés y la curiosidad por todo lo desconocido: «Nada le era indiferente. Viajaba por placer y por asuntos de trabajo; solo o en compañía. Entre sus desplazamientos más frecuentes Londres y París constituían sus destinos favoritos. En cualquiera de estas dos ciudades, que se conocía como la palma de la mano, estaba bien relacionado». (Carmen Güell, de su obra: 'Gaudí y Güell, el artista y el mecenas').

Arco del Triunfo (Exposición Universal de Barcelona, 1888)
Arco del Triunfo (Exposición Universal de Barcelona, 1888).

La relación de la familia Güell con las Exposiciones Universales fue una constante a lo largo del tiempo, que acabaría influyendo en la profesión de un novel arquitecto recién salido de la Escuela de Arquitectura de Barcelona: Antonio Gaudí. Desde entonces se forjó entre ellos una gran amistad y don Eusebi Güell le encargaría la realización de obras tan importantes como los Pabellones Güell (primer encargo), el Parque Güell, las Bodegas Güell, la Cripta de la Colonia Güell y el Palau Güell. Este último se inauguró en 1888, coincidiendo con la Exposición Universal de Barcelona. Personajes tan ilustres como la reina María Cristina de Habsburgo, el Rey Humberto I de Italia o el presidente de EEUU Grover Cleveland visitaron el edificio. Esta obra se engloba dentro del periodo inicial del artista (1883-1888), la «etapa orientalista», donde su arte tiene un claro influjo del Lejano Oriente y del arte islámico.

El Pabellón de la Compañía Trasatlántica para la Exposición Universal de Barcelona de 1888, con un aire oriental un tanto ecléctico, se atribuye a Gaudí, pero, como afirma Cesar Martinell en Gaudí (su vida, su teoría su obra), este pabellón desmontable e inspirado en el diseño del maestro de obras Sr. García Cabezas, para la Exposición Marítima de Cádiz de 1887, por falta de una mención expresa a su autor, no puede afirmarse la autoría. Tras la muerte de Antonio López en 1883, le sustituyó al frente de la Compañía su hijo Claudio López Bru, cuñado de Eusebi Güell, por lo que se piensa que de esta relación familiar surgió el encargo a Gaudí del citado pabellón, obra que ni siquiera era de nueva planta, sino una reforma del anterior; mas, insisto, debido a la falta de datos solo cabe formular hipótesis.

Wainwright Building (St. Luis, Missouri. 1890)
Wainwright Building (St. Luis, Missouri. 1890).

Aunque, si lo que de verdad buscamos es la relación profesional del arquitecto reusense con la citada exposición, hay que retrotraerse a 1881, cuando, a la edad de veintinueve años, Gaudí mantenía una relación estrecha con personajes de su época de estudiante, y cuando «…para ayudarse en la carrera, trabajó de delineante en casas de diversos arquitectos, como Villar, Sala, Martorell y Fontserè». (‘La línea religiosa de Gaudí’, Puig Boada, 1981). Entre 1872 y 1881, tras ganar el concurso de adjudicación, Josep Fontserè i Mestre llevó a cabo la dirección de las obras para la urbanización del Parque de la Ciudadela (los primeros trabajos se efectuaron en 1873), en donde se instalaría la exposición universal.

La idea inicial de organizar una gran exposición universal la había tenido el empresario gallego Eugenio Serrano de Casanova, proyecto que acabó asumiendo el alcalde, quien se rodeó de un grupo de empresarios de la ciudad condal y que, junto a Consistorio de Barcelona, formaron el llamado Comité de los Ocho, entre los que se encontraba Claudio López Bru (2º Marqués de Comillas). Con la llegada a la alcaldía de Francesc Rius i Taulet, en 1881, se relanzó el proyecto y durante los siguientes años se finalizaron numerosas obras, como la Gran Cascada en 1882, donde Gaudí tendría algo que decir. Si el diseño general fue de Josep Fontserè, el cálculo del depósito hidráulico para la cascada se atribuye a Gaudí, y le sirvió de examen de la asignatura de Resistencia de Materiales en junio de 1875; trabajo que fue sometido a la revisión del profesor y arquitecto Juan Torras, quien lo consideró acertado.

Gran Cascada de la Ciudadela (Parque de la Ciudadela, 1882).
Gran Cascada de la Ciudadela (Parque de la Ciudadela, 1882).

Ese sencillo encargo resultó a la postre «un pequeño paso para Gaudí, pero un gran salto para el futuro de la arquitectura gaudinista». Pronto dejaría de ser un perfecto desconocido, pasando a trabajar para «el constructor Fontserè (hijo Josep Fontseré i Mestres), con quien Gaudí tuvo una importante participación en el parque de la Ciudadela […] El constructor Fontserè era un iniciado en la Masonería, que junto con Rossend Arús fundan la Gran Logia Catalano-Balear, de matiz catalanista […] En el parque participaron dos de sus compañeros de la escuela de Arquitectura, Cristobal Cascante (masón) y Camil Oliveras, y allí conocería al que fue uno de sus grandes amigos, Lorenzo Matamala Piñol, escultor…». (‘Gaudí, una aproximación a la masonería’, Joan Palmarola Nogué).

Fruto de esa relación amistosa queda otro elemento que también se atribuye a Gaudí: «dos relieves idénticos (esculpidos en piedra caliza, con una salamandra) que figuran en la entrada del Aquarium -la estructura que se levanta detrás del Nacimiento de Venus- y que, una vez más, Josep Francesc Ràfols afirma que son del joven Gaudí». Solo dos años después de la Exposición Universal de Barcelona, al otro lado de Atlántico, se construía el Wainwright Building (St. Luis, Missouri. 1890). «…la obra de Louis Sullivan (1856-1924), sin discusión el primer arquitecto moderno», sería su primer rascacielos; mientras Antonio Gaudí estaba en León, al pie de las obras del Palacio Episcopal de Astorga (1889-1893) y de la casa Fernández y Andrés (Casa Botines) (1891-1892). Para el historiador de Arte H. W. Janson «Gaudí y Sullivan representan dos polos opuestos, a pesar de que ambos persiguen la misma meta: un estilo contemporáneo independiente del pasado». Y ambos, añadiré, son los verdaderos precursores -junto a Frank Lloyd Wright- de la icónica frase «la forma sigue a la función», que aparece en el ensayo de 1896, ‘The Tall Office Building Artistically Considered’ (El Edificio de Oficinas Alto, artísticamente considerado) de Louis Sullivan; donde se articula esta idea, argumentando que la forma de un edificio debe derivar naturalmente de su función o propósito.

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