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La francesa errante y su burro Rousseau

La francesa errante y su burro Rousseau

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Marie sentada en una piedra de la majada Tronisco de Cofiñal con su inserparable ‘mochila con patas’, que así llama a ‘Rusó’ . | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen Marie sentada en una piedra de la majada Tronisco de Cofiñal con su inserparable ‘mochila con patas’, que así llama a ‘Rusó’ . | MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández | 13/09/2020 A A
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La francesa errante y su burro Rousseau
LNC Verano Marie ha pasado tres meses en la majada de Cofiñal, es el mayor tiempo que ha estado ‘quieta’ desde que en 2017 le dieran un año de vida y decidió vivirlo recorriendo España por sus montes, disfrutando de la soledad
No hay historias que te seduzcan más que aquellas que ves llenas de verdad. Y en Marie, ‘La francesa errante’, todo es su verdad, como los tres meses que lleva en la majada Tronisco de Cofiñal ejerciendo un oficio que jamás había visto, el de pastora de un rebaño de ovejas, guiada por un sentimiento del que sí sabe mucho, la solidaridad, con Vanessa en este caso, y el de la amistad, que lleva a término ejerciéndola incluso con quien es su inseparable compañero desde hace tres años, su burro Rusó (Rousseau) y que la ha llevado a no dormir en la caseta de los pastores sino en una tienda de campaña para estar más cerca de ‘su amigo’.

- Leí ‘Platero y yo’ a raíz de tener el burro y me emocionó.

- Platero y Marie.

Ríe abiertamente. «Cierto».

La historia, la nueva historia de Marie, comenzó hace tres años, cuando le diagnosticaron una gravísima enfermedad hepática. «Me dieron un año de vida, como mucho».
Marie tenía su vida y su trabajo en Francia. Viajaba. Pero aquel duro mazazo no la derrotó, ni mucho menos. «Renuncié a un posible trasplante, me encontraba muy mal pero les dije: Bueno, si me queda un año voy a vivirlo como me gustaría».

Y lo que le gustaría era recorrer España, pero por los montes, empezando en los Pirineos. «No tenía fuerzas ni para llevar una mochila a la espalda y me surgió la idea de comprar un burro que me la llevara, que ejerciera de ‘mochila con patas’. Y así lo hice».

Pero pronto Rousseau (el nombre también dice mucho) pasó de ser una mochila con patas al amigo inseparable de esta ‘francesa errante’ que con sus hierbas y sus cosas iba sorteando aquella sentencia de muerte y superaba el fatal plazo de un año. Siempre juntos y solos, salvo una pequeña anécdota en el camino. «Llegaba a los pueblos y me preguntaban si era la compañera del que había pasado hace unos días, y es que un chico con un burro recorría los mismos caminos pero unos días antes, hasta que nos encontramos, fue curioso».

Me dieron un año de vida y decidí dar un gran cambio; no tenía fuerza para tirar por la mochila y compré el burro como ‘mochila con patas'Caminaban —Marie y Rusó—hacia donde les pedía el cuerpo, de Pirineos a Navarra, hacia el sur, incluso a la Isla de la Palma, los dos... Cuando surgió el pasaje que más ha marcado la andadura de Marie. «Era en Navarra, en un lugar idílico y estaba observando al burro y pensando que no podía ser más feliz, que no deseaba nada más que aquello que tenía, cuando apareció una manada de perros de unos cazadores extraños, sin escopetas, parece que practican un tipo de caza muy cruel, no disparan a las piezas, los perros las hieren y ellos las rematan con una especie de cuchillos enormes».

Aquellos perros se lanzaron con crueldad sobre Rousseau, Marie no lo dudó y se metió en medio. «Vimos la muerte muy cerca, nos hirieron de gravedad pero había una charca y, como pude, nos metimos en ella y llegaron los cazadores. Él estaba muy herido, yo tenía una brecha enorme en la cabeza y los cazadores se iban, pero les grité: ‘Se vuestra matrícula y os voy a denunciar si no volvéis’. Regresaron después de un tiempo con ayuda médica y veterinaria. Tardamos mucho en recuperarnos, también mentalmente, yo pensé seriamente en comprar un arma... ya se me pasó». Y no sonríe. Sonríe con frecuencia pero en este pasaje se le nota que aún sufre al recordarlo. Por los dos. Como siempre, por eso siempre habla en plural.

En su caminar por los montes —«la carretera la pisamos lo mínimo, no nos gusta y es peligrosa para el burro»— llegaron a Andalucía, en Huelva conocieron la finca de la Fundación Monte Mediterráneo y a Ernestine, responsable del proyecto de revitalización de la trashumancia. «Me habló del caso de Vanessa, una ganadera con dos hijos que estaba en tratamiento de un cáncer y que Ernestine quería colaborar con ella. Me apunté encantada, aunque no sabía nada de pastoreo».

Y así ha pasado tres meses en la majada de Cofiñal, «he tenido muy buenas sensaciones con Vanesa y las niñas», pero ya van a bajar con el rebaño para Gordaliza del Pino y Marie ha decidido seguir su camino. «Voy a pasar a Asturias, por una vereda que va a Caleao, después a Galicia y queremos pasar el invierno en Portugal».

- ¿Los dos, de nuevo solos?
- No. Somos tres. He comprado otro burro joven en Lillo, para que Rusó no lleve tanto peso y para que tenga compañía... de su raza, quiero decir.

¡Qué personaje! ¿Le pondrá Platero al nuevo miembro de la familia?


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