Los personajes del tío Ful: Manolo, pastor de toda la vida

Tu ves a Manolo y sabes que es pastor, al margen del detalle de los dos careas, hablas con él y sientes su orgullo de esa profesión que ejerce desde que tiene 12 años, y ya cumplió los 74

20/06/2026
 Actualizado a 20/06/2026
https://youtu.be/80TbvvxJZYg

Llega acompañado de dos careas —«éstas son el secreto de los pastores, y saberlas enseñar, claro»— y le cuesta trabajo asumir que le quieran hacer una entrevista... 

- ¿Una entrevista a mí, estás seguro? ¿A santo de qué?
- Porque eres pastor. 
- Ah, bueno, eso sí... 

No solo admite que si el motivo es por ser pastor sí la puede protagonizar... y, además, orgulloso de ser pastor, de ovejas matiza Manolo.

- ¿Siempre con ovejas?
- No, también cuidé vacas cuando era un rapaz; pero lo mío son las ovejas, llevo entre ellas desde los 12 años o antes.
- ¿Las entenderás como nadie?
- Tanto... La verdad es que las entiendo. Mira, cuando vine para el rebaño de Cencio estaban las ovejas como silbatos y al año siguiente daba gusto verlas ¿Y cuando  empecé? Un amo dijo ‘¿pero este rapaz qué va a saber?’ y al año siguiente ya decía ‘sí sabe sí, claro que sabe’.

Orgullo de pastor de toda la vida de este guardián de rebaños desde hace más de sesenta años. «Yo nací en Benamariel, que está ‘por bajo’ de León, pero cuando todavía era un niño mi padre vino para aquí, para estas minas de la montaña, de Guardo y por aquí y ya he estado siempre por las majadas de la Montaña; en Puebla de Lillo y muchos años en El Valle de las Casas, que aquí me quedé y aunque ya tengo 74 años yo sigo ayudando... es lo mío.

Recuerda muchas anécdotas de pastor, sobre todo una lobada en la que se le quedaron cincuenta ovejas atrás y el lobo «preparó un zafarrancho muy grande».

Sigue siendo lo que siempre fue, el pastor, y orgulloso de serlo, que estos días se siente más protagonista pues han pasado por la comarca los dos rebaños trashumantes que resisten; el de Paco Morgado, con quien estuvo el lunes en El Valle; y el de José Manuel, camino de la fiesta de la trashumancia de Prioro. 

Pero también tiene un dolor que no oculta... «No puedo silbar a las ovejas, que es lo que toca, porque me falta la dentadura». 

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