Hay rincones, pequeños espacios, quioscos, que no necesitan la ostentación de grandes carteles ni luces de neón para ser los más populares, los que conoce todo el mundo, aquellos que no necesitan explicación...
En León uno de los casos más claros es La Churrería de Santa Ana o la de José Aguado —según hablemos del barrio o la calle— por más que por esas cosas del marketing luzca un cartel que dice ‘Soy tu churri, desde 1953’. Son los churros más famosos y los más buscados, esos que cuando te los dan en una cafetería te lo especifican: ‘Churros de Santa Ana’.
El cartel cuenta su origen, desde 1953, aunque los primeros años «estuvo justo enfrente, hasta 1962, que nos pusimos aquí».
Lo recuerda Alberto, que ya es la tercera generación de churreros en este pequeño rincón, junto a sus hermanos Elena y Óscar. «Somos ya tres generaciones pero si queremos ser justos la que más tiró por el negocio fue mi madre Ángeles, Gelines la llamamos. Ella estuvo ahí al pie del cañón en aquellos años que se formaban unas colas tremendas, que tenían abierto hasta altas horas de la madrugada, cuando se juntaban los que volvían de fiestas y los madrugadores que tomaban unos churros con una copina de orujo ‘para arrancar’».
También colaboraba su padre, Cecilio, fallecido hace unas semanas, pero él también «trabajaba en el Ayuntamiento y era mi madre la que estaba siempre ahí. La verdad es que la cantidad de gente que nos dio el pésame de alguna manera nos hace ver que sí nos conoce mucha gente y, lo que es mejor, nos aprecia».
La pionera fue había sido Hilaria, la abuela, ella abrió la churrería en el 53 y pronto se incorporó Gelines. Hasta hoy, cada amenecer.
- ¿Madrugas mucho?
- A las 5 de la mañana.
- Uff, cada día.
- Es el oficio, te acostumbras y me gusta pues me deja tiempo para poder seguir vinculado a mi otra gran pasión, entrenar a fútbol, a equipos de niños, enseñando a jugar y, sobre todo, los valores del deporte.
Y si ganan... unos churros.Y si pierden... también, unos churros.