Los personajes del tío Ful: Poli, presidente de Celadilla

No es un presidente al uso porque no es un tipo al uso; su alma solidaria juvenil no le ha abandonado, su sueño tener al pueblo unido, su arma preferida la cultura y las tradiciones

31/01/2026
 Actualizado a 31/01/2026
https://youtu.be/e9uh8qJM8KA

En los pueblos la mayoría de los vecinos no tienen apellidos, cada uno es como le llaman. Él es Poli. En los pueblos el presidente es, en los mejores ejemplos, quien más trabaja, se preocupa, lucha, entrega y no recibe. Y Poli es el alcalde pedáneo de un pueblo que se hecho con un hueco en las noticias, allí pasan cosas, pronto, el día 8, volverá a serlo porque inauguran un nuevo espacio de convivencia cuya esencia la define su propio nombre: La Casa del Pueblo. «Es curioso cómo naciendo en plena dictadura ese edificio que ahora recuperamos, en los años 60, y con las connotaciones políticas que tenía ese nombre, sin embargo  se mantiene porque realmente es la mejor definición, la casa del pueblo y a ello queremos ser fieles».  

Y como los nombres definen, a Poli se le podía definir con una palabra: Solidario. Después de pasar por la escuela del pueblo allí fue reclutado, como tantos chavales espabilados, para un colegio de frailes, la salida habitual. Y con su alma generosa... «acabé de ‘misionero’ —’lo que ahora llamarían cooperante’, aclara— en Ecuador», durante varios años en diversas ciudades de las zonas más pobres y complicadas, escolarizando, ayudando.  

Después de esta importante etapa de su vida regresó al pueblo, fue uno de esos funcionarios (de la Universidad) de los que no conseguirás que nadie te hable mal, siguió teniendo muy presente el espíritu solidario, se casó con una sobrina de Nicolás Castellanos y pudo con ello estar muy cerca de este personaje del que habla con verdadera admiración y que le marcó profundamente. 

Y como enamorado y conocedor del Camino de Santiago, defensor de la Vía Künig, la siguiente etapa era la de ser presidente de su pueblo, Celadilla, por una agrupación vecinal. «Parece un tema menor pero requiere tiempo y entrega; ahora que estoy jubilado le puedo dedicar mucho más tiempo...». Y ha hecho de la cultura y tradiciones (como la boda antrueja) una eficaz arma para unir y reunir, «especialmente  con el grupo de teatro, que dirige una veterana vecina, Nélida, y por el que han ido pasando a lo largo de los años la mayoría de los vecinos de Celadilla». 

 

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