Es el día del Carmen y Ángela y Dani dejan sus ovejas en Cubillas para irse a comer a Viadangos, que celebra esta fiesta. Ángela baja encantada pues, al margen de llevar el Carmen en su segundo nombre ese día se reúnen familias de trashumantes, de leyendas del pastoreo, en este pueblo que fue cuna de grandes pastores, como el abuelo Ezequiel, con cuyos herederos comió. Ángela es pacense pero desde que conoció a Daniel sube con él puerto de Cubillas de Arbas y cumple, a su vez, uno de sus sueños, más bien ‘su sueño’.
«Mi padre era funcionario de Correos y le jubilaron muy joven. Se compró 10 ó 15 ovejas, por tenerlas, por entretenimiento, sin saber que me estaba metiendo el gusanillo del pastoreo, de la ganadería, de la naturaleza... yo lo llevaba dentro, pero si me lo ponen ahí. Recuerdo que yo estudiaba Informática, pero nada más que podía cerraba el ordenador y me marchaba con las ovejas, con los perros... era feliz en ese mundo. Bueno, lo sigo siendo».
- Si tu padre llega a saber que te estaba metiendo el gusanillo ¿habría comprado aquellas pocas ovejas?
- No, sin duda, y menos aún siendo mujer. Él quería que siguiera mis estudios, hasta que me tuve que plantar delante de él y decirle: Papá, quiero ser ganadera. Lo de quiero es una forma de decirlo, estaba decidida e iba a ser ganadera. Y lo soy.
- Y si con tu hija, de meses, te ves en la misma situación...
- No tengo ninguna duda. Me haría la madre más feliz del mundo si se plantara ante mí y me dijera: «Mamá, quiero ser ganadera».
Ángela del Carmen lo es. Y con personalidad propia, con criterio, se enfada cuando llegan a su ganadería para cualquier cosa y dicen que quieren hablar don ‘el hombre’... Se ha decidido por la oveja merina negra, una especie en peligro de extinción y está luchando por su supervivencia desde diferentes asociaciones, en las que tiene cargos relevantes, y, sobre todo, desde el monte, desde la majada.
- ¿Y los lobos?
- Ese tema es peliagudo.
