Los personajes del tío Ful: Mateo y Lara, del bar La Raya

Abrieron hace algo menos de un año un bar clásico de Navatejera y no se pueden quejar de su destino, de un lado la excelente acogida del bar; del otro... el gordo de Navidad

24/01/2026
 Actualizado a 24/01/2026
https://youtu.be/sE3R_PMT0k8

Lara bromea con que ‘el famoso’ es Mateo —«el futbolista que llevó el gordo de La Bañeza a Villaquilambre», recita— y lo dice como si abandonara esa imagen de dulce ingenuidad tan suya pero, a la hora de la verdad, es ella la que decide que sea él quien se siente a contar una historia que no se puede decir exactamente que «con final feliz»,  porque no es el final, ni mucho menos, pero sí feliz.  

Y es que este cercano 22 de diciembre, de repente, mientras seguían a lo suyo atendiendo a la clientela del Bar La Raya II, con el soniquete de los niños de San Ildefonso en la tele como música de fondo, como miles y miles de bares, a Mateo el número del gordo le sonaba, se parecía al que habían vendido del club de fútbol de La Bañeza, en el que había jugado muchos años, y se lo dijo a Lara, que le bajó de la nube: «Anda, pon los cafés que te han pedido»...

Pero los constantes mensajes de wasap, sobre todo los de los excompañeros de La Bañeza FC, confirmaban que el número que  le sonaba sí era el del gordo, Mateo salió corriendo hacia el taller de al lado, que sabía que también llevaba su décimo... En fin, la locura que es fácil de imaginar; y la puerta abierta a mil anécdotas: desde los que se enfadaron porque llevaban el número del bar pero no el de La Bañeza, los que lamentaron no quererlo por el recargo... «y dos amigos que estaban tomando una copa cuando llamó el lotero para que preparara la devolución... Para no devolver nada les dije, venga un décimo para cada uno y se acabó. Si no los llegan a coger me los hubiera quedado, seguro». 

La lotería del Niño voló; a de la semana ha multiplicado las ventas... pero va volviendo la calma, la tranquilidad, la vida sigue. «Tengo 32 años, es una ayuda tremenda pero hay que seguir», dice el joven exfutbolista que creció en el mundo de la hostelería en el bar de la familia, El Cembranos, que se tuvo que retirar por una grave lesión de tobillo —«aunque volví por cabezonería»— y tres años más tarde su equipo le pagó con creces haber sido su capitán. 

Lo más leído