Es cierto que muchas crónicas de su adiós hablan del «torero salmantino» (otras muchas del leonés» pero Javier Castaño, con una infancia llena de recuerdos en Cistierna no se complica la vida pues siempre ha tenido resuelto este problema, en corto y por derecho, como corresponde: «No veo dónde está el problema, nací en León, estoy encantado, me siento leonés; vine a Salamanca para ser torero, me hice en su Escuela Taurina con el gran maestro Juan José, y también me siento salmantino».
Más claro, agua, y él mismo lo apunta: «¿Dónde está el problema».
En ninguna parte, ni siquiera en el hecho de que sus dos patrias le han dado algunos disgustos. La feria de León no fue especialmente generosa con Castaño, ni siquiera en sus mejores años y la de Salamanca le impidió uno de sus anhelos, despedirse allí donde se hizo torero y donde es el cuarto en el número de festejos lidiadas, con 360, tan solo superado por tres leyendas: El Viti, Capea y Julio Robles. También lo despacha el leonés con honradez, como ha sido en los ruedos: «Yo me voy con la conciencia tranquila, la empresa no lo creo. Me parece una falta de respeto después de haber paseado el nombre de Salamanca por medio mundo, pues he toreado en 8 países».
Se despidió en Zaragoza, en su corrida número 100 en plazas de primera y en una ciudad donde había tenido tardes felices, una de ellas inolvidable para el leonés. Lo ha repetido estos días una y otra vez, en la Feria del Pilar de 2010:«En Zaragoza siempre contaron conmigo;también en los momentos más complicados, como en 2010, cuando necesitaba una plaza que me diera un empujón y Zorita confió en mí. Fue fundamental para entrar de nuevo en las ferias y ahora vuelve a estar ahí, me da la despedida, aunque no oculto que había soñado con hacerlo en Salamanca». Como no oculta que después de abrir la puerta grande en Madrid como novillero uno de los sueños no conseguidos en estos 24 años de alternativa (de manos de Juli y Ponce en San Sebastián)es volver a abrir esa puerta como matador; aunque le consuela saber que tuvo allí tardes para el recuerdo. «En aquellos años que era un habitual de las ganaderías llamadas duras, 2012, 2013, 2014, sentí que Madrid estaba a favor mío, sentí respeto y admiración;y eso me parece fundamental pues si algo me enorgullece es sentir el respeto de aficionados y compañeros, eso es lo más importante».
Si hay un adjetivo que se repite en el adiós del Javier Castaño es honradez. El titular de La Tribuna de Salamanca, donde se le conoce muy bien, casi evita tener que acompañarlo de texto, lo dice todo: «La gloria bien ganada».
Y es que Castaño se fajó con las ganaderías más duras, desde los legendarios miura —con los que se encerró ante seis del hierro en solitario y salió a hombros— hasta los vitorinos, cuadris, adolfos... «la verdad es que cuando lo hacía me parecía más normal, pero cuando lo repaso ahora, con más sosiego, le doy más valor y, sobre todo, valoro a los jóvenes que lo están haciendo ahora. Y se lo digo a ellos». Así fue como en su despedida uno de ellos, Gómez del Pilar se acercó al leonés y conversó con él: «Me dijo que me admiraba mucho mi carrera, que le hubiera gustado seguir encontrándome en las plazas pero que me entendía. Lo agradezco mucho porque es un torero que se está abriendo paso a codazos, también con corridas muy duras como hice yo y está hablando en las plazas, que es donde hay que hacerlo».
En esas corridas duras ha escrito Castaño alguno de los hitos de su carrera, como ese ‘récord’ de encerrarse con seis miuras, tal vez su tarde más recordada, en Nimes, que la saldó además saliendo a hombros.
Él repasa su trayectoria y tiene frescas otras tardes importantes, además de la ya citada de Zaragoza: «Por suerte, más que de tardes me acuerdo de plazas que me han dado mucho: Pamplona, Nimes o Sevilla, pueden parecer muy diferentes pero tengo en ellas recuerdos imborrables, pues además de tener tardes de triunfo también sentí que calaba en la afición y eso me llena mucho como torero».
Superó un cáncer
En lo que no tiene ninguna duda a la hora de elegir es en la ganadería que más le ha llenado y le ha dado: Miura. «Creo que es la ganadería de la que más toros maté, una ganadería que ya se asocia a mi nombre, y me ha dado triunfos y hasta una relación muy personal con los ganaderos».
Pero en este repaso es inevitable un momento muy duro de su carrera, cuando le diagnosticaron un cáncer de testículos que le obligó a una largo tratamiento... Pero a los 19 días de recibir el alta médico toreó en Sevilla. «La verdad es que ahora lo veo como una locura, estaba muy débil después de la quimioterapia, sin pelo, demacrado.... fui a un tentadero con los miura para probarme y no podía con la muleta, pero la esperanza de torear en Sevilla me había ayudado mucho en la recuperación y creo que se lo debía... los médicos lo usan ahora como ejemplo para otros pacientes».
Una vez superado el trance llegó el momento de la retirada. «Pensé en esperar a los 25 años de la alternativa... pero creo que era el momento, lo dije en casa y empieza otra vida».
La nueva vida de un torero honrado, el último torero de León.