Los personajes del tío Ful: Pedro Gonzalo, de Prada de Valdeón

Con 95 años disfruta de la vida tranquila que bien se ha ganado, desgrana recuerdos en el valle de Valdeón y aquellos años de pastor de rebaños en Estados Unidos

07/03/2026
 Actualizado a 07/03/2026
https://youtu.be/TsYjtxg2iB4

Pedro mira por la ventana, al calor de los troncos que arden en la chimenea y mientras abre unas nueces de sus árboles, cómo la tarde se va estropeando, el agua derrota al sol de la mañana, se oscurece el día y las gotas que golpean contra los cristales ya son de aguanieve. 

- ¿Nevará?
- ¿Quién lo sabe? El tiempo está loco, como el mundo. 

Pedro ya tiene 95 años y está estupendo de cabeza «y de casi todo lo demás». Con el casi se refiere a sus problemas de movilidad pues, bromea, «tengo que salir a la calle con el triciclo (andador) como cuando iba a la escuela de niño a Posada». 

- ¿No había escuela en Prada?
- La hicieron después, cuando yo ya había salido de ella, que había que trabajar para ayudar en casa, que entonces las cosas eran así.

El bueno de Pedro bromea con que tiene tres nombres, «aunque dos son apellidos: Me llamo Pedro Gonzalo Alonso; el Gonzalo es un apellido muy de aquí».

Recuerda sus primeros pasos por las empinadas calles del pueblo, el matrimonio y la casa que se hizo en Prada, la misma en la que sigue viviendo aunque arreglada. «Al acabarla vimos que hacían falta perras para pagar todo aquello... y fue cuando marché para Estados Unidos de pastor de los rebaños». 

Efectivamente Pedro fue uno de aquellos habitantes del Valle —«muchos, más de cien, seguro»— que emigraron a Estados Unidos como pastores: «Borregueros nos decían. Teníamos que ir con un contrato firmado y cuando se acababa volvíamos, aunque después podías firmar otro... yo estuve cinco años y medio, que ya está bien».

- ¿Se ganaba dinero?
- A eso ibas, por gusto no.

- ¿Era muy duro?
- Y solitario. Allí te quedabas tu solo con un rebaño de miles de ovejas, que el patrón iba a llevarte comida una vez a la semana y no veías más gente. Allí estabas solo, día y noche, que acababas hablando con las ovejas.

Tal vez por ello ahora le gusta tanto hablar, contar... y es una verdadera gozada escucharle.

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